Si no me equivoco, la muestra de Sebastián Gordin en la Fundación Klemm se titula ‘Sebastián Gordín, en una exhibición tan gransiosa que desafía al mundo entero a que produzca otra de la mitad de su talla’. Curada por Manuela Lopez Anaya, el titulo no puede ser más certero para una muestra de este artista que, según entiendo, hacia mediados de la década del noventa venía perfilado como el mejor artista de su generación. El problema estuvo en el cortocircuito entre su cuerpo y su mente o, mejor dicho, entre sus talentosísimas manos y su snobismo.

En mi Historia a Contrapelo del Arte Argentino le dedicó un apartado en el que abordo su obra como la de un solipsista que muchas veces bordea el narcisismo de la espectacularización virtuosista de sus preferencias y gustos ‘sofisticados’. Dicho de otro modo, su obra es un constante desplegar de referencias, alusiones y gustos que se insertarn dentro de la tradición del arte de los 90s en tanto que hay un regreso a la estetica de la infancia, el juego, lo kitsch y lo old fashion. Sin embargo, mientras en Gumier Maier, el kistch era un modo de emigrar a los margenes del ‘buen gusto’, en Gordín, la división entre centro y margenes desaparece para hacer una proclama actualizada del ‘buen gusto’. Dejenme ser mâs claro, mientras para Gumier Maier (y el resto del Rojas salvo Harte) el kitsch era un instrumento de conceptualismo politico presentado como a-político para Gordín, el kitsch es una oportunidad para mostrar la sofisticación osea ‘el buen gusto’ de su gusto ‘alternativo’.

JOSEPH CORNELL 1933

Es por eso que las cajas e historias presentadas en la Fundación Klemm siguen esa tradición tilinga del modernismo argentino que filtra ciertas cuestiones locales a traves de un lente de la vanguardia como Pettorutti que pinta cuartetos de tango en un estilo cubista. En el caso de Gordín, el hace cajitas que son velados homenajes a las cajas Dada de Joseph Cornell de la década del 1940 pero con personajes de diversas mitologías que no so parte de una filosofía política como en Blake, por ejemplo, sino que son parte de ese repliegue al mundo privado que se muestra sólo como signo de distinción. Ahora le agrega referencia a ese mundo circense y de magos de fines del siglo XIX en Europa y Lopez Anaya dispone la sala como si fuera un circo. Flowers for Spring! Groundbreaking!

En ese sentido, Gordin es muy porteño de elite cultural en su regodeo de objetos culturales de dificil acceso que lo hacen ‘diferente y exclusivo’. Decía que Gordín había tenido su momento a mediados y fines de los 1990s que fue cuando sus cajas eran un comentario muy concreto sobre el espacio público y ciertos modos de la mirada post-dictatorial. Esto coincidió con su noviazgo con Alejandra Uslenghi quien fue su musa y su bajadora de línea teórica hasta que partió a mejores destinos y Gordín volvió a enrollarse como un gatito en invierno, demostrandonos una y otra vez lo ‘interesante’ y ‘sofisticados’ de sus gustos.

Desde este punto de vista, y digo esto como EL especialista en el Centro Rojas que soy, es como si Gordín hubiera seguido acríticamente los designios de Gumier Maier sin percibir que el sentido político de esos postulados estaban en lo contradictorio que eran. Gumier anunciaba estar en contra de la política y al hacerlo, hacía política. Gordín aterriza en el Rojas en la era Ruth Benzacariana cuando el Rojas ya no era una plataforma de aterrizaje de una escena Under amanezada por el neoliberalismo que buscaba protección bajo el paraguas de la UBA sino que Gordín es esa parte del Rojas que lo usa para insertarse en el mercado, renunciando a cualquier pretensión de intervención en lo público. Gordín encarna el fracaso de arte político en el sistema mainstream del arte Argentino que luego entrará en convulsión a partir del 2001. La muestra en Fundación Klemm es ‘linda’, ‘chic’ y ‘erudita’; si eseso lo que buscas en la vida. J A T

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