El artículo escrito contra mí, por la directora del Suplemento Soy de Página 12, Liliana Viola es culturalmente sintomático. Para situarlo, el suplemento LGBTQ+ del otrora medio progresista de la transición democrática es hoy propiedad de Victor Santamaría, líder del sindicato de porteros quien ha venido sumando poder y recursos económicos a partir de sus acuerdos pendulares tanto con el kirchnerismo como con la más rancia derecha neoliberal Larretiana. Sin embargo, la arremetida del Sindicato de Porteros sobre espacios culturales de experimentación y disenso no comienza con la compra de Página 12 sino que en 1990 fue, casualmente, ese mismo sindicato el que adquirió el edificio en cuyo sótano estaba el Centro Parakultural negándose a renovar su alquiler y abortando uno de los momentos de experimentación cultural más ricos de los últimos cuarenta años. Como he venido diciendo, LANP reclama un lugar en la genealogía de la estética del disenso basada en la articulación del humor, la violencia y la crítica social que se remonta a Perlongher y tambien, desde ya, al Parakultural. En el reciente documental sobre el mencionado centro dirigido por Natalia Villegas y Rucu Zárate, algunos protagonistas de esa escena cuentan como a fines de los 80s eran reprimidos por la policía (osea, por el aparato estatal) y despreciados por el mainstream social (osea, por los medios hegemónicos). Pat Pietrafesa, cantante vinculada a la escena punk, con quien había venido teniendo algunos intercambios respecto de su protagonismo (por medio de sus fanzines) en esa escena, tras leer el artículo de Viola en Soy, me envió un email desautorizandome para usar nuestras conversaciones en mi proyecto de investigación. La pregunta entonces y más allá del caso individual de Pietrafesa, es cómo pudo nuestra cultura del disenso pasar de aquel momento en el que lo queer buscaba modos alternativos para dar cuentas del daño que la violencia de la dictadura había ejercido sobre los cuerpos a este victorianismo censor de automultilación burguesa en nombre de la corrección política, los buenos modales, la amistad mal entendida y la buena forma?

PAT PETRAFIESA: EL PUNK CONSERVADOR

La nota de Viola es un típico objeto literario de cierto progresismo argentino. Su petulante uso de Gadamer, Borges y Romero Brest (?!) para sentenciar sin tomarse la molestia de ejemplificar que este blog ‘calumnia, injuria’, es una operación despolitizante. Viola reduce la crítica social que durante años este blog ha enunciado contra el acomodo y los sistemas exclusionarios de la ya célebremente denominada ‘mafia del amor’ a meras anécdotas de rencillas personales. Viniendo de la directora del Suplemento Queer de Página 12, este intento de  anecdotalización despolitizante debe, al menos, hacernos levantar una ceja. Del otro extremo del espectro ideológico (aunque a esta altura ya no lo tengo tan claro), Lanata, en su programa de radio, se disponía a sacarle la careta a Andrea Giunta envidiosa por no carecer de los recursos teóricos para responder desde su feminismo esencialista lo queer de mi argumentación en mi libro Historia a Contrapelo del Arte Argentino. Antes de hacerlo, Lanata me calificaba de amarillista y hasta, de ‘porquería’. Si tenemos en cuenta que fue él quien, en su programa y con el solo objetivo de lograr rating y traer más agua podrida al molino de su cruzada anti-kirchnerista, proyectó frente a millones, el rostro de un niño de 12 años asegurando drogarse y haber matado a una persona, esos insultos no hacen otra cosa que reforzarme. Mientras tanto, el burgués victorianismo de la persona a cargo del Suplemento Queer de Página 12 amerita una lectura mas cuidadosa.

MARAVILLA PUNK DE Marcelo Pombo

Tras el escándalo y a guisa de convencerse de que el premio de Houston había sido una proyección espectral, tuvimos el patético y parroquial intento del medio digital Jennifer, ese pasquín en el que los capitanes de la mafia del amor (Jacoby y Bruzzone), plantearon (por escrito) que el jurado compuesto por tres de los máximos scholars de arte latinoamericano en el ICAA/MFAH eran unos chantas por haber sucumbido al canto de las sirenas (es decir, yo). Uno no puede acercarse a ese artículo sino con la compasión de aquel que ve un grupo de mediocres intentando convencerse de que el sol no brilla y sumando sus manos para taparlo. Para los de Jennifer, ya no era yo no sólo todo poderoso y bestial sino que el jurado que me había premiado era ignorante. Bueno, sigan así que van bien… Este es un tipo de discurso endogámico, de vendedoras de Tupperware dandose ánimo con autoafirmaciones motivacionales. Pero mi sorpresa vino cuando Viola llevó semejante argumento a su Suplemento, quitándole el poco prestigio que le queda. Para ella, el jurado del ICAA/MFAH se fascinó por mi supuesta capacidad en transformar un mero chisme en una tesis argumental. Mi argumento de que la negativa del curador en jefe de la Galería del Rojas de aceptar la posibilidad de una estética del daño corporal por parte de su pareja que se moría de SIDA debía ser entendido dentro de la tradición argentina de negación de la realidad fue vaciado de carga política y reducida por Viola al rango de chisme. En ese texto, una de las razones que doy para esto y por las que creo este texto es particularmente subversivo e intolerable para muchos es que Omar Schiliro, la pareja de Jorge Gumier Maier además de HIV positivo, era afrodescendiente, pobre y falto de educación. Segun planteo, su ‘inferioridad social’, hizo que el círculo de jovenes blancos, educados y privilegiados del Rojas lo tomaran como un ejemplo de esa subalternidad de la que, a partir de entonces, se apropiaron y que el Kirchnerismo (y luego Macri) elevó a política cultural de Estado. La lectura despolitizante y victoriana de Viola es un ejemplo perfecto del modo en el que la ‘intelectualidad progre argentina’ se ha apropiado de los mecanismos mediante los cuales aquellos excluídos pueden expresar su dolor en la esfera pública. El Suplemento Soy y Viola, muestra sus verdaderos colores, y hace evidente, en la pluma de su directora, la intención de poner un cepo a esos mecanismos auto-instituyendose como instancia de autorización y oficialización de los modos institucionales del dolor y la diferencia.

Tras un narcoléptico sainete de citas que van desde Guy Sorman, Foucault, y los ya mencionados Gadamer y Borges; Viola dice algo que sentí en su materialidad: ‘Cuando Truman Capote decía “Soy alcoholico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio” estaba jugandose el pellejo ante los que el mismo despellejaba. Cuando Cañete, luego del escándalo y de haber borrado algunos de sus posteos dice soy hijo de un boxeador de orígen guaraní de piel marrón, soy gay y tengo sida se está escondiendo detrás de la lucha que dieron otres’. Con esto, Viola, además de mentir difamatoriamente tras que yo lo aclarara no una sino varias veces, niega mi capacidad de usar la palabra como vehículo de la materialidad de mi propio daño como critica social y apunta torpemente al corazón de mi proyecto estético. Lo que Viola, como directora, ni más ni menos que del Suplemento Gay de Página 12, hace es instituirse en jueza de cuales son los modos social e institucionalmente aceptables de hacer los propios y múltiples lutos. Quién se cree que es esta mujer para tamaño totalitarismo cultural? Lo peor del caso es que lo hace en base a un criterio estilístico que en la comparación con Capote la deja, muy poco inteligentemente, en evidencia.

 

Hay, sin embargo, un problema no sólo de modales sino de estilo ya que sospecho que para ella, hay ciertas formas que me habilitarían mejor a un reclamo de identidad (vestirme de mujer, ser amanerado, hipermasculino musculoca, villero o intelectual afrancesado à la Copi). Parece no permitírseme dar cuenta de mi propio daño en mi obra por negarme a la victimización. No se le ocurre pensar a Viola que la agresividad de mi crítica (que varió en el tiempo) es, entre otras cosas, la expresión (política) de la materialidad de mi propio daño (entre otras cosas por las drogas y el HIV) y de mi propia exclusión? Lejos está esto del resentimiento que aduce a modo de chisme que es burgués, anecdótico y como le gusta decir a Rangel y Viola, chismoso y telenovelesco.

Si de daño hablamos, el blog comenzó en el 2012, cuando comencé un largo proceso de recuperación cuyos efectos químicos duraron, por lo menos, cuatro años. Esos años coincidieron con el acompañamiento (en todo sentido) de mi madre en sus últimos años. Esos fueron tambien los años en los que comenzaba mi vida como HIV positivo con sus problemas y maravillas. Eso está en el blog y todo aquel con buena fe que quiera entenderlo, podría hacerlo. Pero Viola me quiere hacer desaparecer e incluso a la expresión de mi daño. Su violencia es total. La diferencia con ella, además, es que yo no cobro sueldos de gobiernos o sindicatos o espeto nombres de pensadores internacionales desde el cenáculo de mi supuesto privilegio blanco sino que vengo más bien de la hibridez racial para patear el tablero al más alto niel. A diferencia de Viola, yo no cobro de gobiernos, sindicatos o tengo piel blanca sino que con una piel más oscura, experimenté cierto nivel de exclusión e invitación a, tambien como gay, convertirme en un bufón de corte o informante nativo. Esos primeros años del blog tenían un tipo de agresividad que , aunque siempre calculada y parte de un proyecto estético serio, era también (al menos, en parte) la expresión de la materialidad de mi propio daño.

El que la directora del Suplemento Soy que ha venido transformado la política de identidad en una commodity (incluso, política) tenga la osadía de dejar por escrito su negativa a darme el derecho a la politización de mi propio daño es algo que quedará para los historiadores del futuro y permitirá dar cuenta del problema cultural que atraviesa la Argentina hoy. El facilismo con el que Viola se cree autorizada para descartar la cuestión racial en el argumento de mi paper premiado se superpone y coincide con el modo en el que, al mismo tiempo, me niega la posibilidad de adscribir a modos alternativos de resistencia y crítica social a traves de la estetización de la materialidad de mi propia experiencia de daño y exclusión. Lo despolitizante, anecdotalizante y esencializante del argumento de Viola debería llevar a la reflexión a aquellos que habitualmente participan en ese suplemento. Con una soberbia preocupante y, me atrevo a decir, una ignorancia militante, Viola me niega el derecho a expresar el daño de mi diferencia racial, de género y mi seropositividad en un proyecto en el que mi pulsión de muerte no sólo construyó comunidad sino que devino en esperanza. Es precisamente mi fortaleza la que ella entiende como ‘odio o calumnia’. El pecado es que este sidoso se ha venido negando a colocarse en el lugar de víctima y, sin pedir permiso, le arrebató el monopolio del habla a gente que, como ella, pretenden monopolizar y cobrar peaje a los modos de expresion de dolor, diferencia y disenso. J A T

 

 

 

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EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA LANATA Y LEVINAS SACANDOLE LA CARETA A Andrea Giunta: ‘Cañete la desarmó teóricamente y ella no lo pudo soportar’

 

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