En 1968, el aristócrata romano Alessandro Torlonia, Príncipe de Fucino, pidió al municipio romano permiso para hacer arreglos en el techo del museo privado familiar, una fábrica del siglo XIX cerca de la antigua Porta Settimiana en el Trastevere que había sido transformada por su bisabuelo, el otro Alessandro, en la sede de la increíble colección de escultura antigua de su familia. El Museo Torlonia fue fundado en 1876 para recibir solo a aquellos que figuraran en el Libro Dorado de la Nobleza Italiana, un manuscrito albergado en el Archivo Central de Roma. En 1947, el Superintendente de Antiguedades de Roma, Ranuccio Bianchi Bandinelli, decidió ir haciendose pasar por un operario como si hubiera sido enviado para tomar notas para que las autorirdades pertinentes evaluaran los permisos de arreglos. Ese ‘disfraz’ en el contexto específico de los Torlonia en Roma era un signo de muchos significados ya que Bandinelli era un conde sienés cuyo linaje se remontaba hasta un Papa del siglo XII. El podría haber entrado al museo como el noble que era pero la Constitución del 48 había abolido los títulos y transformado al Libro Dorado en una reliquia del pasado.

Como Superintendente, Bandinelli, era un ferviente comunista y representaba el hecho de que la igualitaria República de Italia había puesto su mirada en la fabulosa colección Torlonia que constaba de 620 estatuas, 619 de marmol y una de bronce; un conjunto sólo superado por la colección Vaticana pero que, a diferencia de esta, permanecía a puertas cerradas. Veintiún años más tarde, y sin los permisos pertinentes, el Príncipe Alessandro transformó las galerías del museo en noventa y tres mini-departamentos y mudó toda las esculturas a tres depósitos. En una carta abierta a UNESCO, un periodista alertaba sobre la pobre condición de conservación de las piezas. En Febrero de 1977, con el apoyo del jóven Superintendente de antiguedades, Adriano La Regina, el juez romano Alberto Albamonte demandó al Principe Alessandro por las reformas ilegales hechas tanto al edificio como al patrimonio cultural representado por la colección. Contra lo que pudiese creerse, nada de esto hizo que hubiera cambios significativos, ni siquiera cuando la Corte Suprema falló que era culpable de negligencia. Torlonia respondió no haciendo nada.

Recién comenzaron a haber cambios más visibles con la muerte de Alessandro en el 2017. En Octubre del 2020, tras año de negociación, 91 marmoles Torlonia fueron instalados en el Museo Capitolino, en el area ubicada inmediatamente encima del antiguo templo de Júpiter Máximo. La muestra ‘Los Mármoles de Torlonia: Colección de Obras Maestras’ era así inaugurada pero luego la pandemia la cerró para ahora ser abierta nuevamente, con lógicas restricciones lo que hace a la experiencia especialmente interesante por el espacio que da y la falta de amontonamiento de los típicos turistas romanos. Si bien con suma discreción, hay dos entradas en el catálogo que permiten ver un poco de lo acontecido con el ínfame príncipe Alessandro.

ph. Oliver Astrologo

Lo cierto es que dentro del hermético mundo de la aristocracia romana, el clan Torlonia siempre fue un tema aparte. Sus títulos se remontan a sólo doscientos años atras lo que en términos romanos es ridículamente poco si se tiene en cuenta que, por ejemplo, la familia Massimo reclama descender del enemigo de Hannibal (Fabius Maximus Cunctator) en el siglo III AC y de que ya hay registros de los Farnese en Orvieto en el siglo VIII DC en épocas de Carlomagno. Marin Tourlonias fue un mercader francés que cambió su nombre a Marino Torlonia apenas llegó a Roma. Vendía telas de alta calidad en la base de los Spanish Steps y fue su hijo Giovanni Raimondo quien, al dedicarse a la banca y acercarse a Napoleón elevó a la familia al nivel de mega-ricos al ser funcional al Emperador francés en su intento de desplazar a la antigua aristocracia romana. En esa época Giovanni era el amo y señor del negocio inmobiliario de Roma con un palazzo neoclásico ni más ni menos que en Piazza Venezia y una villa también neoclásica en la Via Nomentana comprada directamente de la familia Albani. Por su parte, sus hijos se casaron con las familias más antiguas de Roma: los Sforza, los Orsini y los Colonna que reclaman descendencia del mismísimo Julio César. La decisión de instalar su museo en la Via della Lungara no era casual ya que está ubicado directamente opuesto a la Villa Chigi quien fuera otro banquero, pero del siglo XV, y representa la epitomización del buen gusto romano transformando su talento para los números en una de las colecciones más exquisitas de Roma con Raphael a la cabeza.

La muestra en el Museo Capitolino está organizada en cinco secciones: los famosos bustos Torlonia, las piezas excavadas en las propiedades de Alessandro y algunas de las viejas colecciones que incorporó con posterioridad: a saber, los marmoles de la Villa Albani, los de la colección de Vincenzo Giustiniani (mecenas de nada menos que Caravaggio), entre otras. Una de las cosas que caracteriza el gusto de los Torlonia es su necesidad de completar los fragmentos. Casi todo está fuertemente restaurado. Sin embargo, de la colección, las maravillas tienen que ver con la retratística. En especial la impresionante colección de bustos de emperadores y emperatrices traídos de tres continentes, que se expanden a lo largo de cuatro siglos. El preferido debería ser el retrato de Caracalla, asesino de su hermano Geta; representado rotando para mirar a su mujer (todavía adolescente) Plautilla a quien asesinaría poco despues. De la colección Giustiniani llega su famoso chivo restaurado por Gianlorenzo Bernini y un satiro hecho por él cuando tenía once años. Lo distintivo del chivo es que tiene ojos humanos, algo que Bernini también haría con el elefante que sostiene al obelisco en la Piazza Santa Maria sopra Minerva a metros del Pantheon. Las estatuas de la colección Giustiniani muestran la fascinación con el marmol de colores durante el siglo XVII. Sin embargo, algunas de las piezas más increíbles que pueden encontrase allí, son los relieves esculpidos (generalmente, funerarios) provenientes de las excavaciones de las propiedades Torlonia. Un relieve votivo Ateniense en mármol Penteano que había sido traído por el magnate del siglo II, Herodes Atticus, fue desenterrado cerca de la tumba de Caecilia Metella en la Via Appia. El mismo muestra a un joven con ropa de caza llevando un palo llamado lagobolos (usado para matar conejos) con su perro detrás. Ese tipo de perro con ocico en punta todavía existe en algunas zonas de Grecia. Otros relieves en ese mismo material llegan de las propiedades de Torlonia en Ostia. Por su parte, un panel funerario de un metro de alto con alto relieve de la colección Giustiniani muestra a un carnicero romano con los pedazos de carne colgando en su negocio mientras su mujer atiende a algunos clientes. En él, una inscripción correspondiente a la Eneida de Virgilio dice: ‘mientras que las sombras peinen las montañas, mientras los cielos barran las estrellas’. Una maravilla que vuelve a abrir, con restricciones, en Roma. Cómo extraño los viajes LANP. J A T

 

SUMATE AL PETITORIO PARA LLEGAR A 2500 FIRMAS

PODÉS FIRMAR EL PETITORIO AQUÍ 

 

PODÉS ENCONTRALO EN LAS SIGUIENTES LIBRERÍAS 

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA LANATA Y LEVINAS SACANDOLE LA CARETA A Andrea Giunta: ‘Cañete la desarmó teóricamente y ella no lo pudo soportar’