Resulta que Horacio Cabak le metió los cuernos a su mujer durante décadas. De pronto, cayó internado por Covid y entre los efluvios de delirios febriles, no tuvo la mejor idea que entregarle su celular a su mujer lleno de mensajes de piratería máxima. La susodicha alarmada y sorprendida por la dobla vida del muchacho no tuvo la mejor idea que filtrar los mensajes, capturas de pantalla y demás y al hacerlo le hizo un gran favor. Visible y retóricamente ompungido, mi querido Cabak, sin negar absolutamente nada, salió a hacer una suerte de mea culpa en su programa (La Jaula de…) y en Polémica en el Bar, ese franchising necrófilo conducido por Iudica. El uso de esa plataforma le sirvió para aclarar que algunas de las mujeres mencionadas por su mujeres no pertenecían a la extensa lista, entre ellas, Rocío Oliva; quien, según manifestó, no intercambió fluídos con él. Desde ya, a Cabak, hasta nuevo aviso, no hay que cleerle demasiado pero, en la televisión, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Este escandalo se superpuso a otro que a mí (que vivo medio colgado de una palmera) me hizo, incluso, llegar a pensar que su cuenta no era de él sino de algún troll Larretiano. Digo esto porque lo picante pero direccionado de sus twitts (o, como dicen, Pagni: chuits) eran una combinación de lo más rancio del Bullrichismo y lo más filoso de la SIDE al mejor estilo de Luli Salazar, en su mejor momento Matta Hariano. Si algo queda claro es que con las pandemias no se juega y ese negacionismo Covideano le terminó jugando una mala pasada y el resultado está a la vista. Desintegración aparentemente total del sistema inmunológico y familiar. Con su metro noventa, cien kilos y buen termo, terminó en cuestión de días culo para arriba siendo este (el culo) limpiado por una fila de enfermeros y enfermeras, a quienes agradeció, uno por uno en su programa.

Fue ahí donde entró a jugar Rial que, hasta hoy, con su TV Nostra venía haciendo un raro equilibrio entre el ‘todo por un peso’-ismo de la programación de América TV y su intento de capitalizar su calidad de decano de los programas de chismes argentinos. Su intento de diferenciacion de sus imitadores no estaba funcionando. Para peor, la mujer de Cabak le había dado a De Brito, los nombres de las mujeres con las cuales su marido lo había cuerneado lo que dejó a Rial fuera de juego quien con las aspiraciones pseudo-ABC1 estaba a la deriva sin una identidad televisiva clara. Fue ahí donde Rial dijo: ‘Si te vas a hacer el Batman, planchate el traje’. A esa altura la cosa se politizaba (oh sorpresa!) en los habituales terminos de la grieta y Rial volvía a colocarse del lado del progresismo identitario con el dedito acusador moralizante vibrando como un dildo.

En realidad, Rial acusó a Cabak de ser parte del sistema que él mismo ayudó a crear. Al no haber presupuesto en la televisión argentina, los diferentes personajes viven de los escandalos, los twitts y la administración moralizante de esas peleas en una sociedad en la que, como sé de primera mano, las politicas de identidad y de blancos versus negros han sido instrumentalizadas no solo por este gobierno sino por los anteriores. Más allá de su vida personal y convengamos que, personalmente, no creo en la fidelidad aunque sí en la honestidad al respecto; Cabak se vio en una posición profesional que lo empujaba a hacer algo más para lo que no estaba preparado. Si Granata fue diputada, Cabak tambien podría serlo pero para eso, necesita escándalos. Esto amerita preguntarse si su decisión de pasarle el teléfono a su mujer fue parte de su delirio clínico, fue un acto consciente o directamente, una decisión muy pero muy consciente para desempantanar una carrera que precisaba de un empujón para sacarlo de ese lugar de modelo avejentado con ideas políticas de señora ofendida de derechas.

La paradoja del caso es que con esto, Cabak vino a salvar a Rial ya que su programa anda mal. Es en estas paradojas de la Argentina actual que me interesa quedarme. Hoy en la Argentina la regla es la del basilisco; la serpiente de la paradoja; cuyo veneno, salva. Si algo queda claro es que cuando Rial intenta dejar de ser Rial, la gente lo abandona porque su moralización chismosa no se lleva bien con sus pretensiones estetizantes. El precio que paga Rial por su fama es tener que vivir en la mugre y no poder dar ese paso que tanto ansía. Finalmente, Rial, a pesar suyo, tuvo que volver a ser Rial y a supurar bilis, como acto de desesperación. Y la verdad es que al Rial desesperado es al que todos queremos ver. Mientras tanto Cabak, pobrecito, hace lo que puede. J A T

 

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