Debo confesar que cuando me enteré de que tanto Cuahutemoc Medina como Ticio Escobar habían firmado el petitorio de cancelación de mi premio que me fuera dado, en fair play, por el ICAA de Houston, me sorprendí. Del caso de Medina no puedo decir demasiado porque no lo conozco ni sabía que me leía (si es que lo hace) pero el caso de Ticio es muy diferente ya que veníamos de grabar una de mis Cañechats en la que me manifestó (y esto está filmado) su respeto por haber sido un ‘digno sparing y entrevistador’ que, como dijo, ‘en más de una ocasión lo puse (respetuosamente) contra las cuerdas’. La verdad es que la idea de entrevistarlo no fue mía sino de su editorial, la respetable Tinta Limón con quien yo ya había colaborado en varias ocasiones.  De modo análogo a la ejecutiva e irresponsablemente rápida decisión de la directora del ICAA/Houston, Mari Carmen Ramirez; de colocar (lo que hasta ese momento) era ‘su prestigio’ en respaldo de una serie de calumnias totalmente infundadas y articuladas desde una serie de instituciones sin margen intelectual suficiente para reírse de sí mismas. Lo que se vió fue que el debate de la crítica de arte latinomericana rápidamente había quedado reducido a una cuestión de ‘modales y buenas formas’ como si estuviéramos en 1880. Vale decir que la ‘buena forma’ es un ideologema esgrimido como arma por aquellos que detentan ciertos privilegios que quieren proteger.

 

La verdad es que yo llegué a la entrevista con Ticio preparado; habiendo leído su libro con detenimiento y dedicación. Creanme cuando les digo que leer a Ticio es un esfuerzo. En él, la prosa no fluye y sus libros son una demostración de una erudición errática sin otro fin que el de probar un punto que más tiene que ver con él en tanto operador (y gestor) cultural que cualquier tipo de aporte real al conocimiento del arte. Como le dije en nuestra entrevista, ‘Aura Latente’ es una suerte de parche de sus posturas previas que pasaron de la rebelión macropolítica (en los principios de su carrera) a un etnografismo que en la elevación purista de lo guaraní a un nuevo y más sublime tipo de (tomando el termino de Roberto Amigo) ‘platonismo’ acabó siendo equiparado a la Atenas de Pericles, re-exotizandolos (esto en su libro ‘La Belleza de los Otros’). Es por esto que cuando en nuestra entrevista, le dí mi propia caso, en tanto hijo de un boxeador guaraní como contra-ejemplo de ese pretendido purismo primitivista según el cual el guaraní está en la junga haciendo cestos y cacharros ‘armónicos y equilibrados’; Ticio no supo qué decir. Tal vez Ticio no estaba preparado para que desde Inglaterra y hablando varios idiomas, un guaraní híbrido, como yo, se le plantara y sin chuparle las medias, diseccionara su escritura. Fue esta la razón por la que acabó quedando como un careta dañíno que puede llegar al extremo de poner su reputación en juego para preservar su identidad mafiosa de manada?

Lo cierto es que la firma de Ticio Escobar ocurrió en el preciso momento en el que la jauría avanzaba y el operador periodístico Daniel Gigena anunciaba que (la manada) venía ‘por todo’. Así como mi propia ‘muerte’ me era anunciada por este verdugo que, hasta ahí, se me había presentado como amigo; cabía preguntarse si no habían caído todos los miembros de la mafia del amor, presos de una suerte de histeria colectiva que los había convencido de que el exterminio sería total. Hoy, con cierta distancia de esos eventos, creo que no creyeron que el pedido de cancelación fuera oído con tanta claridad por Houston que, al hacerlo, tocó el necesario nervio social que generó una reacción y la marea comenzó, rápidamente, a cambiar de dirección. Así, a las setecientas firmas en mi contra (entre ellas la de Ticio Escobar) se contrapusieron dos mil cien a favor; impulsadas por artistas y activistas irreprochables como Kehayoglou, Kihlen, M7Red y el Che de los Gays. Intelectuales como Oscar Contardo en Chile, Alejandro Modarelli en la Argentina y un sinnúmero de artistas repudiaron la censura y la falta de libertad de expresión en un momento muy delicado de la Argentina y del mundo. A la persecusión de medios difamatorios como Perfil y La Nación que, a pesar de la evidencia, insistían a modo de mantra que eran ‘todos’ los que estaban contra mí; otras voces con mayor capacidad de ruido como, por ejemplo, Lanata le sacaba, en Radio Mitre, la careta a una despechada Andrea Giunta quien no toleró que su feminismo esencialista fuera desarmado en mi libro de manera tan clara. Simultáneamente que tras salir en la tapa de Clarín, su suplemento cultural Ñ mostraba a Matilde Sanchez y March Mazzei contextualizando al blog en la historia del arte argentino y de la sátira nacional; la revista Noticias calificaba a LANP como una performance estética y el seminal artículo de Roger Collom me colocaba en la tradición de necesarios ‘putos malos’ latinoamericanos en una genealogía que va desde Nestor Perlongher, Reynaldo Arenas a Osvaldo Lamborghini. En ese punto, la ‘mafia del amor’ comenzaba a inquietarse. Gabriela Rangel montada en paranoia y como si el mundo del arte fuera una suerte de Gestapo anunciaba que, a partir de allí, irían por mis ‘informantes’ sin darse cuenta que esas personas suelen llamarse ‘fuentes’ y son una parte fundamental de eso que hace a la transparencia en todo sistema de instituciones públicas. Alex Oxenford y cierta derecha cultural intentaban intervenir (un poco tarde) en el debate semántico diciendo que no se trataba de una ‘cancelación’. La palabra usada por Mari Carmen Ramirez, amiga de Katzenstein (tambien mencionada en mi libro Historia a Contrapelo del Arte Argentino) era ‘rescisión’ por ‘otros escritos’. Desde el más exaltado populismo Kirchnerista, Andrea Giunta volvía al siglo XII y bipolarmente anunciaba una quema de mi escritos al grito de ‘jamás lo leeré’ (alguien me puede decir qué le hice a esta pobre mujer?) aunque, paradójicamente, ver su nombre en mi blog (el que, según ella, no lee) le causaba ‘trauma psicológico’. Este argumento se disuelve en el aire si se tiene en cuenta que, por su infinita soberbia, nunca, jamás me envió un mensaje pidiendo que no escribiera sobre ella o que retirara alguno de los posts que consideraba tan traumáticos y que convengamos, ni los hay ni los hubo. A esa altura yo ya era tapa de Clarín y Noticias y, frente a la sorpresa de todos, la primera edición de un libro de historia del arte (siempre reservado a los espacios secundarios de las librerías) se agotaba a pocos días de su primera edición. Muy agradecido.

A esta altura, la innecesaria puñalada en la espalda de Ticio mediante la que apoyaba un acto de censura por ser ‘agresivo’ o tener ‘malos modales’ se transformaba en un boomerang que, con nuestra entrevista como documento grabado y a la vista de todos, lo dejaba muy mal parado. Multipremiado por toda institución imaginable, Ticio ha mantenido desde tiempos de Stroessner un control férreo sobre la definición del bien y el mal en la escena cultural Paraguaya. Es por esto que cuando el excelente artículo de Monsterrat Alvarez sobre el blog como sátira cultural vió la luz en el ABC del Paraguay, el arriba mencionado boomerang ya le tocaba el timbre a Ticio y esperaba que este abriera la puerta para entrar. Fue entonces que tomó una decisión que terminó de pintarlo de cuerpo entero y sacándole la careta. A horas de la publicación de la nota en el ABC, Ticio publicó nuestra Cañechat en su página de Facebook diciendo que si bien estaba de acuerdo con mi cancelación por ‘mi agresividad’; cuando charló conmigo le parecí ‘no agresivo’. Obviamente, reaccioné inmediatamente y le hice notar que durante el período que va del pedido de entrevista por parte de su editorial a su apoyo al petitorio cancelatorio, había pasado un mes y medio. Era evidente que Ticio había decidido aprovechar de la plataforma de visibilidad que yo le daba el tiempo que pudo hasta que presionado por algunos de sus ‘amigos’ (mencionados en mi libro, siempre desde el punto de vista del debate teórico) pensó que uno más uno era tres y, sin dudarlo, estampó su firma. Tras eso, nada seria lo mismo ya que, en lugar de llamarse al silencio, fue por más y queriendo hacer uso de sus privilegios institucionales (y, despues de quitarme algunos de los míos e increíblemente, pretender que entre nosotros, a pesar de todo, nada había pasado) intentó ningunearme diciendo que ‘hasta nuestra entrevista él no sabía quién era yo’. Esta es otra de sus mentiras ya que, tengo un email del 2016 en el que me manifiesta su intención de hacer una entrevista conmigo. Sin embargo, y si le damos el beneficio de la duda y suponemos que en ese email hubiera manifestado esa voluntad sin saber quién era yo; entre nuestra Cañechat y la firma del petitorio, este buen hombre tuvo el ]tiempo suficiente para pedir que la entrevista no fuera publicada; aún tras su apoyo a mi cancelación. Sigo sin entender cómo alguien en sus cabales puede creer que puede pasar como coherente y aceptable firmar mi cancelación por razones de mi ‘mala educación’ y al mismo tiempo, afirmar que hablar conmigo fue un placer por lo ‘bien educado’ que soy. Cómo alguien multipremiado y supuestamente inteligente puede firmar algo tan contraintuitivo? Cómo se explica esto?

De entrada, y tengo testigos, a Ticio le he venido dando el beneficio de la duda. Cuando me crucé con algunos de sus críticos, siempre preferí concentrarme en lo productivo de su obra (que no es intelectual sino de gestión). Se puede acusar a Escobar de usar dinero Stroessnerista y de la corrupción de Itaipú para hacer el Museo del Barro? Probablemente no. Con qué otro dinero hubiera podido ser construido y financiado tamaño proyecto en un país como el Paraguay. Se puede criticar su libro ‘Aura Latente’ por falto de estructura y argumento o por ser un fragmentario pastiche de posiciones, mayormente, sacadas de su amiga Suely Rolnik?  Tal vez pero como dijo en nuestra Cañechat, él pertenece a una generación sin formación académica sistemática porque las condiciones en las que ellos (es el caso de su amiga Nelly Richards, también) salieron al ruedo fueron, entre otras cosas, las de la Dictadura. Lo cierto es que Ticio no es un intelectual sino un gestor y un curador y eso toma demasiado tiempo al trabajo académico. Se puede acusar a Ticio de invisibilizar a fundamentales figuras del arte paraguayo para perpetuar su dominio sobre la escena? Sí y no; ya que, como dicen, ‘sobre gustos no hay nada escrito’ y no se lo debería acusar de tener ‘preferencias estéticas’ que ocurran en desmedro de otros. Así es la vida. Finalmente, podemos acusarlo de hipócrita? Sin dudas. Ticio probó ser incoherente y poco integro y haber puesto eso en evidencia habla bien de mi trabajo estético.

El problema de Ticio es el modo en el que su anquilosamiento en el poder y su perpetuación por un grupo de adláteres aún menos sofisticados intelectualmente que él pretenden perpetuar su proyecto, ha acabado divorciándolo de la gente. Algo que me sorprendió y debe tenerse muy en cuenta para evaluar este caso es que nuestra Cañechat fue una de las menos vistas. Asimismo, la presentación institucional que hiciera Tintalimón ‘para toda Latinoamérica’ de su libro ‘Aura Latente’; a pesar de contar con su amiga, la maravillosa, Suelly Rolnik y su otro amigo, el menos maravilloso, Roberto Amigo; fue presenciado en vivo por cuarenta y tres personas. Los libros y la solemnidad de Ticio ya aburren y eso hace que a la gente ya le interese poco lo que tiene para decir. Más allá de toda discusión burguesa sobre los buenos modales o la buenaforma, lo que se nota es un cambio generacional y con esto no me refiero a una cuestión de edad sino a los modo en los que la crítica interpela y rechaza los limites impuestos por los discursos institucionales e identitarios. Algo muy interesante está pasando en la región. Incluso, podemos pensar que su incomprensible error de poner en evidencia su careta en Facebook al intentar quedar bien con Dios y con el diablo, no haya sido otra cosa que un intento desesperado de vampirizar un poco de mi visibilidad consciente de su inexorable irrelevancia. J A T

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EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA LANATA Y LEVINAS SACANDOLE LA CARETA A Andrea Giunta: ‘Cañete la desarmó teóricamente y ella no lo pudo soportar’