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Germán Martitegui, uno de los jurados de MasterChef Celebrity, estaría saliendo con Pablo Jesús Rivero, empresario y dueño de uno de los restaurantes más prestigiosos de Buenos Aires, la parrilla Don Julio.

Según los portales Amba 24 y Aire de Santa Fe, el chef y el empresario son amigos desde hace un tiempo. “Desde hace muchos años que tienen buena onda, pero antes uno de ellos estaba en pareja y por eso no se avanzó. Se tienen mucha estima y son geniales en lo que hacen. Desde que empezó ‘Master’ no se separaron”, dijeron las fuentes citadas.

Luego Jorge Lanata habló sobre la parrilla Don Julio, propiedad de Rivero. “En ese lugar venden la mejor entraña que se puede comer en Buenos Aires. Y las papas fritas que hacen son descomunales. Duritas por fuera y muy blanditas adentro. Lo máximo”, dijo el periodista.

Quién también habló del tema fue “El Laucha”, youtuber especialista en chismes del espectáculo, quien mencionó a Pablo Rivero como pareja del jurado de MasterChef, siempre según las fuentes citadas.

Rivero es sommelier y dueño junto a su familia del restaurante argentino mejor posicionado a nivel mundial. Actualmente Don Julio ocupa el puesto 34 de los mejores restaurantes del mundo y es el 4to. mejor de América Latina según la lista The World’s 50 Best Restaurants. Allí ofrecen solo carnes de pastura Hereford y Aberdeen Angus y tienen una cava que supera las 15 mil botellas de vino argentino.

Rivero tiene 39 años, estuvo casado con una mujer de nombre María (35), y tiene dos hijos, Facundo (13) y Juan Martín (11). La parrilla Don Julio abrió sus puertas el 26 de noviembre de 1999, por iniciativa de toda la familia Rivero: fueron sus padres y hasta su abuela quienes acompanaron a Pablo en este emprendimiento.

Pero no solo eso: hace pocos días “Don Julio”, la parrilla argentina de la cual hablamos, entró a la historia al ser elegida por The World’s Best Restaurants como el mejor de nuestro país. La parrilla ocupa el puesto 55, mientras “Tegui”, de Germán Martitegui, el 60.

Muy creyente, Rivero revela en su cuenta de Instagram que de chico pensó en ser cura. “Quise ser cura en mi infancia inspirado en un sacerdote, amigo de mi abuela Lola. Aquel hombre, gran futbolista y conversador, compartía con nosotros las horas de trabajo de Lola en Caritas, seleccionando ropas, juguetes y víveres que llegaban a la iglesia”, dice junto a una foto donde se lo ve de pequeño.

Luego Rivero, relata sus idas y vueltas infantiles por “acercarse a Dios”, según sus propias palabras, y revela que en su infancia fue “bastante divertido, correcto diría”. “Mi madre me explicó, con mucha paciencia y cuidado, de la incompatibilidad de mis tempranas pasiones; aprendí a renunciar a ciertos sueños pronto…”, dice.

Y agrega: “Ya no creo en Dios desde hace rato, pero hoy más que nunca creo en aquella magia de multiplicar panes y peces, de ayudarnos entre todos a levantarnos y caminar, de ayunar abrazos y besos para cuidarnos. Contagiar lo bueno, eso de lo que todos estamos contagiados, el amor primero, segundo, tercero, la amistad genuina, de esos actos que nos acercan al Dios que somos cada uno de nosotros”.

 

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