ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE SEÑORA DE NADIE

Estábamos en la playa durante el verano. Yo había perdido a mi perro Lurón; lo adoraba como se adora a los perros. Llorando, lo buscaba por los caminos que llevaban al mar, golpeando cada puerta, preguntando a cada persona si no había visto un perro con collar rojo, inteligente, mediano, de color castaño, el pelo rapado salvo en la cabeza y las patas, sin cola, etc. Era inútil explicarles que se trataba de un caniche. Lo mismo habría dado decirles canilla o cariz. Borges escuchaba, miraba, pensando que esta historia del perro era inaudita. Ni una palabra compasiva. Me puse esquiva con él.

-¿Pero estás segura de que podrías reconocer a tu perro? -me preguntó, quizá para consolarme.
Yo lo trataba con resentimiento, pensando que no tenía corazón.

Odiar a Borges es difícil, porque él no lo percibe. Yo lo odiaba; pensaba: “Es malo, es idiota, me pone los pelos de punta, mi perro es más inteligente que él, porque sabe que todas las personas son diferentes, mientras que Borges piensa que todos los perros son iguales”.

Borges no entendía mi angustia. Sin embargo, era yo la que no lo comprendía. Lo supe por lo siguiente: Borges considera a los animales como dioses o grandes magos; piensa también, caprichosamente, que cualquier ejemplar de la especie representa a todos. Al abrir una puerta, sé que a veces le pregunta al gato de la Biblioteca Nacional: “¿Se puede entrar?”. Confundido, piensa: ” íPero el gato del vecino que encuentro al salir de aquí es quizás el mismo gato que veo detrás de esta puerta!”. Si lo encuentra sentado sobre su silla, busca otra, para no molestarlo. Ama a los animales a su manera.

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES LANATA REFIRIENDOSE AL DESPECHO DE Andrea Giunta CANCELANDOME POR CRITICAR SU FEMINISMO PRIMATE

Y, FINALMENTE, ASÍ PRESENTO LA SEGUNDA EDICIÓN DE MI LIBRO

 

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