La gestión de Gabriela Rangel al frente del MALBA podría calificarse como la edad oscura de ese museo. Su propietario, tras diezmar los pastizales del Delta o, mejor dicho, mientras lo hacía, no dudó en promocionar su romance con una mujer varias generaciones más jóven a la que no necesitó objetualizar porque esa tarea fue emprendida poe ella misma, con total convicción. Esto no impidió que auto-denominadas feministas como Rangel miraran para otro lado y agarraran el cheque con alegría, negandose a evaluar los costos éticos de trabajar en un museo con ese karma. Para peor, alguien como Rangel lo hace ‘en nombre de la ética’.

A poco de hacerse del cargo, Rangel tuvo la ocurrencia de levantar su perfil mediático asociando su nombre y el del museo con un caso de femicidio de altísimo perfil en la clase alta argentina. Su decisión de usar la plataforma de visibilidad que le da su cargo para fagocitar algo del ‘prestigio’ de la víctima (la asesinada Silvia Saravia de Neuss) puso en evidencia, como dije en este blog, los limites de la amistad no habiendo hecho absolutamente nada cuando su ‘amiga’ estaba sufriendo. A esa altura, Rangel demostraba cierto gusto por asociar politicas de identidad articuladas a partir de protocolos y reglamentos con algo un tanto oscuro y hasta perverso.

La perversidad del caso se vio con la llegada de la pandemia cuyos costos para todos y sobre todo para los mas vulnerables no creo sea necesario exponer. Su decisión de organizar la muestra Terapia en este contexto fue rara. Si algo necesita el público hoy es fantasía y optimismo y no urgar en las monstruosidades del trauma. Si este fue su gran proyecto curatorial en Buenos Aires (conjuntamente con Santiago Villanueva y Verónica Rossi) el mismo ha sido mediocre. La muestra busca el aplauso fácil en tanto interpelación temática al interrogarse, en el contexto del confinamiento, sobre las condiciones que hicieron del psicoanálisis una disciplina y como ella dice ‘un discurso apropiado y reelaborado en la Argentina a lo largo del siglo pasado’. La decisión de elegir como tema una muestra que no hace otra cosa que ilustrar las condiciones institucionales de conformacion de esa disciplina (con todos los problemas del caso) es limitante precisamente porque está estructurada como una justificación institucional de una experiencia subjetiva que, ademas, poco o nada tiene que ver con al terapia per se. Si bien dio a conocer artistas hasta ahora poco conocidos como Emilia Gutierrez, por ejemplo; lo abrasiva de la consigna temática hizo que otros, tambien poco conocidos, quedaran asociados al trauma y la locura. El caso del ‘Búlgaro’ es sintomático, not pun intended. La inclusión de su ‘Pájaro’, poco y nada tiene que ver con el psiconalisis, mucho menos en su vertiente institucional. Dicho de otro modo, cuando Rangel se sale del tipo de muestra monográfica, lineal y biograficista típica de su gestión al frente de la America’s Society, se vuelve violenta; reduciendo al arte a una mera ilustración efectista sin densidad académica para una muestra que, como plantea, tardó dos años en organiaar. Por su parte, la exhibicion  ‘Fuera de serie’ en el programa Paralelo 1//3 de Alejandra Seeber y Leda Catunda fue un error en tanto ejemplo de cómo el feminismo malentendido puede poner el museo al servicio del mercado en su peor vertiente.

En su intento de navegar las aguas de la pandemia, Rangel se embarcó en un proyecto virtual a cuyo lanzamiento asistí por zoom hace un par de semanas y es el de ‘la historia como rumor’ en tanto serie de exhibiciones digitales que documentan la performance contemporanea. Asistí a la presentación sobre Batato Barea cuyo contenido tuve que explicarle a un desorientado Daniel Gigena. Allí, un vampírico Fernando Noy se encargó de ponerle los clavos al cajón de un Batato que, de la mano de Seedy Gonzalez Paz (su autodenominado albacea) y la galería Cosmocosa ha sido convertido en un proyecto de museificación de Barea cuyo principal objetivo es el lucro en un mercado inexistente. Tanto Noy como todos los participantes, estaban más preocupados por transformar a Batato ya ni siquiera en un genio sino en una suerte de santo pagano sin darse cuenta de que esa es la vía más efectiva para su ‘cancelación’. Por la codicia que bordea lo ilegal en Seedy Gonzalez Paz, hoy nadie puede tener acceso a las performances de Batato Barea ya que se ha armado un cepo en torno de su archivo y la idea de Cosmocosa y de él mismo es venderlo de a pedazos y evitar que se puedan ver las performances con libre acceso. El resultado va a ser el olvido de Barea en menos de dos decadas por la sencilla razon que las nuevas generaciones no van a tener siquiera acceso a enterarse de quien fue. Qué hizo Rangel con a esto? En lugar de informarse, asumió que estando una galería comercial las condiciones de seriedad y filantropía estarían garantizadas y no dudó en poner su firma y la de la institución que representa detrás. No sin antes hacer desinformadas asociaciones entre Pedro Lemebel y Barea.

Pero en la introducción por Zoom a la presentación de ese archivo digital (que no es tal ya que se compone de un fragmento de performance y testimonios en donde todos repiten una y otra vez que Batato es Jesucristo), Rangel diferenció al rumor del chisme y no fue tanto lo que dijo sino cómo lo dijo. Fue ahi donde se puede advertirse cierta intención de disciplinamiento (neoliberal?) en su forma y discurso que viniendo de una directora artística hablando sobre el Underground es problemático. El resto es historia…

Cuando la jauría que emitiendo un inacabable flujo de injurias reclamó la cancelación de mi premio, la conducta de Rangel fue de doble faz aunque dañína y anti-democrática. No dudó en sumarse verbalmente a la iniciativa para, finalmente, mandarme decir que ‘a ella la cancelación no le pareció bien’. Fue ella misma la que celebró públicamente en su Facebook (y, no nos olvidemos que estamos hablando de la directora artistica de un museo como el MALBA) en los siguientes términos: ‘Espero que aquellos que le informan hagan lo mismo que hizo el ICAA/MFAH’. El tono era de amedrentamiento como si advirtiera a mis fuentes (que cualquiera puede y debiera tener porque estas instituciones suponen ser públicas y deben manejarse con transparencia) de que los próximos en caer eran ellos. Si bien, al principio, su adhesión (como la de Ticio Escobar o Cuauhtemoc Medina) me sorprendió por lo improcedente y por que ellos, en la larga duración, tienen mas que perder que los mequetrefes kirchneristas, pronto quedaba en claro que su modus operandi era violento y sus movimientos en manada. Nadie intelectualmente sofisticado se comporta públicamente así lo que deja en evidencia el pobre nivel no solo nacional sino tambien internacional de cierto curaduraje peripatético de sobrevivientes no publicados. Ademas, el MALBA es un cementerio de elefantes. Acabó con la carrera de todo aquel que se puso a su frente. J A T

 

 

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