ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE VICENTE GESUALDO del Anuario Latinoamericano de las Artes Plásticas  “Arte 18”:

Los artistas coloniales pintaron imágenes religiosas, santos e imágenes que frecuente- mente copiaban las pinturas europeas en su mayoría, pero no documentaron el paisaje y la vida cotidiana que los rodeaba.

Desde mediados del siglo XVlll en la Europa del “siglo de las luces”, se despertó un gran interés por las lejanas tierras americanas, en parte por los intereses del comercio hacia los productos del Nuevo Mundo: el tabaco, el chocolate, la papa, el maíz, el tomate y la quina. Estos intereses mercantilistas demandaban información de primera mano y a través de ellos tenemos conformadas las claves que perfilan el abanico de temas por los cuales ha de transitar la iconografía de los pintores viajeros a tierras americanas. Escenas de costumbres, fauna, flora, puertos y escenas marítimas, vida y hábitos de los españoles, mulatos, negros, mestizos e indios, son sus principales temas junto a la exuberante naturaleza que lo preside y rodea todo.

Los pintores viajeros acometen este real y verdadero relevamiento “catastral” del conti- nente. Este interés por todo lo americano encauzó hacia el continente desde Europa una corriente continua de aventureros, viajeros y eruditos, procedentes de Alemania, Francia, Inglaterra, Italia y otras naciones. Algunos les guiaba un propósito científico, otros buscaban una nueva oportunidad en la vida y muchos ansiaban estudiar la naturaleza tropical, el pueblo y las costumbres de los indígenas y los negros esclavos en las distintas regiones. También pintaron a la burguesía local con sus levitones y sombreros de copa los caballeros y a las bellas damas con sus abanicos y su gracia al danzar las danzas típicas o los minués en los salones. Estos artistas viajeros fueron científicos, artistas profesionales y aficionados, marinos franceses o ingleses, como Vidal o D’Hastrel en el Río de la Plata. Todos ellos tuvieron que afron- tar los peligros del viaje desde Europa, unos seis meses desde Sevilla o Cadiz, sufriendo tormen- tas, naufragios y otros contratiempos. El italiano Claudio Linati, discípulo de David, liberal, masón y soldado de Napoléon, instaló en México en 1825 un estudio de litografía y fundó un perió- dico “El Iris” que se publicó de enero a agosto de 1826 y en cuyo primer número reprodujo una imagen de Hidalgo, pero al criticar la políti- ca del momento fué invitado a abandonar el país, dedicándose a viajar sin descanso hasta su regreso a México en 1832 muriendo a los tres días de su desembarco.

¿Qué significaron los pintores viajeros en la perspectiva de una historia del arte americano?

Un comportamiento estanco. Un capítulo desdeñable. Un eslabón más a tener en cuenta de lo que se creía?. Si bien es cierto que todo el siglo XlX aguarda aún una revisión atenta y sistemática, desde ya puede aventurarse la hipótesis de que la obra de los pintores viajeros constituyó una suerte de bisagra que articuló el arte popular rural con el arte urbano de las repúblicas. Introdujeron el romanticismo (y una de sus versiones, el neoclasicismo). Y en la obra de sus pintores nativos, muy especialmente en el retrato que practicaron los pintores nativos, los uruguayos Besnes e Irigoyen y Blanes, los argenti- nos Pellegrini y Pueyrredón, el mexicano José María Vázquez, y en el apunte caricaturesco del peruano Pancho Fierro, podrá apreciarse cómo, de un modo natural, emerge una síntesis nueva entre lo neoclásico o lo romántico-inyectado por los pintores viajeros –y lo colonial.

Podría preguntarse con justicia si la obra de los pintores viajeros tuvo repercusión local. Y podría responderse con la mera acumulación de hechos. Muchos enseñaron pintura y grabado: Rugendas lo hizo en Valparaíso. El propio Rugendas, además ejecutó trabajos de litógrafo, pasando a la piedra litográfica sus dibujos (Santiago de Chile). Sus grabados no sólo se reproducían mediante la litografía: las porcelanas de Sèvres y las famosas tapicerías de Indias también los vehiculizaron. Otro tanto ocurrió con el “Atlas de la Historia Física y Política de Chile”, editado en 1854 y 1866, en el que Claudio Gay graba pinturas de Rugendas. Además, exponían sus pinturas. Durante su muestra realizada en Río de Janeiro, ya de regreso a Europa, Rugendas regaló una de ellas a Sarmiento. Asimismo, desplegaron una intensa vida cultural: en Chile, Rugendas frecuentaba a Andrés Bello, Juan Carlos Gómez, Mitre, Sarmiento.

Estos artistas viajeros no solamente inauguraron el costumbrismo y el populismo. Inauguraron también la retratística de mestizos y criollos (entre los prehispánicos no se conocía el retrato), introdujeron la naturaleza muerta, el desnudo. Enseñaron, en suma, a la propia América a verse a si misma. Revelaron el paisaje, hombres, casas y árboles, por medio de las litografías -cuyas tiradas populares, impresas en Europa, circulaban generosamente en América. Contribuyeron a crear una conciencia clara y distinta acerca del entorno en el que habían nacido y madurado los pueblos de América, acerca de los cuales Europa (aún la más culta) había tejido innumerables fantasías. Por ello habrá que reexaminar el incansable hacer de los pintores viajeros . Y reubicarlos en un contexto más amplio. Algunos indicios ya lo auguran. El Museo de Bellas Artes de Chile los ha incorporado al sector de precursores de la pintura chilena. El Museo Nacional de Historia de Chapultepec, en México, los exhibe en la Galería de Pintura del siglo 19. Algunos textos sobre arte americano saludablemente comienzan a incluirlos. En este punto no debiera haber discrepancias: la historia del arte americano del siglo 19 comenzó con los pintores viajeros.

Enseñaron al mismo tiempo, a Europa a ver de otro modo a América. Antes del viaje de Humboldt la Enciclopedia de Diderot apenas le había dedicado veinte líneas discutibles a todo nuestro continente, acerca de la verosimilitud de cuyo contenido mejor es no acordarse. Después de Humboldt ya fueron veinte páginas. Los pintores viajeros contribuyeron a revelar, a quitar el velo que encubría el paisaje real de América.

Los viajeros traían una notoria inclinación por lo natural, nostalgia común a todas las culturas que alcanzan un alto grado de antinaturalismo. Y por ende, una natural sensibilidad por la leyenda del buen salvaje americano. Los viajeros aportan el punto de vista del asombro del extranjero, del que bien de afuera: fresco, directo, ingenuo (muchos de estos artistas carecían de formación) pero, y he ahí lo valioso, están en condiciones de aprehender todo cuanto resuena del pasado mítico y, a pesar de todos sus apriorismos, valorarlo en su justa medida. Esta calidad de asombro frente a lo americano se mantiene inalterable hasta nuestros días.

Estos artistas no cambiaron el lenguaje del arte, ni sintáctica ni semánticamente. Optaron por cambiar los contenidos conservando las formas. Debido a ello obtuvieron los mejores resultados en el campo de la gráfica. Este conservadurismo formal llegó a configurar una suerte de estilo, el estilo de los pintores viajeros. Esta es su debilidad, y la razón de su indesmayable capacidad de encantamiento: participa de la nostalgia romántica.

Humboldt dibuja la naturaleza a la que considera un todo armónico. Y esto es significativo. Goethe se contó entre los primeros en visualizar todo el planeta como un organismo vivo, como una totalidad, como un holismo. De ahí que fuera capaz de imaginarlo para un continente: América Latina. En esta teoría abrevó Humboldt. Ella requería una mirada fresca y esto es lo que Humboldt y los pintores viajeros trajeron a América y devolvieron a Europa.

Los trópicos constituyen la mitad de la parte habitada de nuestro planeta. Humboldt, el mejor especialista de su tiempo en esta zona, reconoció ya entonces que estas regiones constituían un gran campo de acción para la geografía , llamando además la atención de los artistas de aquel tiempo para que colaboraran en la representación pictórica de los trópicos. Esta fue la única vez en la historia moderna de nuestro planeta que una idea científica, en este caso geo- gráfica, consiguiera ganar un grupo tan grande de artistas calificados. Con sus creaciones los pin-tores no sólo nos ofrecieron obras de arte sino que también hicieron un aporte importante a la fisionomía de las regiones tropicales, siguiendo los lineamientos del gran Humboldt. El arte así no se ve degradado a ser mero objeto sino que gana una nueva dimensión gracias al aporte de quien fuera el mayor genio de la geografía de todos los tiempos.

Además de todo lo indicado la obra de arte pasa a integrar las crónicas de viaje, un género literario-geográfico que junto a publicaciones con la mera descripción de las características de diferentes países, cuenta con una larga y rica tradición. Así, muchas veces el arte determina los dibujos, los croquis geográficos y los mapas.

En muy pocas disciplinas observamos resultados tan indiscutibles como en el campo de la historia del descubrimiento de América. Pero al mismo tiempo son muy pocas las disciplinas que nos ofrecen la posibilidad de un desarrollo posterior tan prometedor como lo es en este caso. Indiscutible nos resulta el hecho del flujo de colonizadores indígenas atravesando el estrecho de Behring. Indiscutible nos parece también la aparición de los vikingos y el histórico descubrimiento de América por Colón. Pero las especulaciones no han terminado: ¿Habrán llegado primero a América los fenicios o los irlandeses?

¿Se podrán comparar las escrituras de los cretenses con aquellas de los mayas? Son siempre más numerosos los indicios pre américas que nos hacen pensar cada vez con mayor seguridad en el hecho de que muy temprano hubo un intercambio entre las costas de Asia y América. Hoy en día observamos que todas estas especulaciones están tomando forma tan concreta que constituyen una base sólida para nuevas teorías.

En un terreno más seguro nos encontramos al hablar sobre consecuencias que han tenido los viajes de Colón a América. En este sentido es importante destacar que el navegante genovés descubrió en primer lugar Guanahani, una isla del grupo de las Bahamas, y la costa norte de Cuba y Haiti. En esa zona asentó Colón el punto de avanzada para los descubrimientos posteriores de España. En tres ciclos de expediciones entraron los conquistadores españoles en contacto con las culturas de los Mayas (1517), con la de los Aztecas (1519-1521), de los Incas (1526-1527), de los Chibchas (1536-1539), y con los países del Río de la Plata desde donde establecieran la comunicación por tierra con los Andes (1516-1547). El tratado de Tordesillas (1494) permitió a Portugal aprovechar el descubrimiento realizado por Pedro Alvarez Cabral, estableciendo las bases para la constitución del Brasil, que vendría a ser el país más grande de América Latina.

Teniendo presente a grandes rasgos estos lineamientos de la historia de los viajes, no podemos más que admirar la enorme ampliación del panorama europeo como consecuencia y resultado de la conquista.

La mirada de estos primeros europeos se enfrentó con algo realmente nuevo, pero visto a través de un lente coloreado por las ideas imperantes en el Viejo Mundo de aquel entonces. El conquistador de los siglos 15 y 16 no estaba preparado en absoluto para encontrar escenas de la naturaleza de una belleza tan sorprendente y poblaciones con tan altas culturas como ocurriera en aquellos días. Hoy en día cometemos muchas veces el error de no tener en cuenta estos hechos. El mundo y el concepto del conquistador no estaba determinado por un sentimiento positivo frente a la naturaleza o por el ideal humanista que dominara el siglo 18, sino por antiguas categorías referentes al hombre, en especial al llamado bárbaro, reminiscencias de ideas provenientes del medioevo. En las cartas y en los informes que nos llegaban de América encontramos hoy demasiado poco de aquello que nos resulta realmente importante. Pero inclusive en estos sobrios textos se anuncia ya algo de lo nuevo.

Algunas veces presentimos entre las líneas de estos primeros informes la enorme excitación que trajera el hecho de los descubrimientos. Los aborígenes fueron presentados en forma europeizante. En las esquinas y en los bordes de los primeros mapas geográficos aparecen símbolos y elementos de las nuevas culturas y de los nuevos hombres . El testimonio artístico sin embargo no existía aún. Christoph Weiditz, oriundo de Augsburgo, pudo ver personalmente -y esto con casi total seguridad- algunos aborígenes traídos por Hernán Cortés a la corte de Carlos V., pudiendo así dibujarlos. Sus cuadros vendrían a ser el modelo para todos los trabajos posteriores de los artistas del siglo 16. Jaques Le Moyne de Morgues participó en los años 1564/65 en una expedición hugonote enviada por el Almirante Coligny con la misión de tomar en posesión tierras en la Florida. John Harriot (1584,1585-1586) y John White (1585-1593) tuvieron a su cargo expediciones a la Virginia, animados por Sir Walter Raleigh. Los grabados en madera de Hans Staden (Marburgo 1557) y Girolamo Benzoni (Venecia 1565) fueron fuente de inspiración.

El influyente grabador Theodor de Bry y sus hijos realizaron posteriormente, basándose en los esbozos de estos viajeros, un mundo pictórico propio (1590-1630), que vino a ser para aquella época el libro clásico referente a la América. Los paisajes se podían sólo adivinar. Los hombres eran más importantes, pero lamentablemente estaban estilizados en forma europea. El bávaro Ulrico Schmidl o Schmidel, de Straubing vino con Pedro de Mendoza y asistió a la fundación de Buenos Aires en 1536. El dio las indicaciones para las ilustraciones de su libro que realizaron los de Bry, e imprimió Levinus Hulsius en 1602.

Seguramente Europa se habría preocupado por saber más a fondo acerca de las “Nuevaas Islas” si no hubiera sido por las Guerras de los Campesinos, las Campañas contra los turcos y la Reforma. La inestabilidad en el propio país y el gran temor frente a los turcos, sin olvidar el comprensible secreteo de las naciones que participaran en el descubrimiento de América, impidieron que el Nuevo Mundo fuera la sensación que hoy consideramos hubiera tenido que ser.

Antiguos croquis de mapas, itinerarios trazados a grandes rasgos e informes nada detallados forman las primeras piezas de un mosaico. Es así como surgen imágenes irreales que no hacen sino subrayar y completar los ya existentes estereotipos europeos de la figura del hombre llamado bárbaro, es decir, del “hombre salvaje”. El concepto del hombre proveniente de la antigüedad y del medioevo deforma asimismo las ideas del habitante europeo respecto a los aborígenes americanos. Sin embargo ya durante la Conquista se habían logrado algunos triunfos científicos. Así, por ejemplo, José de Acosta escribió ya en el año 1590 una importante geografía física que encontrará muy buena resonancia en Alexander von Humboldt

A partir del siglo XVll, la ciencia va extendiendo su campo de acción cada vez más. Un gran código de leyes (Recopilación de leyes de los Reinos de las Indias) publicado en nueve volúmenes en el año 1680 marca un momento decisivo en nuestra historia. Misioneros europeos descubren nuevos campos para la investigación. Samuel Fritz diseña en el año 1691 el primer mapa de Amazonas. El conde Johann Moritz von Nassau-Siegen dirige entre los años 1637 a 1644 un intento de colonización holandesa en la costa lusobrasileña en el Atlántico. Los artistas que participaron en esta expedición hicieron los primeros trabajos pictóricos serios acerca de Sudamérica. Frans Post pintaba paisajes y Albert van der Eckhout presentaba aborígenes, plantas y animales. Sin querer desplazar a la figura de De Bry, se orienta Europa hasta fines del siglo 18 en los trabajos de los dos holandeses citados anteriormente. Sus dibujos sirvieron inclusive como modelos para la confección de gobelinos y la decoración de mapas.

A principios del siglo XlX llegaron a tierras americanas varios pintores europeos: el inglés Carlos C. Wood, el alemán Mauricio Rugendas, el italiano Alessandro Ciccarelli y los franceses Ernesto Charton de Tréville, Adrien Aimé Taunay, Frédéric Sorrieu, Adolfo D’Hastrel y Raimundo Q. Monvoisin. Son sólo unos pocos nombres de la gran falange buscadora de exotismo. En los álbu- mes e ilustraciones de relatos viajeros ha queda- do la viva imagen de las costumbres de los pue- blos que visitaron y el pintoresquismo del escena- rio indígena con su existencia ancestral.

¿Cuál era la razón que movía a estos artistas en su viaje a estas tierras? El fenómeno no parece haber sido estudiado con la acuciosidad debida. Lo primero que puede contestarse es que responde a impulsos generales de la época. Hay como un despertar de la conciencia primigenia del hombre, acaso un encrespamiento
del robinsonismo latente en cada criatura. Estos cronistas gráficos buscan en las tierras americanas la impregnación de una vida virginal y como reflejo un poco tardío, ven en los países marginados del progreso la posibilidad de temas que vigoricen la inspiración cansada.

El orientalismo, corriente artística muy determinada de los años primeros del XlX, posee idéntico origen. El “descubrimiento” de España –tierras extramuros del progreso- por los románticos europeos, data de entonces, y los caminos intrincados, laberínticos, de Iberia,son recorridos por los pintores franceses Adrián Dauzat, Giraud, Pierre Blanchard, el dibujante Gustavo Doré, el inglés David Roberts.

Todos ellos realizan una intensa e hiperbólica versión sentimental de las tierras exóticas. Y como en las interpretaciones americanas, las estampas peninsulares se nimban predominantemente con las luces de lo vernacular. Los viajeros recorren los caminos, captan la vida en torno en sus composiciones plásticas y luego las difunden como cosas sorprendentes. Los artistas viajeros procedentes de diversos países europeos llegaron a tierras americanas , unos al azar, otros por espíritu de aventura o científico, movidos por el afán de conocer el Nuevo Mundo. Así vemos actuar en los Estados Unidos, en México, Chile, Perú, Brasil o el Río de la Plata, a dibujantes, pintores de caballete, miniaturistas y litógrafos trabajando a lo largo y lo ancho del continente. Hubo artistas “itinerantes” o transitorios, que regresaron a sus países de origen y otros afincados que desaparecieron más o menos olvidados en cualquier rincón de nuestros países.

Lo singular del ambiente, los tipos, las costumbres, la indumentaria, la arquitectura colonial, los restos arqueológicos y el colorido de los negros e indígenas, todo fue motivo de atracción para estos dibujantes y pintores viajeros cuya  actuación se puede ubicar entre fines del siglo XVlll y mediados del siglo XlX. En el primer período, encontramos varias expediciones científicas subvencionadas por diferentes países, Charles- Marie de la Condamine reúne un equipo franco- español para poder realizar mediciones de grados en el Ecuador en la época comprendida entre los años 1735 a 1744, año en que viaja junto a Pedro Maldonado y Sotomayor por la corriente del Amazonas y diseña el primer mapa de este importante río basándose en mediciones astronómicas. Expediciones fronterizas españolas y portuguesas penetran, acompañadas por hombres de ciencia, en selvas húmedas tropicales ubicadas  en las zonas limítrofes en disputa entre Venezuela y Brasil. El súbdito italiano Alessandro Malaspina, quien entre los años 1789 a 1794 viajara al servicio del Rey de España a lo largo de la costa occidental del continente americano entre Chile y Alaska, logra tener, debido a sus grandes éxitos, la reputación de un Bouganville y de un Capitán Cook. A Través de Malaspina le fue posible a Thaddâus Haenke –famoso investigador de aquella época-llegar a Sudamérica donde a partir del año 1793 hasta su muerte en el año 1816 trabaja intensamente en el campo de la exploración geográfica. Félix de Azara, una personalidad no menos importante que Haenke, fue el primero en explorar científicamente entre 1781 y 1801 la región del Río de la Plata.

Tres grandes expediciones españolas con rumbo a Nueva España (Mociño y Sesse), a Nueva Granada (Mutis), y al Perú (Ruiz y Pavón), tuvieron como objetivo principal el estudio sistemático de la flora y fauna americanas.

José Celestino Mutis, por ejemplo, concentró a partir del año 1783 su “Real Expedición Botánica” en una “Casa Botánica” en la ciudad de Bogotá. Doce dibujantes de plantas trabajaban en esa época para él. Además en una escuela artística se formaban 32 pintores adicionales que tenían como misión el dibujar plantas en tamaño y color natural. Humboldt elogió mucho los resultados aquí obtenidos al tener la posibilidad de visitar personalmente al más importante hombre de ciencias de Sudamérica. Durante esta visita José Celestino Mutis pudo admirar los esbozos, mapas y dibujos de Humboldt.

El más destacado explorador y geógrafo de este y de todos los tiempos fue Alexander von Humboldt. Después de 6 años de preparativos y contando con un bagaje instrumental hasta el momento desconocido investigó intensamente el trópico americano en el período 1799 y 1804, y fue el primer hombre de ciencias moderno que vivió durante un cuarto de año en las selvas tropicales. Conoció personalmente las sabanas húmedas de los Llanos, las grandes montañas tropicales y especialmente los “Andes Páramo”, con su amigo y acompañante Aimé Bonpland no temían la ardua labor de coleccionar plantas. Realizaron mediciones, disecaron animales y dibujaron infinidad de temas. Humboldt evidentemente estaba creando con su labor un nuevo concepto que llamará “Physique du monde”o “Erdtheorie” (Teoría de la Tierra) o “ Physikalische Geographie” (Geografía física). A estos estudios pertenece el descubrimiento barométrico de la tercera dimensión, como así también la utilización de instrumentos para mostrar por primera vez en las alturas tropicales los sucesivos cambios de clima, plantas, animales, y actividades agrícolas de acuerdo con los diferentes niveles de altura- “Cuadro físico de los Andes equinocciales”.

El núcleo racional del mundo científico de Humboldt lo constituye la nueva idea de una geografía física que comprende dentro de sus fronteras también al hombre. Inseparablemente ligados a estos resultados científicos de Humboldt se encuentran el ideal clásico humanista y una teoría del arte cuyo realismo se revela tanto en el estilo como en el dibujo.

Sudamérica no solamente fue descubierta desde Europa sino que inspiró una serie de impulsos de carácter ético, científico y artístico. El descubrimiento de la imprenta hizo posible, después de la gran aventura de Colon, reproducir con más facilidad las láminas de los exploradores. El naturalismo tal cual hoy deseáramos verlo en estas obras, fue una víctima de las ideas reinantes en aquella época, como tuvimos oportunidad de observarlo anteriormente. Así buscaremos en vano encontrar imágenes de indígenas que tengan algo que ver con la realidad. Se dibujaron simplemente figuras de europeos con decoraciones del mundo de los aborígenes. La pintura que fuera realizada en los ateliers de los artistas deforma los modelos originales naturales aún hasta una época muy cercana a nosotros. Europa esperaba todavía ansiosa una presentación artística verdadera del Nuevo Mundo.Este vacío vendría a sentirlo con toda claridad Alexander von Humboldt, a quien le fuera posible ganar el apoyo del Rey de Prusia para comenzar con una colección dedicada a la fisionomía del trópico, mientras este deseaba saciar de este modo el gran déficit europeo en cuanto a informaciones concretas referentes a Sudamérica.

El gran humanista y naturalista alemán logró transformar y mejorar la aburrida geografía de la época ilustrada con su obra “Corpus Americanum”, sin duda la más importante crónica de viajes escrita por una persona en todos los tiempos.

Humboldt pudo reunir felizmente, en una armonía hasta ese momento jamás lograda, las tres etapas con que debe contar la realización de un libro de viajes. Estos tres aspectos, es decir la preparación, la ejecución y la valoración de una expedición se nos presentan en una forma insuperable, perfeccionada por el dominio absoluto de la técnica y el lenguaje. El “Voyage aux régions équinoxiales du Nouveau Continent” vendría a ser la coronación de estos esfuerzos, poniendo así los cimientos para la geografía de las plantas y para la moderna geografía, mejorando al mismo tiempo el género de crónicas de viaje. Alrededor de 50 artistas colaboran en la ejecución de este gran proyecto. Tenemos que advertir que los esbozos de Humboldt lamentablemente fueron reelaborados en los estudios de los artistas sin que sepamos hasta el momento la envergadura de estas modificaciones. La ciencia se cerraba al arte. El arte, por su lado, daba una forma hasta el momento desconocida al resultado científico y esto sin dejar de lado la exactitud del mismo.

Humbold inicia su obra de viajes con la “Geografía de las Plantas” donde, -con la ayuda de un “Cuadro físico de los Andes equinocciales”-, pudo mostrar de una vez y en forma convincente todos sus resultados. En una carta dirigida a Napoleón, y todavía no publicada, define y llama a estos resultados “physique du monde”. Este Cuadro físico es una obra maestra no sólo en el sentido científico sino también en el artístico. La “ Relation Historique” de su libro de viajes y los atlas, inclusive los mapas y esbozos reflejan un nuevo y único pensamiento que reduce en exacta miniatura artística la exuberancia tropical. Muchas veces se ha recalcado la afinidad espiritual entre Humbold y Goethe. Podemos pensar que por cierto el geógrafo y el poeta se enriquecieron así mutuamente.

Las luchas por la independencia diezmaron grandemente el número de jóvenes y talentosos hombres de ciencia sudamericanos, entre ellos quizás el más genial, Francisco José de Caldas. El Brasil se transformó así en el centro de actividades de la investigación científica alemana. Al casarse Don Pedro con la Archiduquesa Leopoldina, una hija de Francisco l., envía en el año 1817 el Emperador una expedición al Brasil (Mikan, Natterer, Pohl, Schott, los pintores Thomas Ender y Franz Frûhbeck) a la que se sumarán dos excelentes exploradores mandados por el Rey de Baviera, nos referimos a Carl Friedrich Philipp von Martius y a Johann Baptist von Spix. Desde el año 1813 estaba ya trabajando en el país Georg Heinrich von Langsdorff. El fue justamente quien trajo primero a Georg Wilhelm Freyreiss, y después, en el año 1814, a Friedrich Sellow. Por su parte Ignaz von Olfers, desde 1816 secretario del primer embajador prusiano, informó detalladamente a Humboldt sobre sus impresiones acerca del Brasil, Humboldt tuvo lazos espirituales con todos ellos, manteniendo un estrecho contacto ya sea epistolar o personal.

Es así como el mundo descubierto por la Conquista pasó a ocupar el centro del interés geográfico, cartográfico y artístico. El resultado inmediato de todo esto fue que el arte no excluyó más a la ciencia, ni la ciencia al arte. Todo aquello que Humboldt y sus colaboradores lograron fue y será la herencia cultural conjunta del Nuevo y del Viejo Mundo. Presenciamos de esta forma la aparición de una nueva dimensión al presentarnos el gran geógrafo y explorador alemán lo científico en forma artística.

Carl Friedrich Philipp von Martius fue un verdadero maestro de la lengua, manteniendo muy buenas relaciones con Goethe y con Humboldt. Su expedición contó con un apoyo tan generoso como hasta el momento ninguna otra en Alemania. Por primera vez un estado alemán, en este caso Baviera, se presenta como verdadero mescenas de una importante crónica de viajes cuyas litografías constituyen aún hoy en día una valiosa fuente de información. Johann Moritz Rugendas preparó muchas láminas para este libro de viajes, mientras que von Eschwege, por su parte, puso a disposición algunos croquis y su famoso mapa de Minas Gerais, trabajos que le llevaron 11 años de preparación. El gran número de exploradores y sus obras son algo realmente significativo. Por todas partes encontramos huellas de la presencia de Humboldt. Tanto sea en las memorias escritas por Eschwege, como en los dibujos originales del Príncipe Max zu Wied, a quien podríamos agrupar entre los artistas del taller, como asi también en las obras de G.H. von Langsdorff y muchos más. En todos estos trabajos encontramos prefacios escritos por Humboldt, y dedicatorias dirigidas a su persona, además de citas de sus obras y cartas.

Convocados por Humboldt trabajan, entre  otros Johann Moritz Rugendas, Ferdinand Bellermann, Carlos Nebel, Eduard Hildebrandt, y Albert Berg como pintores del trópico al servicio de una idea fisionómico-geográfica. Este proyecto contó con la generosa ayuda de Friedrich Wilhelm IV, de Prusia, quien apoyó su realización sin reparar en sacrificios.

Sólo ahora recibe Europa la bendición de las imágenes del trópico que esperara desde 1493. Humboldt consideraba personalmente la fotografía como algo importante y toma parte activa en la disputa desencadenada en torno a la prioridad.

Aún durante su vida se pudieron apreciar algunas fotografías como, por ejemplo, aquellas de la ciudad de México que realizó el viajero húngaro Pál Rosti en 1857-58. Podrá bien ser verdad que la fotografía haya paralizado la representación artística del trópico. Con la muerte de Humboldt, acaecida en el año 1859, le faltara a esta disciplina su eje organizador, activo y resoluto. La causa de esta nueva situación se debe buscar en capas más profundas, dado que más tarde pintores como Frederick Church, Ernst Vollbehr y Albert Gôtting se entregaran de nuevo a esta disciplina, permaneciendo fieles a la tradición del espíritu de Humboldt. Hoy creemos poder afirmar que el trópico como motivo en la pintura experimentará un nuevo florecimiento.

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES LANATA REFIRIENDOSE AL DESPECHO DE Andrea Giunta CANCELANDOME POR CRITICAR SU FEMINISMO PRIMATE

Y, FINALMENTE, ASÍ PRESENTO LA SEGUNDA EDICIÓN DE MI LIBRO

 

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