Impresiona el lugar que se ha dado en los medios al caso del plagio feminista presentado como derecho militante peronista. A falta de originalidad propia, lo que se reclama como derecho es la capacidad de copiar y para eso se recurre a las criticas de arte a sueldo del regimen kirchernista para poder dar los argumentos necesarios como para poder justificar al robo como práctica artística. Tambien llama la atención el modo en el que Andrea Giunta ha salido nuevamente a sobre-exponerse (tras mi caso) esgrimiendo argumentos que no terminan de ser adecuados para dar cuenta de la situación que pretende defender. El argumento que ha dado no es el de la copia y la alusión (más adecuado a esta discusión) sino el del ‘ready made’ entendiendo por este el tipo de transferencia de un objeto industrial ya terminado para resignificarlo en un nuevo contexto como obra de arte en un contexto muy especifico de debates artisticos. Las justitificaciones de Giunta son formales: el ‘ready made’ es un recurso propio de cierto conceptualismo artístico usado por el Pop Art en la decada del cincuenta y sesenta en un contexto de debates artisticos y en eso podemos estar de acuerdo; sin embargo, en donde esto no parece tener sentido es cuando este argumento se cruza con la cuestión ‘social realista’ del ‘feminismo peronista’. Cómo pasamos de los debate de la especificidad del medio a los del realismo politico de principios del milenio? Lo que está en discusión hoy es el derecho feminista a no tener que construir u originar una forma de la nada a partir de la propia invención por el solo hecho de ser una ‘fémina peronista’. Esa es otra discusión que poco tiene que ver con los debates del ready made y de la especifiidad del medio que se daban en los Estados Unidos a mediados de siglo. Es allí donde Giunta mea fuera del tarro…. once again.

Ademas el ‘ready made’ siempre hace evidente su origen. En el caso de Pecci Carou, esa revelación, sin embargo, no tiene mayor sentido que el de dotar a su personaje de una suerte de ‘poder’ que un personaje nativo, para ella, no podria tener. Cuando se le pregunta la razón de semejante alusión ‘afectiva’, la única que puede esgrimir es derivativa: ‘una amiga de ella oriental jugaba con esas imagenes y por eso, de modo transitivo, ellas pertenecen a su imaginario’. Como justificación muy pobre: ‘me copié de determinada caricatura escandinava porque tenia un compañeríto en el colegio sueco’. Tomatelas!

Este es el argumento llevado adelante por su curadora, la retirada Eva Grinstein quien plantea como argumentacion principal que la obra de arte vale en tanto tal por ‘feminista y peronista’. Es en esta asociación en la que creo radica el quid de la cuestión. En otro giro colonialista, es el personaje femenino de manga japones el que puede darle sentido de fuerza a la joven peronista caminando por el barrio y desde ese lugar, el ‘ready made’ es justificado, como acto colonizador mas no como acto artístico nisiquiera en su variante conceptual/afectiva. Es allí donde todos los argumentos colapsan y confirman la naturaleza peronista, en su peor sentido, de esta obra: el reclamo del robo como hecho estético; lo que nos lleva a una discusión mucho más sabrosa y convierte a varios en artistas. J A T

 

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LA PRIMER PARTE DE MI ENTREVISTA CON REP RESPECTO DE MI ‘HISTORIA A CONTRAPELO DEL ARTE ARGENTINO’

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