Eugenio Cuttica podría ser definido como el artista kirchnerista, por definición. En primer lugar, tuvo una retrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes en uno de los gobiernos de los kirchner, más especificamente durante la gestion en cultura de Teresa Parodi en donde hubo una, obviamente desinformada, contraprestación de cuadros que, segun Parodi en consejo a su jefa podrían valer algo. Demás está decir que la estética de Cuttica responde a los criterios alegorizantes y feminizantes que le gustan a una muy sin gusto Cristina Kirchner. Obviamente, los tres cuadros que tienen en su ‘colección’ la vicepresidenta fueron el precio para dar el sello y la legitimidad del museo insignia a Cuttica.Ni en Argentina ni en el mundo, un cuadro de Cuttica vale nada, salvo dentro de un circulo de muy mal gusto que no pertenence al mundo del arte sino que quiere pertenecer.

Sin embargo, algo que llama profundamente la atención de algunos artistas entrados en años que emigran a los Estados Unidos es su vocación por demostrar lo logrado, casi siempre, en materia de propiedad horizontal. El éxito para ellos no viene de la calidad artisticas sino de los logros materiales; en este sentido, Cuttica quiere posicionarse como una especie de Annish Kapoor vernáculo que no ha podido ser profeta en su tierra. Otro caso es el de Liliana Porter quien en la Bienal de Venecia de hace unos cuatro años dedicó cuarenta minutos del tiempo del auditorio para contar anatómicamente cuanto habia ganado vendiendo una propiedad de su pareja en no se donde carajo, siempre al norte de Nueva York.

Sin embargo, el caso de Cuttica bordea lo sociopático sabiendo perfectamente a donde quiere apuntar que es la capitalizacion de los muertos, el sentimentalismo, una estetica que bordea la pedofilia melodramatizada y un sector social sediento de arte no solo por sus valores esteticos sino por como se puede proyectar a los fines del lavado. Desde ya, Cuttica rechaza al sistema del arte porque lo que él hace no es arte sino kitsch y ni siquiera kitsch auto-consciente del tipo del Grupo del Rojas. Sofia Sarkany era, según el, una devota… así como Cristina Kirchner. En la nota en la revista Hola! con Lilita Carrió en la tapa disfrazada de Napoleón en plena discapacidad (what can go wrong?) Cuttica cuenta con milimétrico detalle cómo compró una propiedad con la que que quiere hacer un centro de terapia mediante el arte o no sé qué cosa. El costo de la inversión fue de un millón trescientosmil dolares que en mi barrio te permite comprar como mucho un departamento pero para Maria Guiraldes es, obviamente, todo un logro sin preguntarse lo que ‘ese logro’ puede esconder. La esposa de Cuttica, Ruth, tiene visibles problemas alimentarios y esto esta fogoneado por la falta de relacion entre la realidad y la fantasía de este hombre que pueden, tranquilamente, esconder delitos. En sintesis, 900 metros cuadrados a un millon de dolares cerca de los Hampton y le tenemos que creer…. con tres cuadros regalados a Cristina. I mean… chicos! J A T

 

 

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