Una de las cosas que fascinan de alguien como Alan Faena es su decisión (y vale decir que se ha sostenido, en el tiempo, al menos desde un punto de vista estético) de construir su imagen de acuerdo a ciertas alegorias de pureza espiritual y elevación personal. Vale decir que Faena representa lo mas prosaico, banal y vulgar del dinero en su circulacion financiera y de desarrollo inmobiliario, al menos, en Miami y Buenos Aires. Ha sabido asociar sus emprendimientos a una vision del arte y de los artistas tanto visuales como cinematograficos y teatrales adhiriendose a ellos como marca en el preciso momento en el que sus carreras ya estan en la curva descendente y necesitan mantenerse de alguna manera vigente. Faena logro mezclar marcas antes prestigiosas y hoy decadentes con gente antaño prestigiosa y hoy decadente para generar un tipo de desarrollo inmobiliario que emula los designios posmodernistas estipulados por Frederic Jameson para, por ejemplo, el Hotel Ventura de Los Angeles. En otras palabras, sus edificios no son para estar sino para circular y mas especificamente para desfilar y para ser vistos. Es por esto que la construcción del ser de Faena tiene que ver con la moda pero no con la moda que da la pauta de un modo del ser sino con la moda en tanto codificación alegórica. Todo aquel que consuma algo de Faena queda marcada y esa marca no se borra fácilmente. Él se viste de blanco porque quiere proyectarse como puro. Es así de lineal y la grasa que emanan los lugares que construye se adhieren a los visitantes.

Bueno, resulta que acaba de publicar un libro y según dicen la primera edicion ya está agotada y convengamos que todo es posible. El libro es mínimo en el sentido de que tiene menos de cien páginas y consta de una serie de consejos de elevación espiritual que corresponden al tipo de capitalismo tardio segun el cual ‘esta todo bien para que todo sea pacifico y buena onda con el simple fin de que el capital fluya y haga lo que debe hacer;  polarizar y hacer a los ricos mas ricos’. Su espiritualismo es el capitalismo tardío llevado al paroxismo. La pregunta que cabe hacerse es qué hizo Alan Faena para considerar que tiene siquiera la remota autoridad para escribir un libro en el que da consejos de mejoramiento espiritual según él, a partir del fracaso. Además, revela cuáles son sus caminos hacia la autoconciencia, la realización y el dominio de su propia existencia. Convengamos que a esta altura Faena no tiene ninguna necesidad de escribirlos por lo que hacerlo significa que necesita que esas ideas circulen o, al menos, que esas ideas queden adheridas a su marca…  ‘Faena’. En cualquier caso, despues de casarse con Cachavacha Caminos es, realmente, difícil encarar la escritura de un libro sobre elevación espiritual. Ademas, la escritura de un libro que vincula el éxito económico con la superación espiritual es una conflación de Lee Iaccoca, Donald Trump y Macri que, a esta altura, atrasa, por lo menos, diez años.

Sin embargo, lo que resulta más interesante aún es que usa al arte a partir de sus ‘colaboraciones con estas marcas ‘artisticas’ como, por ejemplo Sir Norman Foster, Rem Koolhaas, Philippe Starck, Damien Hirst, Thomas Heatherwick, Baz Luhrmann, Juan Gatti, Alejandro Jodorowsky, Peter Greenaway, Franz Ackermann, Richard Long o Anthony McCall como atributos de su propia ‘esencia artistica’. Es tal vez significativo que este año y junto con Accor, lanzó una asociación estratégica global centrada en expandir la marca Faena en todo el mundo que, irremediablemente, significará lo que significa en todos lados: una grasada puesta al servicio de una decadencia totalmente carente de conciencia social en donde Faena fuerza un escape hacia la interioridad de su ser como cualidad capitalista sin jamas mencionar al prójimo como colectivo necesitado sino como ‘aprendices inferiores espiritualmente’ o meros ‘clientes’. J A T

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