Acaba de salir un libro que permite repensar varias de las asociaciones automáticas que venimos haciendo estos días con el auge de un nuevo fascismo que se defiende con lenguaje que parece salido de regimenes totalitarios. El libro se llama ‘Women as War Criminals: Gender, Agency and Justice’ y fue escrito por Izabela Stefija and Jessica Trisko Darden y se ocupa de las mujeres criminales de guerra.

De entrada es interesante porque pone el foco en la ex Vice-Presidente del estado Serbio Bosnio, en su momento llamada Republika Srpska. Su nombre era Biljana Plavsic y era la segunda de Radovan Karadžic, un ex psiquiatra que fue eventualmente condenado por el Tribunal Internacional Criminal de la vieja Yugoslavia por crímenes de lesa humanidad y genocidio. Lo interesante es que ella tenía un look muy de abuela buena, con su cartera y su pelo gris y esto la favorecía al momento de dar la impresión de que el que verdaderamente tomaba las decisiones era Karadžic. Tal vez sea por eso que no fue ni siquiera enjuiciada. El problema es que se tiende a creer que el hombre es siempre leader y el perpetuador de los horrores cometidos por los Serbio Bosnios contra los musulmanes y croatas en su campaña de limpiamiento étnico pero este no parece haber sido necesariamente el caso. Esta visión es cuestionada por este nuevo libro escrito por una profesora de ciencia política de Tulane University y la otra de Virginia Commonwealth University que plantea como hipótesis que las mujeres criminales de guerra pasan desapercibidas ya que su existencia per se desafía presunciones fuertemente arraigadas sobre la guerra y sobre las mujeres.

Según las autoras fue Plasvic la responsable directa de la matanza de 50,000 no-Serbios y de la destrucción de más de 100 mesquitas e iglesias católicas. Las autoras plantean que Plavsic usó las normas de género para diluir su responsabilidad en los crímenes cuando llegó el momento de los enjuiciamientos y así, pudo negociar un tratamiento preferencial por parte del Tribunal de Justicia. Casi todos los cargos contra ella fueron retirados. Lo cierto es que culturalmente no pensamos que las mujeres puedan ser criminales de guerra. El tema es que, a veces, lo son. Tras el Ni Una Menos y aunque no lo crean, podemos afirmar que hay mujeres hijas de puta.

La cuestión es que la guerra ha sido históricamente una cuestión masculina y aunque algunos escritores han tratado de rescatar algunas figuras femeninas de la oscuridad en la forma de erotizadas espías o de corresponsales de guerra; son pocas las veces que estas son asociadas con características como la crueldad o la falta de conciencia moral. La rareza de las mujeres torturadoras, por ejemplo, lleva a cierta fascinación con figuras aisladas como L.Macbeth con su mano manchada de sangre. Sin embargo, surge la pregunta del millón: hay  criminales de guerra mujeres que han pasado desapercibidas por estos prejuicios?

En la Alemania Nazi, según los cálculos, por los menos 3,500 mujeres fueron guardias de campos de exterminio y 10,000 como Helferinnen o auxiliares de SS. Entre 1945 y 1949, veintiun mujeres  fueron ejecutadas por crímenes de guerra pero miles más fueron ignoradas por el Tribunal Militar Internacional de Nuremberg porque decidieron que ocupaban cargos menores como ‘secretarias, o personal de apoyo’: “Las mujeres como una categorías fueron pensadas como no siendo una categoria de riesgo’ ni de articulación estrategia de la hija de putez. Para pensar. J A T

 

 

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