Este blog va camino a ubicarse en el centro de lo que ya es el gran debate nacional actual que es el de la política cultural. Si la Presidencia de Macri tuvo una concepción de la cultura que en la superficie constaba de la banalización Awadiana que, en parte, encubría otra capa de significaba en la que se desplazaba la más tradicional Malreauxiana política basada en la provision de bienes culturales de  alta cultura a las masas a otra concepción en la que la cultura solo es reconocible como tal sólo si tiene un retorno a la inversión, los remanentes del Macrismo en la Ciudad, de la mano de Larreta y Enrique Avogradro, su Ministro de Cultura, emergen como una especie de gurú, fracasado y a destiempo de una noción ciertamente anacrónica de las industrias culturales.

Por su parte, el diario La Nazzión se ha transformado en una suerte de cuaderno de bitácora del traspaso generacional de los viejos afrancesados Malreauxianos, que pertenencen a una Argentina definanciada que sueña con poder hacer programación cultural en dolares a la actual banalizacion Larretiana de lo cultural como popular sólo si tiene rating. En el camino, llegó el feminismo del Ni Una Menos y todo entró en un remolino en el que la izquierda implosionó corriendo hacia un fachismo de politicas de identidad y la derecha tambien implosionado. Para prueba basta un botón.

Qué tiene la derecha hoy para mostrar como logro de política cultural en la Ciudad de Buenos Aires? La respuesta es shockeante. Un ‘ritual’ (así lo llaman) de seis horas en el que se limpian las lamparitas de la araña del Teatro Colón. Es difícil no remarcar los aspectos alegóricos de semejante ponderación. En un país devaluado, los bienes no pueden reponerse y en el mejor de los casos (en un acto ritual) se limpian cuando ya no queda ni dinero para pintura. Aunque parezca mentira este ‘ritual de limpieza’ amerita una nota en la que se reporta la presencia no solo de la directora del Teatro (Maria Victoria Alcaraz) sino del Ministro mismo (Avogradro) que evidentemente no tiene nada que hacer. Repito: el derroche de energía de la redacción de la Nazzión, las horas de ocio de los funcionarios que le costaron a los contribuyentes y los dos empleados (pertenecientes a uno de los tres sindicatos del Teatro) es de no creer. Antes las politicas publicas constaban de ideas (ni decir de puestas en acción). Hoy son actos de limpieza. El patetismo de Avogadro y Alcaraz, realmente, no tiene nombre. J A T

 

 

 

 

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