ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE ADRU

En mis años de estudiante en Buenos Aires vivía en habitaciones que alquilaba temporalmente en departamentos así en Recoleta. El factor común era el mismo: viejas quebradas que lo heredaron, aún con una sucesión pendiente o conflicto con algún familiar de años sin resolver, deptos a los que jamás de les invirtió un centavo en dar una mano de pintura o renovar un mueble desde los 80s, ceniceros y olor a pucho en cada rincón.

Lo más interesante era el mismo patrón en las dueñas: mujeres histéricas viviendo del recuerdo y del pasado próspero, nostalgia permanente por la juventud perdida, por la figura esbelta que tuvieron de jóvenes, por los viajes a Europa en sus años mozos, por los amigos aristocráticos que se borraron.

Vivir en esos departamentos era como viajar en el tiempo, resultaba divertido para una joven estudiante como yo hasta que las viejas piraban y se hacía imposible la convivencia porque inconscientemente no soportaban mi propia juventud, lozanía, proyectos y vida por delante. Tener una invasora en su espacio y vida quedada en el tiempo suponía una amenaza a su regresión permanente y las traía a la patética realidad que se negaban a reconocer.

 

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