En el Espace Van Gogh del Festival ‘Les Rencontres de la Photographie’ en Arles, se presenta ‘Puisqu’il Fallait Tout Repenser: Le pouvouir de l’art en periode d’isolement’. La ‘comisaria’ de la muestra es Andrea Giunta quien presenta una serie de obras fotográficas (y video) casi idéntica a la realizada en Rolf antes de la pandemia. Esta ocasión era una oportunidad para replantear varias cuestiones concernientes  a Giunta en tanto teórica (del arte feminista) como de la teoría del arte o, mejor dicho de la curaduría en general.

Los artistas participantes son María José Arjona (1973), Ananké Asseff (1971), Colectivo Nosotras Proponemos (2017), Nicola Costantino (1964), Milagros De La Torre (1965), Vivian Galban (1969), María Teresa Hincapié (1956–2008), Adriana Lestido (1955), Florencia Levy (1979), Marcos López (1958), Liliana Maresca (1951–1994), Joiri Minaya (1990), Marta Minujín (1943), Aline Motta (1974), Rodrigo Orrantia (1975), Jackie Parisier (1968), Cristina Piffer (1953), Santiago Porter (1971), Dalila Puzzovio (1942), José Alejandro Restrepo (1959), Silvia Rivas (1957), Celeste Rojas Mugica (1987), Graciela Sacco (1956 – 2017) y Juan Travnik (1950).. Esto, en principio, es una avance respecto a las curadurias y teorizaciones previas de Giunta ya que incorpora artistas hombres y relaja el dogma de visibilización feminista de segunda ola al que venía aferrada la curadora en cuestión. Esto es algo que fue fuertemente criticado por mí en este blog como en mi libro ‘Historia a contrapelo del Arte Argentino’ y que, como sabemos, provocó su ira. Con Rodrigo Orrantia, Santiago Porter y José Alejandro Restrepo, entre otros, uno tiene la impresión de que ya para Giunta no es necesario tener vagina para ser un artista feminista. Esto lo aplaudimos como un avance en la dirección correcta.

El problema es que para Giunta, el arte continúa siendo representativo y didacticista. De hecho, en una entrevista con Infobae dice: ‘La educación es el gran campo en el que el arte puede expandir su relación con la sociedad. Y en tal sentido la pandemia habilitó soportes nuevos que comienzan a explorarse’. Dicho de otro modo, para Giunta el arte contiene un mensaje que evade la ambiguedad y se enemista de la metafora o de las figuras retoricas (visuales) de desplazamiento. Lo cierto es que, indefectiblemente, las imagenes incluidas son de mujeres con vaginas. Es como si Giunta solo dejara ingresar a hombres artistas previo pago de peaje que es la representacion del cuerpo ‘naturalmente’ femenino’. La otra crítica a medio responder es la que he venido planteando desde hace, por lo menos, cuatro años y es que para la curadora, el feminismo parecía ser un privilegio de ciertas mujeres, especificamente, de raza blanca urbana. La inclusion, por ejemplo de Joiri Minaya rompe con este dogma autoimpuesto. Sin embargo, el problema no acaba de resoloverse y termina siendo metodológico, como de costumbre ya que al entender al arte como la representación del cuerpo con vagina a ser decodificado para su visibilización dentro de una narrativa específica, Giunta reduce el mismo a un ejemplo de mensaje político unidireccionar. Es como si no pudiera escaparse de una nocion del arte de los años setenta que es el tipo de arte del que sabe teorizar y bien. Se la saca de ahí y Giunta, simplemente, hace agua.

El punto en el que la muestra de Arles pone en evidencia las falencias teóricas (y hasta de lectura) de Giunta es que  en el texto curatorial y en su entrevista con Infobae, Giunta reclama hacer un replanteamiento del arte desde la teoria del afecto. Sin embargo, empieza y termina confundiendo emoción con afecto y, para ser más técnico, aisthesis con decodificación. Dicho de otro modo, Giunta incluye la noción de afecto dentro de una ‘narrativa curatorial’ que puede ser resumida en la siguiente frase: ‘la visibilización del cuerpo femenino (antes invisibilizado) permite exponer el daño al que ese cuerpo fue sometido y esto permite que el arte sea un vehīculo de emancipación’. Esto no es afecto sino emocion y hasta ’emocionalismo’. Sus imagenes o, mejor dicho, las imagenes incluidas en la muestra acaban siendo arrastradas hacia un emocionalismo de activista feminista que no hace sino confirmar sus propias carencias. Es bien sabido de las malas lecturas hechas por Giunta de Judith Butler pero la teórica feminista norteamericana se ha diferenciado de su propio constructivisimo (y por esto me refiero a sus aseveraciones de que el genero en cuestión de performance y elección y no de daño y experiencia)  al hacer mención a las dificultades materiales para que el daño sea visibilizado. Es decir, quién hace que el cuerpo excluído llegue al lugar de visibilización? Cómo se transforma ese daño visibilizado en emancipación? Esta es una respuesta que el Ni Una Menos ha podido responder a medias (en su feminismo de tercera generacion) y que Giunta (en su feminismo de segunda generación) ni siquiera puede comenzar a responder. Por eso todas sus imagenes, quedan como enunciaciones panfletarias en las que el cuerpo blanco ‘reprimido’ es de por sí liberador lo que es una fantasía de señora ‘bien’ (o con aspiraciones de ‘bien’) de Recoleta que, no es otra cosa que a lo que el Kirchnerismo habría quedado reducido y la hiperbole de esto no es otro que Fede Baeza y su estética drag. J A T

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LA PRESENTACIÓN OFICIAL DE LA SEGUNDA EDICIÓN EN UN MES DE MI ‘HISTORIA A CONTRAPELO DEL ARTE ARGENTINO’ ES ESTA…

 

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MI CHARLA CON PIO TORROJA SOBRE FRAGMENTAR EL FUTURO DE YUK HUI

 

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