Quiero hacer una reflexión respecto al giro integrista (de derecha) que está pegando la Argentina que no es otra cosa que la consecuencia lógica de la división de la población en dos grupos irreflexivos y excluyentes autoconstituídos a partir del rechazo o del apoyo a ciertas políticas de identidad y de integración nominal de sectores previamente excluídos. El caso indígena ha venido siendo un caso complejo sobretodo porque, como digo en mi libro Historia a Contrapelo del Arte Argentino, nuestro país ha sido construido a partir de un reparto originario de tierras usurpadas que fue confirmado mediante una serie de invisibilizaciones y exclusiones que van desde la Campaña del Desierto al actual ‘revival’ Roquista oficializado por Patricia Bullrich como Ministro del Interior durante el gobierno de Macri o mediante las políticas extractivas iniciadas por los gobiernos Kirchneristas, por ejemplo, de destrucción de territorios ancestrales mediante diques y represas que no hacen otra cosa que alterar el delicado eco-sistema ambiental. Esto fue claramente ilustrado por Alexandra Kehayoglou con su alfombra ‘Río Santa Cruz’, presentada en la National Gallery Victoria hace un par de años.

Como conté en este blog, en los últimos días, una monja integrista con delirios paleo-cristianos acusó de realizar ritos ‘paganos’, es decir ‘demoníacos’ a una comunidad que habita no solo legitima sino legalmente una parcela de tierra en el Tigre. Esto viene acompañado de un revival Roquista con la decision, para dar solo un ejemplo, de los vecinos de Bahia Blanca, ni mas ni menos, de bautizar a una plaza local como ‘Julio Argentino Roca’. Mientras en el mundo, algunas estatuas de esclavistas y colonizadores son abiertamente cuestionadas y removidas por los reclamos decolonizadores, en la Argentina parece haber una reacción de derecha y abiertamente re-colonizante y esa reacción ha sido facilitado por el achatamiento y banalización que viene haciendo el progresismo de las políticas de identidad y de los derechos indigenas. Como viene planteando este blog, desde hace tiempo, cierto progresismo blanco, privilegiado y educado en la universidad publica ha acaparado ciertos espacios que usan como plataforma para moralizar desde su lugar de privilegio sobre cómo la sociedad no solo debe vivir sino de cómo se debe comportar. De allí las cancelaciones y reclamos que no hacen otra cosa que disparar tiros en los pies de una sociedad joven que, no obstante esto, está muy enferma.

 

Llovido sobre mojado, hace unos días fue la première de un ejercicio de zionismo oportuno para algunos (enfrentamientos israelíes-palestinos) que es la teatralización asertiva de los valores que constituyen a la comunidad judía. Esto, nuevamente, cuenta con el apoyo de organizaciones publicas y del Estado mismo (Telerman) y no es otra cosa que una demostración de fuerzas cultural si bien retórica.  Desde ya, cada comunidad religiosa está libre de hacer sus propios ritos y construir sus propias mitologías; como acabo de decirlo para el caso de la comunidad indigena en el Tigre; sin embargo, lo que llama profundamente la atención es la sobreactuación gigantográfica de la misma como demostración de fuerza cultural en un momento en el que el país ya está suficientemente dividido. Cuando la política mundial parece un circo, nuestro país se lanza hacia un tipo de polarización ideológica y cultural que tiene una historia muy especifica no sólo en la región sino en el mundo. J A T

 

 

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LA PRESENTACIÓN OFICIAL DE LA SEGUNDA EDICIÓN EN UN MES DE MI ‘HISTORIA A CONTRAPELO DEL ARTE ARGENTINO’ ES ESTA…

 

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MI CHARLA CON PIO TORROJA SOBRE FRAGMENTAR EL FUTURO DE YUK HUI

 

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