Mi amistad con Carola Bony me colocó en una posición privilegiada para enterarme de la existencia de un archivo fotográfico erórico/queer de uno de los capitostes del conceptualismo político argentino de fines de la década del 70. Por supuesto, me refiero a Oscar Bony. La decisión de colocar a Marcelo Pacheco al frente de la curación de estas imágenes es problemática; en principio, porque Pacheco es uno de los ejemplo paradigmático del históricamente reprimido mundo del arte vernáculo del ‘homosexual NO queer’.

Pacheco ha vivido la mayor parte de su vida profesional a la sombra de las señoras bien de la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes (Nelly Arrieta de Blaquier y Susi de Bari, son dos ejemplos) y esto le permitió acceso tanto a posiciones de la gestión cultural oficial como a una serie de colecciones y archivos a partir de los cuales escribió sus (dos?) libros sobre las primeras colecciones argentinas. Entre las ‘señoras bien’ había una ‘señora bien’ con pene que no era otra que Mauro Herlitzka quien lo llevó, primero, a la Fundación Espigas y luego a su momento ‘consagratorio’ como curador en jefe del MALBA. El resto es historia: Herlirtzka se emprobreció y necesitó deshacerse de sus emprendimientos filantrópicos para hacerse art dealer y galerista y en ese momento su incompatibilidad como Presidente Honorario del MALBA se hizo manifiesta y Costantini lo echó. Era el final de una epoca de la oligarquía argentina que ponía en evidencia que el dinero había, efectivamente, pasado de manos. Este sería, aunque aún no lo sabía, el final de la carrera de Pacheco y ese modelo de ‘homosexual tapado no queer à la Versailles’. En una ocasión en el Centro Rojas, allá por el año 1997 Pacheco me comentó que le gustaban los hombres pero lo hizo casi como un susurro o mejor dicho, un secreto. Habiendo dicho todo esto, si esta es la persona elegida para curar las fotos ‘queer’ de Bony, what can go wrong?

Las fotos que componen la muestra podría dividierse en dos grupos: las del transformismo lúdico y las de la misoginia objetivizante. Lo que une a estos dos grupos es el fetichismo mucho mas acorde con las dificultades relacionales de alguien como Oscar Bony. En tal sentido, un error de la curación ha sido la de no diferenciar claramente o bien separado en diferentes muestras lo ‘queer’ de lo ‘fetichista’ ya que la inclusión del universo de imagenes bajo el rótulo de ‘erótico’ confunde ‘performance de identidad’ y ‘sexualidad’ que, a esta altura de los debates queer, deberían ser un punto de partida de la muestra y no una cuestión irresuelta. El modo equivocado en el que Pacheco (of all people) parafrasea la noción de ‘cartografía deseante’ de Nestor Perlongher por fuera de sus coordenadas de exclusión social y Deleuzianismo de orígen son prueba de esto. Para Pacheco, un simulacro de orgía entre gente mainstream heteronormativa disfrazada o fetichista equivale a un acto de resistencia Perlongheriana en el que el encuentro entre el puto de clase media y el chongo bisexual pauperizado (Paulista) se encuentran en la peformance sexual del ‘yire’ en tanto parodia invertida del sometimiento al que los putos están por ese mundo de señoras bien que consagró a Pacheco.

La muestra de la galería Walden en cuestión irá acompañada de un catálogo con un texto más largo que aún no me fue facilitado por lo que me limito a los dos párrafos del texto curatorial de Pacheco publicados online en el que el curador realiza una analogía entre el medio fotográfico, según él ‘verista’ (o, yo diría, mimético) por definición y el medio artístico (por qué no?) del ‘drag’ o el ‘fetichismo’, para ser más exacto. Al respecto Pacheco dice que lo que hacen estas imagenes es ir en ‘dirección contraria, la posibilidad de manipular sus resultados alejándose de ese mandato de ser réplica de lo real, retrato fiel de lo que nos rodea, negando la idea de “fotografía correcta” sobre el valor de su máximo acercamiento a la captación de la “verdad”’. Esta distinción entre ‘fotografía correcta’ e ‘incorrecta’ remite a una oposición imaginada y moralizada por Pacheco entre ‘mímesis’ y ‘corrección moral heteronormativa’. Esto en los sesenta y principio de los setenta en medio de la revolución sexual en el Norte Global y su tímida reverberación Argentina de épocas del Di Tella y en medio de dictaduras como la de Onganía y la del Proceso (pronto a ocurrir) amerita mucho más contexto y especificación; sobretodo si se la transforma en fuente de valor artístico.

Sin embargo, a lo que Pacheco parece referirse es a la manipulación estetizante de las imágenes que aparecen ‘veladas’ o en las que se juega con el velo (de la manipulación técnica de la fotografía) para cristalizarlas con un nuevo tipo de corrección que tiene que ver con la tradición de la vanguardia (en tanto ‘arte de vanguardias’) y estoy pensando, por supuesto, en las fotos en drag de Marcel Duchamp por Man Ray y tambien en cierta noción estereotipica de la erótica fetichista. Es por esto que lo que el curador ‘homosexual no queer’ (Pacheco) ve como una manipulación estetizante y alegorizante de lo correcto; yo (que, por el contrario, me considero un ‘homosexual queer’) veo como un proceso un tanto más complejo de negociación desde un punto de vista heteronormativo de una incorrección aceptada por aquello que ellos mismos definen como ‘lo correcto’. Dicho de otro modo, estas imagenes plantean un erotismo que sólo se pone a prueba en tanto parodia de sí mismo y eso lo hace usando las formas y estéticas autorizadas del erotismo occidental en donde lo incorrecto se negocia formalmente a traves de un ‘velo’ (producto de la manipulación técnica del medio fotográfico). Lo que estas imagenes de Bony nos permiten ver es lo limitada de la revolución sexual en la Argentina en ese periodo transicional y terrible entre la dictadura de Onganía y la debacle de Isabel Perón.

Asimismo, el modo neo-concreto y geométrico (con una sorpresiva proliferación de cruces) en el que las fotos han sido organizadas en la pared nos permite ver las limitaciones interpretativas de una generación que si bien puede querer actualizarse en lo queer, pone en evidencia sus propias limitaciones. No debemos minimizar la prevalencia de la represión y sobretodo de la homofobia internalizada durante la Post-Dictadura e incluso, hasta el presente; sobretodo, en el contexto del arte de ‘elite’. J A T

 

 

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