En la edición online de Architectual Digest hay una sección lateral que se llama AD IT YOURSELF y está dedicada a las casas ‘hechas por sus dueños’. En este caso, nos adentramos en la casa de playa de Ximena Caminos, la ex de Alan Faena y madre de su hijo. Lejos del lujo decadente que podriamos esperar de alguien vinculado con el posmodernismo post-menemista del desarrollador en el que ella ha tenido un rol protagónico, nos damos de frente con otro tipo de decadencia que tiene que ver con su supuesta y, diría yo, cínica vocación por la conservación ecologista. Esto se ve en diferentes momentos de la charla; sin embargo, el que vale la pena rescatar es el que tiene que ver con su ‘favourite spot in the home: the living room’.

En sus propias palabras: “The table is amazing,” Caminos insists, and it attracts a lot of attention. But, Caminos adds, people can’t buy it “because it’s made from a wood that’s now extinct.” Ricardo Paz, an Argentine furniture designer, scoured the extremely heavy wood from a now defunct forest and used it to build this one-of-a-kind design. “It’s one of my favourite pieces,” Caminos says.

En estos detalles es donde este blog se vuelve valioso por que puede dar cuenta, con pruebas, de quién es este señor. Ricardo Paz es un furniture dealer de muy poco vuelo pero un ego desproporcionado que, oh sorpresa, aterriza en el hogar de esta mujer y si ella lo está mencionando es porque están intentando promocionar sus ‘objetos’. Hasta aquí nada sorprende y cualquier consideración valorativa acaba siendo una cuestión de gusto; es decir, meramente subjetiva. El problema viene cuando se levanta a alguien como Ricardo Paz que ha basado su modelo de negocio en la rapiña de muebles que compra por dos pesos a empobrecidos y, muchas veces, desesperados pobladores de Santiago del Estero para venderlos en dólares en la Ciudad de Buenos Aires. Esto es algo que hace con indigenas pero también con campesinos a quienes saca su mobiliario por muy poco dinero y acaba alterado el ecosistema visual de sus casas. Esto puede parecer una exageración pero no lo es porque tiene que ver con ya no la preservación del ‘patrimonio cultural’ ya no desde el punto de vista del ‘interés público’ y, como diría Rodrigo Alonso, de la ‘esfera pública’ sino, más bien, teniendo en cuenta la calidad de vida de aquellos a los que cínicamente se los valoriza para acabar dejandolos en un lugar desfavorecido. Esa mesa que Paz le saca al campesino usando la violencia del libre mercado y una serie de promesas que nunca se cumplen, es una mesa que esa persona construyó durante mucho tiempo y usa a diario para, de pronto, ser reemplazada por una mesa de plástico comprada a los apurones. Además, hacer muebles con un bosque extinguido es un acto de rapiñaje anti-ecológico si esta madera está, efectivamente, extincta. Esto es un tipo de extractivismo análogo a lo que en otra escala hace la minería o la industria hidroelectrica que acaba destruyendo los territorios ancestrales de comunidades aborígenes, por ejemplo.

Recordemos que fue Ximena Caminos, la supuesta luchadora en favor del conservacionismo quien proponía hundir primero en la arena y luego en el mar, los autos instalados en el contexto de Art Basel por el plagiador de Leandro ‘Chorizo’ Erlich. Una banda de mamarrachos con egos demasiado inflados, desprecio por el arte y demasiada ambición. J A T

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