Algo que fascina es el lugar de Flor de la V en, por llamarla de alguna manera, la escena queer local oficial. A esta altura, puede decirse que la vedette ha sido un puente entre cierta idea de lo trans/travesti como circunscripto al under (encarnado por Batato Barea y otros) y el mainstream misógino, coptado desde la década del 1980 por figuras como Porcel, Olmedo, los hermanos Sofovich, etc. En ese contexto, y para complacer a ambas audiencias, Flor de la V ha sido una figura, necesariamente, ambivalente ya que, por un lado, ocupó, el rol del travesti bufón que era objeto de los chistes machistas de los capo cómicos mientras que por el otro, mientras cedía a los designios heteronormativos convirtiendose en una ‘madre argentina y cristiana, jefa de familia’; tambien ayudaba, como pocos como ella, a naturalizar la existencia de cuerpos polimorfos y sexualidades alternativas en el eco sistema social. Sin ir mas lejos, Flor de la V es un personaje que en un país reprimido y conservador como la Argentina (a pesar de que la politica cultural del gobierno sea plantear lo contrario) ha connotado la idea de que un hombre activo en la intimidad puede ‘performar’ como ‘madre argentina’ en el espacio público. Esto no es poco, en un pais en el que ser homosexual pasivo sigue siendo un insulto. Pero, como digo, Flor de la V es profundamente ambivalente y en tanto tal es una buena alegoría de nuestro país, ya que si bien por un lado juega ese doble juego; al hacerlo, no hace otra cosa que reafirmar una y otra vez ese muy Maquiavélico y dictatorial cinismo argentino según el cual lo público y lo privado no solo están sino que deben estar totalmente separados.

Alguien que se ha colocado tan temprano en un lugar tan estratégico en los debates de la liberación sexual en la Argentina debe ser alguien con una gran capacidad de adaptación y a las pruebas me remito ya que el mayor desafío para alguien como ella es haber sabido, elegantemente, retirarse del lugar de ‘bomba sexual’. Es por esto que primero intentó convertirse en una suerte de valuarte de la alta costura pero el presupuesto le falló y la muerte temprana de su amigo Jorge Ibañez la dejó sin vestidos. Mientras el publico parecía abandonarla en medio de debates (por ejemplo con Lanata) que la dejaron desamasiado expuesta como ‘mujer loca’ o ‘mina complicada’, depronto se reinventa como columnista de la Página 12 oficialista; en un contexto de empobrecimiento general del nivel de analisis en la prensa argentina. Al comienzo firmó timidamente en el devaluado suplemento SOY para poco a poco, acercarse a Gisela Marziota y asegurarse un puesto de panelista en Canal 9 y un lugar de columnista en el mencionado diario, propiedad del sindicalista Victor Santa María, padrino de la candidata. Hasta acá todo muy lindo; sin embargo, su estilo de escritura no la ayuda y, para decirlo en dos palabras, resulta exasperante. Veamos…

En su artículo de ayer sobre los Juegos Olímpicos su reflexión no puede superar la confirmación de sus gustos. Su nivel de autorreferencialidad y su solipsismo rozan lo patético porque aburren ya que las cosas no son relevantes o interesantes porque a uno le gusten. Por ello para ella es: ‘a mí me gusta’ y ‘a mí me encanta’. Es como si trasladara al texto, el ethos de Instagram y la idea del ‘like’ pero articulado en la estructura de sujeto, verbo y predicado que usa una y otra vez para anclar su pensamiento en algun tipo de criterio estetico que connote cierta lógica. Desde ya, el resultado es una suerte de montaña rusa sintáctica en la que un latiguillo sucede al otro y la prosa funciona como un martillo de mí, mí, mi.

Con Ustedes, Florencia de la V y su prosa:

Jamás imaginé que sería tan fanática de los Juegos Olímpicos. No puedo dejar de mirar cualquiera de las disciplinas. Siento que nos hizo juntarnos como si se tratara del mundial e introdujo en las charlas cotidianas el lenguaje del deporte olímpico. Además, el desfile de deportistas que nos enorgullecen nos ha provisto de una catarata de emociones. En esta ocasión, no solo por la satisfacción de sentirnos representados como nación, sino también porque conmueve tanto esfuerzo colectivo e individual y todos los sacrificios que han hecho para estar ahí.

Es inevitable que pensemos en los reclamos de lxs deportistas el año pasado y su imposibilidad de entrenar debido a las restricciones. Yo me pregunto: ¿estuvo bien que aquellos que debían representar a nuestro país en las Olimpiadas no pudieran entrenar por tanto tiempo, incluso aplicando los protocolos adecuados? Hoy se les exige y todxs estamos pendientes de su rendimiento, pero creo que es importante no perder de vista que ha sido muy difícil para ellxs.

Por otro lado, fuera de lo anecdótico de la competencia diaria, lo que más me emociona de esta última edición es el modo en que se reafirman las nuevas generaciones. Me conmovió ver a Tom Daley, exultante tras lograr la medalla de oro para Gran Bretaña en la especialidad de nado sincronizado, diciendo: «Me siento muy empoderado porque cuando era más joven pensaba que nunca iba a lograr nada por ser cómo era». Me produce una gran satisfacción semejante acto de orgullo en este contexto porque es una inmensa postura política. Y esto no termina acá, estos juegos exhiben profundos cambios sociales que está viviendo el mundo; uno de ellos fue la participación de Quinn la primera persona no binaria en competir en olimpíadas. Ahora espero con ansias el debut de Laurel Hubbard, la primera atleta trans en competir luego de que el Comité Olímpico Internacional cambiara sus reglas y permitiera que participantes como ella pudieran ingresar, siempre y cuando sus niveles de testosterona estén por debajo del límite preestablecido.

Algo importante está ocurriendo en estas Olimpiadas, sí, pero el sexismo sigue firme, a pesar de los avances del feminismo a nivel mundial y de la necesidad urgente de cambios en los reglamentos para varias disciplinas. Modificaciones que no influyen en el desempeño deportivo de lxs atletas. Me refiero, por ejemplo, a la multa que recibieron las jugadoras de handball playero de Noruega por no respetar el reglamento de vestimenta y salir a jugar en shorts frente a España. Por suerte, la noticia de la sanción levantó todo tipo de críticas y solidaridad con las atletas, a tal punto que la cantante Pink se ofreció a pagar la multa económica impuesta a las atletas. En un escenario similar, las gimnastas alemanas dejaron atrás la malla tradicional y salieron a competir con trajes enteros en total repudio total contra la sexualización de las deportistas de esta disciplina.
Se trata de debate que se viene dando hace años en el deporte. La sexualización no solo funciona en el nivel social sino que también opera desde la normativa: el reglamento de la Federación Internacional de Handball exige que las mujeres atletas usen bikini con un agarre ajustado y con un corte elevado sobre la parte superior de la pierna, y aclara también que el ancho del costado tiene que tener diez centímetros, mientras los hombres deben usar shorts. Así como las atletas fueron multadas por romper el reglamento, ¿la FIH no debería ser multada por sexista?

Esta polémica trajo una anécdota de las Olimpiadas 2016 en Río. Fue el partido entre Alemania y Egipto, en que una fotografía captó perfectamente a dos mujeres obligadas a vestir de acuerdo con el mandato de los hombres: una, con su cuerpo totalmente cubierto salvo su rostro y la otra, exhibiendo el suyo.

Es hora de pensar en el futuro de quienes practican deportes sin marcar diferencias y empezar a registrar aquellos aspectos que nada tienen que ver con el espíritu deportivo sino con seguir replicando paradigmas de tradiciones retrógradas y discriminadoras. No es algo grave tener modificar los reglamentos y estatutos: un deporte no se sostiene por sus reglas, sino porque quienes lo practican disfrutan de hacerlo. Después de todo, para hacer una revolución siempre es necesario hacer temblar algún que otro cimiento.

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LA PRESENTACIÓN OFICIAL DE LA SEGUNDA EDICIÓN EN UN MES DE MI ‘HISTORIA A CONTRAPELO DEL ARTE ARGENTINO’ ES ESTA…

 

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MI CHARLA CON PIO TORROJA SOBRE FRAGMENTAR EL FUTURO DE YUK HUI

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