Estos días me ví envuelto en una discusión que en principio no comprendí. A guisa de simplificar el debate reduje al siempre bizantino mensaje de Pio Torroja (quien no se quiere vacunar) a uno muy básico: ‘Ni en pedo me vacuno’. Al titular el post así, Pio puso el grito en el cielo y se desató una polémica. Desde ya, la polémica tuvo dos caras: por un lado, los que lo acusaban de lo obvio y por el otro, él que me acusaba de reducir una discusión más compleja al binomio ‘vacuna sí’ versus ‘vacuna no’. La postura de Pio y Corbalán exige en principio más retórica…’hablar más in extenso’ ya que ‘el problema es el reduccionismo y el debate vacuna sí o vacuna no es, según ellos, ‘super -reduccionista’. Corbalán dice apelando a la teoría del afecto: ‘Es como decir pasa por este lado para que todo pueda seguir’. Para ellos ‘esto (el reduccionismo o la opción de la grieta) no es así ya que una serie de decisiones que vienen atadas a la más básica, nos hacen ver el escenario de forma completamente distinta’. Para Corbalan ‘la crisis sanitaria es una crisis economica y politica en las que él cree que muchas tecnologias que estaban separadas están yendo a un punto de convergencia. Por ejemplo, la escuela ha quedado desarmada. Incluso el Nacional Buenos Aires y el Pellegrini están vacíos. Las instituciones han sido defondadas por la crisis. Y la vacuna es un tema más entre esos. Tiene que ver con repensar qué es la salud pública. No es una cosa Foucaultiana. Tiene que ver con los alcances de ciertos sistemas y ciertas tecnologias que están en crisis. Qué es hoy la salud pública? La izquierda y la derecha se pelean pensando en que lo único que se puede hacer es vacunar. Entonces uno le dice al otro: “Te robaste las vacunas!’. Y agrega: ‘Es lo mismo que la adiccion a los opioides’. Y remata: ‘Ya no hay nada que no quede alcanzado por un problema de confianza; entonces Europa que se supone, en la década del 90 armó todo un aparato de sistemas de precaución -cómo no hacer daño-; ve todo ese paradigma arrasado y ya no existe la idea de preocupación sino que son directamente medidas unilaterales que bajan. Ademas se perdió la ceremonia de la muerte. Alguien muere y desaparece lo que esta vinculado al avance de una ley de eutanasia. En este contexto, las agendas de decolonización o idenitidad de género quedaron disueltas. Calló todo el mundo. Todo quedo licuado. La idea de que toda la administracion cultural es un sistema de planeros es para trasparentar una politica de subsidios que es la única opción productiva de acá a un tiempo’.

Para Corbalán y sospecho que para Pio Torroja vamos camino (si es que ya no vivimos) hacia una destopía en la que los contenidos simbólicos (instituciones, discursos, y demas) se licuan. La principal razón de esto es la abolición de la socialidad. Sin socialidad no hay ni presente ni future. Es muy dificil no estar de acuerdo con que la homologacion de las politicas de identidad con las politicas de asistencia social son el manotazo de ahogado de un gobierno (o, mejor dicho, de una serie de gobiernos) fundado en actos elocucionarios, es decir, semióticos. Con esto quiero decir que son gobiernos (los argentinos) construidos a partir de promesas, debates y discursos. Es más, el mainstream mediatico argentino está construído en esos términos. Si se quiere mi cancelación, incluso en la instancia de Mari Carmen Ramirez, comenzó y terminó con palabras sin sustentos materiales ni de realidad. Fue todo un juego retórico manipulado por aquellos con poder (de izquierda y derecha) creyendo haciendo daño sin saber siquiera lo que estaban haciendo (convirtiendome en best seller). Si se quiere el problema tiene que ser enmarcado en el posestructuralismo mal entendido aprendido en las universidades argentinas y como ese debate aparece como material fundamente de todo intento de realidad fundada en la construccion de un espacio publico. Pero hay una diferencia entre esa concepción ‘ideática’ de lo publico y socialidad, en tanto, espacio material de sentimientos y sensaciones y, por supuesto, enfermedades.

En realidad, el planteo tanto de Mauricio como de Pio considera reduccionista la opción de la vacuna porque entiende que la misma es la expresion de esa distopia omnitecnológica que en tanto significante flotante nunca acaba de ser situada. Yo entro a esta discusión bien situado…. como HIV positivo. Diariamiento tomo anti-retrovirales que de no tomarlos dejarian a mi sistema inmunologico vulnerable a recibir cualquier enfermedad. Mi generación y las previas a la mía no contaron con el lujo ni con el consenso social para lograr que se llegue a una vacuna del eficaz modo al que se llegó a la del COVID y es tal vez por eso que estas dudas respecto de vacunarse sí o vacunarse no, no son otra cosa que debates de privilegiados blancos de la Ciudad de Buenos Aires con opciones suficientes como para decidir qué hacer con sus vidas; incluso, como Pio, al punto de reclamar a tono neo-libertario (y estoy pensando en el padre filosofico del neoliberalismo) que uno tiene derecho sobre el propio cuerpo ya que este, de ningun modo, puede ser sujeto al interes publico. Esto significa que dadas determinadas condiciones Pio aceptaria a la esclavitud como una opcion de libertad individual.

Pero tenemos que seguir situando este tipo de opinión porque por un lado la ubicuidad de la teoria posestructuralistas entre los sectores blancos de clase media y media alta ilustrada porteña generó un gusto por las terceras y cuartas lecturas. Sin embargo, desde medidados de los 1980s, el modo en el que los argentinos (los porteños), sobretodo los jovenes, pudieron procesar el trauma de lo acontecido a sus congeneres en las Malvinas y los miedos que sobrevivinieron con la crisis del SIDA y el neoliberalismo menemista fue mediante la proliferacion de terapias alternativas, reiki, filosofia sufi, yoga, meditaciones, etc. Recordemos que Feliciano Centurión y Omar Schiliro se negaron a tomar la AZT por creer en medicinas alternativas y esoterismos promovidas en revistas como ‘Conocer y Saber’. Este fue tambien el caso de Liliana Maresca quien pintó su cuarto de blanco y su obra del final de su vida deviene en lisa y llanamente alquimica al son de Ludovica Ezquirru. En gran parte de la zona norte, desde entonces, han proliferado sectas que creen que los ovnis aterrizan en el Delta o que los pleidianos están entre nosotros esperando a actuar. En el fondo, lo que hay aquí es un reclamo de privilegio en forma de conocimiento. Aquellos que defienden el planeta lo hacen de la mano de conocimientos multigalácticos o Budistas (que llegado el caso son lo mismo) y eso los hace portadores de un saber que otros no tienen. Nuevamente una construccion de identidad basada en cierto privilegio blanco. El postructuralismo se empalma en esto y llega a la complejización de la realidad como una actualizacion del esoterismo dentro de un esquema paranoide y melancolico segun el cual todo va para mal y va a ser peor. Lo cierto es que el virus es una realidad y no vacunarse implica poner en peligro al resto de la sociedad. La confusión de lo publico con el estado viene de la mano de la confusion entre postructuralismo y critica social. Necesitamos la mayor cantidad de vacunados como para poder controlar la apertura de la economia; esto en caso de que se acepte que en la Argentina todavia hay algo por el estilo. El resto es zanata esoterica posestructuralista financiada por el Estado o Papá. J A T

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