Uno puede criticar a las crónicaS de Copito Martinez Quijano pero sólo alguien que ha estado bebiendo en prácticamente todas las inauguraciones de los últimos cuarenta años puede hacer preguntas elementales que nos permiten sacarnos de los lugares comunes y esto es lo que hizo en su articulo sobre el relanzamiento de ArteBA en el Arenas Studios. La pregunta es simple: Tras tanto apoyo estatal, cómo es posible que sólo dos galerías argentinas jueguen en primera. A esto debo aclarar que jugar en primera significa ser aceptadas en las principales ferias del mundo como Art Basel de vez en cuando y con financiamiento de los contribuyentes argentinos (fondos que nunca volverán a ver como retorno a la inversión) ya que de ninguna manera estas galerías pueden competir en plano de igualidad con galerias corporativas como Gagosian o White Cube.

Esa pregunta pone el marco necesario para analizar el presente de ArteBa que jamás fue una feria de arte sino una vidriera en la que las reputación de las galerías se comparaba para eventuales compras futuras que tal vez si llegaban. Esto es importante de comprender porque lo que ocurrió tras la debacle que tuvo a la cabeza al tandem Julia Converti/Alec Oxenford (una decapitada y el otro sobreviviente) fue que lo único que la feria podía ofrecer (es decir, cierta visibilidad publicitaria) de pronto se desavaneció en el aire. Antes de la crisis, las galerias ponian todo su presupuesto en publicidad que, en lugar de invertir en gráfica (de hecho no hay ni una revista nacional de arte) o en afiches en la via publica sino en el pago del stand de ArteBa. Tras la crisis de credibilidad Oxenfordiana, ni eso queda. Yo diría que ese es el legado de Oxenford en la cultura argentina.

Fue por esto que la nueva gestión liderada por Larisa Andreani con su vicepresidente el coleccionista Mallea, se impuso un trabajo de pesificación, consolidación y reducción de las expectativas. El primer paso era salir de la Rural cuyos costos ya resultaban imposibles para las galerias locales por lo que un stand pasó a valer en este momento como mucho 7000 dolares. Esta es la prueba de la verdad que este blog ha venido remarcando y es que la existencia de un mercado de arte interno es una total fantasía. Que en la mayor feria de arte nacional se paguen esos alquileres no significa otra cosa que que no se vende y el que paga esos bajos precios lo hace para mantener la fantasía de que el mercado en algun lugar existe. En el caso de Benzacar ha sido una plataforma para directamente lucrar del Estado. Dicho de paso, el lugar elegido es el Arenas Studios de La Boca, un lugar al que el coleccionismo internacional no va. No hay facilidades de acceso salvo que se crea que a una feria se puede acceder con un taxi desde el Alvear. Eso es una locura.

El otro problema es de recursos humanos ya que la salida de la anterior presidenta tenia parcialmente que ver con su descontento con los manejos y puenteadas al pedo de Converti y de Oxenford aunque, en realidad, su descontento es, mucho más fundamental y tiene que ver con el impuesto kirchnerista a la riqueza que sobrevino a la gestion de Alberto Fernandez; el que, por cierto, licúa cualquier fortuna en menos de veinte años. Ama Amoedo no se fue del pais en desacuerdo con el consejo directivo de ArteBA sino que huyó para no perder su herencia.

Ahora bien, cual es el lugar de arteBA en el escenario internacional y por qué el Estado no pudo lograr que el coleccionismo y las grandes galerias se la tomaran en serio? La repuesta es el directorio. Una visita a la casa de Oxenford es, literalmente, un incendio social ya que su colección es un papelón. La única que podía salvar las papas era Ama y salió huyendo a proteger su patrimonio en un acto de suprema inseguridad financiera que espanta a jugadores como Gagosian. Por eso no es de extrañar que San Pablo nos haya superado. Está lisa y llanamente en otro nivel.

Este blog siempre criticó el modo en el que ArteBa se había convertido en una suerte de mutual en la que se transformaba artificialmente visibilidad y publicidad institucional en compras de arte. Eso era mentira. Es no es mercado sino, en todo caso, relaciones publicas e institucionales. Uno no puede dinamizar un mercado así. Nadie parecía entender esto o se cegaban a hacerlo. En los tiempos en los que las ventas estaban aseguradas primero por programas burocráticos, estatales y privados con empresas como Chandon, Zurich, Santander, Banco Ciudad, IRSA, Mercedes Benz y otras, financiando proyectos y un porcentaje de las compras; eso era insuficiente.  Después, el Estado, a través de la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional de la Cancillería, cursaba invitaciones a los museos Internacionales y los teóricos del arte pero cómo lo hizo y para qué. El diplomático Lucas Gioja observó que con esta ayuda invitaron a gente de la Tate Gallery de Londres, el MOMA, el Broad Art de Michigan, el Museo Guggenheim de Nueva York, Los Angeles County, Arte de Lima, el Tamayo de México o el Reina Sofía de Madrid, entre otros. A quién? Los potenciales compradores no estaban servidos en bandeja como dice Copito Martinez Quijano sino que no era la gente correcta.

El problema continúa ahora pero está agravado por la mediocridad absoluta de su Consejo de Administración de la Fundación integrado hoy por Andreas Keller, Alejandro Corres, Cecilia Remiro Valcárcel, Carolina Bicquard, Francisco Ortega, Andrés Brun, José Luis Lorenzo, Sofía Weil de Speroni, Alex Oxenford, David Tonconogy y Leticia Kabusacki, nombró a Andreani y al coleccionista Eduardo Mallea como vicepresidente. Todos trabajan ad honorem y no hay gerentes lo que tampoco es bueno. Se castigó a Converti pegandose un tiro en la estructura ejecutiva misma de la Fundación. Para peor se cambió al curador por el supuesto perfil intelectual de la nueva directora, Lucrecia Palacios Hidalgo, con antecedentes laborales en el Malba, el Museo Moderno y la editorial Adriana Hidalgo; todos de segunda linea. Luego, Maia Güemes recuperó su cargo en comunicación que, a esta altura, es el unico que puede llegar a contar para algo.

Entre lo nuevo se plantea un tercer pabellon (los patios) en los que se instalarán instalaciones, performances, actividades sonoras; en otras palabras, en donde se hará el ruido ‘modernoso’ que convencerá a todos de que algo pasa cuando en realidad, ArteBa se esta cerrando hacia adentro. Al buscar masividad en un lugar no preparado para ello, ArteBa se da por vencida con transformarse en una feria comercial de arte para intentar ser una vidriera capaz de hacer un poquito de ruido. Patético. J A T

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