Estaba anoticiado de que el Museo Nacional de Arte Decorativo estaba buscando un proyecto instalativo con cierta proclama ecológica y el elegido no ha sido otro que Gaspar Libedinsky (Buenos Aires,1976) quien en Instagram se define como ‘visual artist, architect and curator operating between the urban and the intimacy of the body’. El uso del verbo ‘operating’ es bizarro ya que este hombre Renacentista (artista, arquitecto y curador) que, seguramente, se ve a sí mismo como parte de la saga de otros arquitectos artistas tan Renacentistas como él, como Raphael o Pietro da Cortona, tambien se ve como un operador que vincula la esfera de lo público (lo urbano) y lo privado (la intimidad del cuerpo). Miguel Angel? Sería interesante ver cómo hace esto. Ese es el gran interrogante?

La anunciada instalación para el Museo en cuestión es decepcionante ya que supone ser un arrecife de coral para llamar la atención al peligro ecológico al que estas formaciones naturales están expuestas y viniendo de un arquitecto, era de esperarse cierto virtuosismo en la producción. Sin embargo, la inversión no parece haber sido decisiva y lo que supone ser una superficie irregular acaba siendo una especie de tundra patagónica hecha de plumeros teñidos de un rojo que ni siquiera es coral. El resultado es muy uniforme y simétrico. Un trabajo de arte abstracto y no la representación mimética de una formación natural altamente compleja e inestable.

Recordemos que un arrecife de coral es una estructura subacuática hecha del carbonato de calcio secretado por corales. Es un tipo de arrecife biótico formado por colonias de corales pétreos, que generalmente viven en aguas marinas que contienen pocos nutrientes. Los corales pétreos son animales marinos que constan de pólipos, agrupados en varias formas según la especie, y que se parecen a las anémonas de mar, con las que están emparentados. A diferencia de las anémonas de mar, los pólipos coralinos del orden Scleractinia secretan exoesqueletos de carbonato que apoyan y protegen a sus cuerpos. Esto demuestra una gran complejidad que la simplificante confección de Libedinsky directamente borra con el codo. Para qué embarcarse en semejante proyecto si no se tiene ni la tecnología, ni la investigación, ni la mano de obra necesaria para hacer honor a lo que se quiere representar.

Es obvio y evidente que Libendinsky decidió trabajar con la contradiccion entre el material plastico usado y aquello que hace que los arrecifes de coral estén en peligro. Pero eso, en tanto tal, transforma a su trabajo en un mero gesto o un comentario visual sobre algo mucho más complejo que el artista/arquitecto/curador parece ni animarse a abordar. Eso a pesar de su autoproclamada operacion entre el mundo de los sistemas y el mundo de la vida. Una pena. J A T

 

 

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