Mientras en el Estado de Texas y pronto Mississippi, el aborto ha dejado de ser legal; en la Argentina, los ecos de las proclamas de #NiUnaMenos ocurrido en un contexto de hiper-politización de las políticas de identidad se van vaciando de contenido, de manera acelerada, mientras la derecha integrista y violenta avanza, lentamente. Ayer un amigo me enviaba el video de la candidata a Senadora Nacional por Juntos por el Cambio por la Provincia de Santa Fe, Carolina Losada y debo admitir que recién entiendo de qué se trataba y qué es. Ayer, pensé quera un chiste de una modelito mal duchada. Nunca pude asociar su actititud retórica y exageradamente sexy y provocadora, su ropa de gimnasia que más que eso es ropa interior con un llamado serio al votante argentino. Esto, desde ya, está vinculado a las declaraciones de Victoria Tolosa Paz, precandidata a diputada de la provincia de Buenos Aires por el Frente de Todos, sobre la reivindicación del goce y el disfrute como parte importante de la vida de los jóvenes. Las palabras de Tolosa Paz fueron: ‘En el peronismo siempre se garchó, es así’ y las de Losada vincularon la palabra ‘calentura’ como enojo con calentura como ganas de coger. En sus propias palabras: “Hola grupo. Sé que muchos de ustedes están muy calientes y que incluso algunos piensan en no ir a votar este domingo”.

Esto tiene dos partes. En primer lugar, la total subestimación del votante. Este tipo de mediatización de la elección construye un ciudadano que vota con la pija y no con la cabeza. No hay duda de que el modelo de ciudadano favorecido por el sistema politico actual es irracional. En segundo lugar, la banalización del motto feminista tomado por #NiUnaMenos a partir del 2015 respecto del derecho al goce como una reapropiación del cuerpo femenino (más concretamente su útero) controlado por el Estado mediante la prohibición del aborto dado que, según esa posición patriarcal, el cuerpo femenino tendría una función social que es de interes público por lo que debe ser controlada. Tanto en Tolosa Paz como en Losada, la subestimacion del votante como el vaciamiento del discurso de reapropiación del cuerpo por medio del goce como arma de resistencia contra el patriarcado se transforman en argumentos muy peligrosos porque no hacen otra cosa que confirmar las crítica de la ultra-derecha. En este sentido, la historia parece repetirse en la Argentina.

El gobierno de Macri con la revolución de la alegría y luego el de Fernandez con la transformación de las políticas de identidad en política de Estado no hicieron otra cosa que desatar una retaliación de chavacanería cultural cuyo principal resultado es que ya no se nivela para abajo sino que se compite electoralmente para ver quien pueden nivelar para abajo más rápidamente. Desde ya, no quiero entrar en teorías conspirativas pero el resultado ha sido un exodo de talento joven sin precedentes y una reedición del tipo de confusión en materia de libertad sexual análogo al de la apertura democrática durante la década del 80 que redundó en los 90s en el retorno neo-conservador de Menem y que seguramente, será el caso en cualquier momento. Lo que queda claro es el modo en el que el progresismo ha implosionado culturalmente al no poder contraponer un modelo de país más serio y viable contra la banalidad filo-pornográfica de la revolución de la alegría. J A T

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