Este artículo es de Clarín del 23 de Julio del 2002 (el original puede verse online haciendo click aqui)

Desde hace una década, el mural Ejercicio Plástico, pintado por el mexicano David Alfaro Siqueiros en la Argentina en 1933, se encuentra en un ominoso corralito de acero y cemento, sin que pueda ver la luz, ser exhibido ni preservado como corresponde.

Al parecer, iba a seguir ahí indefinidamente, ya que el 4 de enero el presidente Eduardo Duhalde vetó la Ley N° 25.534 aprobada por el Congreso Nacional el 27 de noviembre pasado, por la cual se declaraba “de interés histórico-artístico nacional” al mural.

El veto cayó como un balde de agua fría en instituciones que —como la Academia Nacional de Bellas Artes— venían bregando para salvar la obra, que se encuentra bajo cautela judicial y, desde 1992, encapsulada en cinco contenedores al aire libre, en medio de una sorda lucha de intereses y litigios que parece no tener fin.

En los últimos días circuló insistentemente una versión que aseguraba la posibilidad de un amparo del juzgado que atiende la causa para facilitar su exhibición temporal en algún lugar público. La Biblioteca Nacional es uno de los sitios que más suenan y también se señala que el armado de las distintas partes estaría a cargo de restauradores mexicanos.

De todos modos, el proyecto nunca pasó por el área de Cultura de la Nación, según le aseguró a Clarín su subsecretario, Rodrigo Cañete. “Cualquier paso es bueno, sobre todo si facilita que el mural sea visto y declarado patrimonio artístico y cultural de la Nación, que es lo que viene reclamando la sociedad”, dijo el funcionario. “Sólo así”, añadió, “evitaremos que pueda ser exportado y vendido en el exterior”.

En los sorprendentes argumentos esgrimidos en el decreto firmado por Duhalde, se decía que “la autoridad administrativa no ha podido constatar el estado del mural” y por lo tanto “determinar las necesidades que requerirá su conservación eventual, gastos y previsión presupuestaria”. Clarín quiso saber qué es lo que impide constatar su estado. “Nada. Hay que tener la voluntad y lograr la respectiva autorización en el juzgado correspondiente, que no puede negarse a eso. Es más, debe colaborar para que así sea.”, dijo Cañete.

Y hay antecedentes. En marzo de 2001, el juez de la Nación Juan Manuel Gutiérrez Cabello viajó a la localidad de San Justo e inspeccionó los contenedores depositados en una playa de grúas de Don Bosco. Lo que encontró preocupó a Cabello: no había condiciones mínimas de resguardo ni los instrumentos necesarios para conservar una temperatura estable entre los 18 y 21 grados, tal como exige la preservación de las obras de arte.

Luego, en una mesa redonda organizada y coordinada por Rosa María Ravera, presidenta de la Academia Nacional de Bellas Artes, se mostraron las fotos tomadas ese día y los ingenieros que hicieron el desguace de la obra admitieron la existencia de humedad y posibles daños. Entre los presentes se encontraba Américo Sánchez, director del Museo Diego Rivera, de Ciudad de México, que no pudo disimular su disgusto.

Pintado junto a Lino Enea Spilimbergo, Antonio Berni y Juan Carlos Castagnino, el trabajo de Siqueiros inaugura el muralismo en la Argentina y es considerado por expertos de México y de otros países como una obra maestra del arte del siglo XX. Víctima de turbios manejos, se trata de definir, entonces, si esta obra esencial de nuestra historia cultural merece formar parte del patrimonio artístico de los argentinos, sea cual fuere su estado. Todas las entidades vinculadas a la cultura han dicho que sí. Lo ha dicho el Congreso de la Nación mediante la Ley 25.534 y lo ha dicho el Congreso de la provincia de Buenos Aires, mediante otra ley aprobada en 2001.

Mientras tanto, el mural de David Alfaro Siqueiros sigue en su corralito de acero y cemento, en lo que es ya uno de los hechos más bochornosos de la historia cultural de los argentinos.

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES CON JORGE PORCEL JR.

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