ESTE TEXTO LO ESCRIBIO INTRANAUTA

La música popular Argentina en su conjunto, sin dudas, está en proceso final de muerte y descomposición final, lo mismo que la nación, de la cual su cultura, es reflejo.
Ya el hedor a necrosis es perceptible, en todos los ámbitos y la segadora se pasea, hoz en mano.
Puede parecer pesimista, pero peor es ser negador.

Todo en esta vida tiene su ciclo, ya no habrá un Piazzolla, un Gardel, un Yupanqui, un Cuchi Leguizamon, un Eduardo Falú, un letrista como Horacio Ferrer, un poeta como Castilla o un Dávalos. Ni un Discépolo, ni un Troilo, ni un Homero Manzi, ni un Homero o Virgilio Expósito.

Tampoco un Spinetta, un García, ni un Pappo, ni siquiera un Paez, un Indio Solari o un Cerati.

Lo que queda son retazos, de gente muy limitada, sin fuego, aburrida, elemental, sin fe, narcisista, con muy poca cultura, muy poco para dar, poca experiencia, mucho nenito de mamá, manijeado por la industria, mucho producto vacío, sin esfuerzo, ni amor por la música. Sin alma.

La música popular está reducida a entretenimiento industrial, para masas de bofes humanos analfabetos espirituales y morales, narcisistas, incapaces de ver algo que no sea la propia nariz.

Por suerte la muerte barre con todo y es implacable y está acabando sin piedad con toda la banalidad que edificamos durante 200 años y un poco más.

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES CON JORGE PORCEL JR.