En 1972, cuando Jonathan Franzen, uno de los escritores más leídos de las últimas decadas y cuyos libros han marcado un modo de entender lo humano, tenía trece años, pasó parte de su adolescencia en un grupo religioso comandado por el pastor Bod Mutton que lo marcó para siempre. El grupo en cuestión era un grupo cristiano de inspiración hippie menos preocupado en leer la biblia que en hacer ejercicios de ‘autenticidad’ y ‘confianza de los unos con los otros’. En su autobiografía del 2006, The Discomfort Zone, Franzen le dedica un apartado a Mutton donde lo halaga por su ‘violenta alergia a la religiosidad’. Era obvio que para Franzen lo atractivo del grupo era su socialidad pero más al estilo de su literatura y de su concepción de los seres humanos, Franzen sospechaba que sus compañeros posaban como autenticos y abiertos. El colectivo y la presión de los pares lleva a conductas afectivas por las que se busca aprobación pero que no vienen de un lugar verdadero. Algo muy parecido ha venido ocurriendo en el mundo del arte argentino contemporaneo.

El lector informado de esta reseña sabrá que The Corrections (2001) fue la novela de Franzen que marcó un momento de la literatura en tanto que deconstruia un mundo en proceso de gentrificación a traves de sus estrategias y sus pretensiones. Para Franzen, los personajes tienen estrategias y motivaciones, siempre. En The Corrections (2001) detectaba una corriente de insatisfacción en el país más poderoso de la tierra justo despues de su victoria ochentosa en la Guerra Fría. La clave de Franzen es que mostraba o mejor dicho, anatomizaba, la melancólica autosatisfacción del americano medio haciendo sentir al lector lo suficientemente inteligente como para entenderlo. El peligro de esto es, desde ya, transformar a los personajes en hipocresía pura. Así, Chil Lambert escribe las normas de penalizacion del acoso sexual en la Universidad en la que trabaja mientras comete acoso sexual; Walter Berglund, quien se pasa noches desvelado preocupado por la catastrofe ecologica, no duda en agarrar una coima de un magnate petrolero en Freedom (2010). La pregunta es: es la gente siempre tan hipócritamente transparente? Se puede acusar, como lo hizo tantas veces este blog, a la gente por no ser coherente todo el tiempo? En su ensayo ‘Perchance to Dream’ de 1996, Franzen escribió parafraseando a Flannery O`Connor que la ficción ‘encarna el misterio a traves de los modales’ (o, mejor dicho, de la forma). Aunque, raramente, permite que sus personajes sean misteriosos. Es como si se obsesionara por desnudar sus mentiras y autojustificaciones; lo que acaba haciendo de una manera u otra.

Su nueva novela era muy esperada por mí. Crossroads es su titulo y es parte de una trilogía que se propone ‘diseccionar la vida interior de nuestra cultura’ en los cincuenta años que van de 1971 a hoy. La misma tiene lugar en una iglesia del Midwest norteamericano llamada The Fellowship, mas especificamente en el seno de un grupo juvenil llamado Crossroads. La pregunta que motiva a sus personajes es: cómo ser auténtico y genuino. Cómo actuar de buena fe.

La novela comienza en las semanas previas a la Navidad de 1971 en casa de la familia Hildebrandt cuyo padre es un pastor de la Iglesia de la Primera Reforma perteneciente a un suburbio rico de Chicago. Su relacion con su mujer es distante y fría aunque ella sigue escribiendole los sermones. Sus hijos adolescentes ocupan roles ya familiares para aquellos que leímos libros previos escritos por Franzen. Tenemos a la oveja negra (Clem), la hija favorita (Becky), el hijo brillante pero dark (Perry) y el mas chico, que no logra un lugar en la historia. De todos modos, los hijos de esta familia buscan algun tipo de independencia de su padre yendo al grupo juvenil de la Iglesia coordinado por el rival de su padre, el carismatico Rick Ambrose quien dice cosas como: “Are you willing to leave passive complicity behind you?… Do you have the guts to risk the active witnessing of a real relationship?”

Crossroads, como grupo, hace que tanto Becky como Perry cambien su personalidad. Becky era la tipica reina del prom pero se da cuentra de lo superficial y aburrida que es su vida. Perry usa toda su energia para simular virtud a los fines de ser querido. Esto mientras vende drogas a otros chicos. Lo que me gusta de Perry es lo torturado que es. Odia ser como es. Está todo el tiempo al borde de volverse loco, o al menos, eso cree él. Su determinación es: “to be good. Or, failing that, at least less bad.” No ser perfecto con consciencia del costo de eso y el margen para aùn poder lograrlo.

Mientras tanto Russ, su padre, se resiente y canaliza ese resentimiento metiendole los cuernos a su mujer con una viuda llamada Frances. Otro mentiroso que alcanza a observarse y preguntarse cómo ha llegado a esto. Su hijo Clem lo descubre y lo acusa de debilidad moral por lo que decide irse a servir en Vietnam, sumandose a los grupos de hombres menos blancos y mas pobres que hubieran sido enviados en su lugar. Mientras tanto Marion, su mujer, comienza a hacer terapia. Cree haber vivido una mentira desde su casamiento con Russ al no haberle dicho que tuvo un aborto antes de conocerlo. En el presente, se siente invisible en principio porque está gorda y este es un giro dificil en epocas de cancelación porque Franzen afirma que dentro de la gorda hay una flaca esperando salir.

Dicho de otro modo, en la familia hay cinco dramas diferentes con potencial suficiente para cinco diferentes novelas. El modo en el que estas historias se tocan es en eventos de la Iglesia hasta que llegamos al viaje de Pascuas que se transforma en una catastrofe.

La pregunta que la novela se hace es: qué hace que la gente quiera ser buena? La religión tiene dos respuestas para esto: la relacion que uno desarrolla con Dios y la que uno desarrolla con los otros. Russ sabe que tiene que cortar con Frances pero su culpa lo acerca a Dios por lo que el resultado de la infidelidad no es tan malo, despues de todo: “Writhing with retrospective shame, abasing himself in solitude, was how he found his way back to God’s mercy.”

Esto es lo interesante y tan proximo a mi experiencia, por ejemplo, en Narcoticos Anonimos porque los personajes en el Fellowship no siempre actuan de buena fe. Perry, por ejemplo, se da cuenta de cuan facilmente ser honesto puede transformarse en una cultura de competencia de quien es el mas virtuoso. De pronto, en lugar de hablar como amigos, hablan como promotores de una virtud que siempre es prometida al otro (que se supone que la tiene pero oculta por su falta de participación y compromiso). Franzen encara el ‘absolutismo moral’ de la gente joven del presente sin mencionar la cultura de la cancelación pero Giunta y la mar en coche están muy presentes aquí. Es más, uno sospecha que los personajes de Franzen no son post-hippies sino millenials vestidos de hippies. Yo tuve bastante de esta experiencia con mis amigos ecologistas en Grecia este año. Yo, el morocho, sacaba la basura y el plastico iba bien juntito al resto de la basura por lo que… Franzen da en el clavo con el ‘absolutismo moral’ de una generación demasiado comoda e ignorante.

El viaje de Pascuas ocurre en la segunda mital del libro y es problematica ya que pone a los personajes del libro en contacto con una tradición (los indios navajo) que nunca intentan comprender. En lugar de eso, tienden a confirmar una experiencia previa de Russ con los indios que le permitió, según él, entender los diferentes caminos de la espiritualidad. Desde ya, desde el punto de vista del privilegio blanco, la romantización de la pobreza es la puerta de ingreso al conocimiento de esa espiritualidad. Russ repite una y otra vez: ‘no tienen nada pero espiritualmente son la gente más rica que conozco’. Esto, desde ya, lo convierte en el tipo de visitante que nadie que se respete quiere tener. Los Navajo se le matan de risa en la cara con sus silencios. Por su parte, Russ está convencido de que esos silencios son la expresión del maravilloso misterio que esta gente cultiva.

El problema, como suele ocurrir, es que rapidamente, Russ pasa de estereotipos raciales a fantasías sexuales. Franzen no hace mucho más que esto con esta parte y hay algo de proyección. La escena es interesante pero la abandona rapidamente como si no fuera digna de él. Los indios no son tratados como personajes que merezcan detalles o algún tipo especial de atención. Esto nos lleva a un clasico en Franzen que es recurrir al sexo cada vez que se queda sin ideas. Sus personajes en su casi totalidad o piensan en o han cometido adulterio. Cuando describe las escenas sexuales, lo hace con una sintaxis rara y una terminologia puntillosa pero artificial: “He clasped her delicate head to his chest, and his testosterone manifested itself in his long johns.” Luego: “It was astonishing…how comprehensively his genital nerves now felt connected to her.” What? Para peor, sus personajes creen que el sexo les abrirá ventanas de sentido a sus vidas; cosa que, desde ya, nunca ocurre. Para él, el sexo es un acto solipsista que sirve para algo siempre. Eso es represión puritana.

Para mí, el problema de esta novela es que se presenta como histórica y los personajes, en realidad, no lo son. Son demasiado actuales. Ademas cuando se instala a principio de los 70s, no mira alrededor. Crossroads ocurre en una epoca de corrupcion estatal y ascenso de los movimientos sociales en Estados Unidos. Pero esto en el libro no aparece ni por asomo. Mientras la novela ocurre entre Diciembre del 71 y Pascua del 74, el Watergate no se menciona, ni siquiera Nixon. Clem quiere ir a Vietnam pero el sentido de esa guerra no se discute es casi el fondo de una escena actual e inconexa. Podria decirse que el aisla a los personajes en la Fellowship para evitar tener que referirse a eso.

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES CON JORGE PORCEL JR.

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