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A post shared by Alexis Minkiewicz (@alexisminkiewicz)

Alexis Minkiewitz es inexorable en su determinación férrea por trepar gateando. Sus comienzos en el Buenos Aires de la mano del coleccionista (en sí mismo trepador) Esteban Tedesco han sido extensa e intensamente documentados en este blog. Un momento clave fue cuando en el fallido programa de radio de la Brutita Zacharías, le pregunté qué le parecia que alguien tan cercano participando como miembro del consejo de programacion de la Asociacion de Amigos del Centro Cultural Recoleta incluyera a su ‘amante’ en la programación de ese año. A esa altura, el que otrora fuera un centro de exhibiciones señero en Buenos Aires, aspirante a convertirse en el Centro Pompidou local, ya había incluido en su programación al Amigorena, cuya unica credencial para exponer allí era ser amigo de la tambien caída en desgracia y en la pobreza, Esme Mitre. Desde entonces, todo es historia y la carrera de Minkiewitz en un mercado en retirado ha sido admirable. Es en ese punto en el que pasé a tenerle cierto respeto si bien no como artista visual, al menos, como impostor.  Su habilidad no es poca porque lindo lo que se dice lindo no es, fuerte lo que se dice fuerte no está. Su obra había adquirido mientras tanto cierta topicalidad en un momento en el que el mundo cultural argentino y la Argentina, en general, se estupidizaba. En medio de politicas decoloniales y de identidad malentendidas, Minkiewitz ganaba un par de encargos publicos y se convertía en una suerte de Superman durante el incendio de su galería, la de Sendros, en el edificio comprado por su ex amante y perpetuo sugar daddy, Tedesco. Ese era el momento en el que Minkiewitz debía replegarse y mejorar y cuando digo esto, digo, realmente mejorar. Para eso hay que estudiar (posiblemente, afuera) para poder entender y aprovechar esa plataforma en un salto a mejores ligas. Desde ya, este salto exige de una confianza en si mismo que alguien que basó su carrera en saltar de un sugar daddy a otro, a base de histeriqueos, no tiene. En su impostura no hay confianza en sí mismo sino una ferrea determinacion para que la falta de confianza no sea evidente.

Ayer, un amigo que supo ser socio en un proyecto de mega-galería frustrado en un local en Soho Square perteneciente a una (ya entrada en años) socialite inglesa que no sabe qué hacer con ese espacio, me preguntaba si estaba en London para una muestra de artistas de mi país. Escribo esto desde Coventry viniendo de dar una clase de dos horas sobre Pedro Lemembel y el Drag como resistencia decolonial y doy una clase en el LANPINSTITUTE virtual en horas por lo que no hay forma de que pueda ir a comer con él en el club en el que somos socios. Pero luego me preguntó si conocía a los artistas y al curador y acá comenzaron las carcajadas ya que la movida que acaba de hacer el gato viejo en cuestión es una de la que no se vuelve, por lo menos, en Inglaterra. El y dos ignotos artistas fueron convocados por Michele Codoni, un suizo argentino que la chorra paqueta de Artega definió en mi casa comno ‘un pobre tipo (gay) con obsesión por las señoras ricas’. Codoni es una versión muy estéril de Medina Flores sin su fama y presencia en medios. Desde hace por lo menos dos decadas, este muchacho (ya señor) va a tomar el té con señoras y en alguno de esos tes se habrá cruzado con la dueña de ese espacio que no sabe que hacer y le vendió la idea. Ahora bien, hacer tu desembarco de la mano de semejante wannabe desconectado historicamente del mundo del arte, es el paso en falso mas en falso que pudo haber dado Minkiewitz quien, dicho sea de paso, presenta una serie de obras que dan verguenza. Ningún artista con confianza en sus propias capacidades se sometería al papelón de mostrar en este espacio vacío desde hace una década y mucho menos de la mano de un socialite sin capacidad de fuego como Michele Codoni.  Pas ça change y lo que realmente no cambia es que yo insista en perder el tiempo comentando a esta manga de salames. Si habré garchado en el sótano de esa ‘galería’. Ademas, allí me hicieron un retrato que hoy tiene Saatchi, of all people. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA NO ES CON JORGE PORCEL JR. SINO QUE ANALIZA SU INTERVENCIÓN COMO UN SINTOMA DE LA CULTURA POSDICTATORIAL ARGENTINA

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