Lo que me pasa con Naomi Preizler es que me interesa y me aburre al mismo tiempo lo que creo, obedece, a su impulso estetizante constante. Esto es algo que arrastra de su época de modelo con inquietudes de artista visual. Recuerdo cuando en este blog vimos sus dibujos y estaban bien pero no llegan a romper la barrera de lo artístico. Es como que no puede salirse del lugar de estudiante lo que desde ya no es el lugar que uno tiene una institución porque uno puede estudiar y debería estudiar toda la vida. A lo que me refiero es que hay un momento en el que uno hace algo y rompe esa membrana entre lo que se repite para instruir y lo original.

Por favor, no me malinterpreten, I am rooting for Naomi. De hecho, si no me equivoco, nos referimos a ella en muy buenos términos en mi Cañechat con Dani Umpi. Sin embargo, siempre acompaña o repite. En este caso, con nuevo nombre artístico, adopta otro ‘costume’ que es el ‘gore kitsch’, una combinación que sólo se encuentra en la figura del freak. El problema con la figura del freak es que es históricamente situada. El freak sale del cine de clase B Hollywoodense y se consolida en ciertas figuras del Under del Lower East Side para desembocar hoy, a nivel global, en las discos como figuras comodificadas. Un ejemplo muy excelente de esto es mi amigo Lewis Burton. Pero cuando Naomi abraza este tipo de topos, no hace otra cosa que usarlo como un disfraz para afirmar su supuesta versatilidad; la que aparece como una pose. A esta altura, yo creo que Naomi necesita un poco de terapia porque el problema y creo no equivocarme es… Edípico. Su modo de pensar no es queer sino patriarcal y su autonomía y sentido de la rebelión es muy conservador. Creer que tu independencia viene de haber vivido sola en tus épocas de modelo no te hace queer ni mucho menos freak sino un engranaje más de la maquinaria patriarcal. Tu trabajo como artista es salirte de ese lugar en lugar de disimularlo con toda una serie de disfraces. Habiendo dicho esto, aplausos por el compromiso y esfuerzo en un país en el que ya nadie se gasta en hacer algo con un mínimo de calidad. Esto debería posicionar mi crítica en algún lugar totalmente productivo.

 

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA NO ES CON JORGE PORCEL JR. SINO QUE ANALIZA SU INTERVENCIÓN COMO UN SINTOMA DE LA CULTURA POSDICTATORIAL ARGENTINA

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