Debo confesar que ya no me gustaba cuando vivía en Tottenham y estaba excedida en carbohidratos. Ahora, tras seis años de estar marinada bajo los costosos aceites de California, el resultado es aún peor: es una especie de Meghan Markle con un transplante de laringe. Lo que antes era berreta ahora es berreta pero de alto costo de producción.

El album supone ser confesional. Tras los 20 este suponer ser el album de su madurez, de su divorcio, de su coraje de mirarse en el espejo para ver sus propias fallas. La frase con la que el espectador es recibido dice: ‘I’ll be taking flowers to the cemetery of my heart’ y ya uno sabe que esto va cuesta abajo. Como poesía da verguenza ajena.

Las canciones posan como las de una persona madura. Pasa de ser una burda imitación de Nat King Cole a Michelle Pfeiffer en ‘Los fabulosos Baker Boys’ pero cuando quiere ser moderna, habla con ese acento de clase trabajadora que, a esta altura, le queda forzado y en su nuevo contexto, la hace parecer querer hacerse pasar por negra.

Lo que me sorprendió es la proliferación de autotuning. Eso sí que no me lo esperaba de la supuesta heredera de Mariah y Whitney. Cuando imita a Amy Winehouse en ‘Cry your Heart Out’ llega a algun lado mas o menos efectivamente. La peor canción es, sin lugar a dudas, ‘Oh My God’. Y mi favorita es su acto de honestidad confesando que como madre no tiene idea de qué está haciendo para pasar a usar su arte como vehiculo de justificación de su divorcio frente a su hijo. Es, sin dudas, mi favorita, sobretodo cuando el hijo dice con un acento inglés mezcla posh y berreta: ‘At ohhhllll’.

Lo que me sorprendió de este album es toda la atención y marketing que recibió. Es como si el campo musical anglosajón estuviera dividido entre un 80% de musica, más o menos, escuchable negra y Adele, como ficha blanca en un terreno totalmente esteril. Su constante tono melancolico habla, de modo defensivo, del giro decolonial y antirracista de la cultura global. Solo por ser ex gorda y pobre, se le permite ocupar un espacio blanco y por eso se le entrega todo el aparato promocional al punto del asqueo.

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA NO ES CON JORGE PORCEL JR. SINO QUE ANALIZA SU INTERVENCIÓN COMO UN SINTOMA DE LA CULTURA POSDICTATORIAL ARGENTINA