Fernando García ha venido haciendo un largo cross over desde sus orígenes en la crítica periodística de rock a una crítica (que él entiende más seria) vinculada a las artes visuales. La reciente publicación de su libro sobre el Instituto Di Tella da cuenta de su fascinación con esa institución como ‘cuna de la contracultura argentina’, algo que creo es errado. Sin embargo, es esa fascinación la que ya puede advertirse en su libro previo que quiero reseñara aquí que es el dedicado al Under y al rock nacional de las post-dictadura bajo el título: ‘Crimen y Vanguardia: El caso Shocklender y el surgimiento del Underground en Buenos Aires’ publicado por Paidos en el 2017. Recordemos que fue ese el año en el que me entrevistó con María Paula Zacharías (alias ‘La Brutita’) en su programa de radio ‘Por qué son tan geniales?’. Como muchos de Ustedes recuerdan, mi participación en esa ocasión fue una acción performativa en la que marqué, claramente, la diferencia entre ese programa cultural de derechas puesto al servicio de la institución artística de élite y, por dar un ejemplo, el de Radio Tierra que supo tener Pedro Lemebel en donde esas instituciones fueron constantemente puestas en cuestión. Sin ir más lejos, mi intervención estuvo inspirada por la entrevista que Pedro Lemebel le hiciera a Roberto Bolaño en Radio Tierra y tambien por la participación del chileno en el Programa de Carcuro ‘de Pé a Pá’ donde aprovechó la oportunidad para hacer un homenaje a las mujeres torturadas por la dictadura y a la hermana desaparecida del presentador quien, para entonces, ya se habia convertido en el portavoz de la derecha chilena en la televisión nacional. Por supuesto, ni quiero o puedo compararme con Lemebel ni puedo ni por un segundo hacer una analogia entre el duo La Brutita-García con Roberto Bolaño; sin embargo, el hecho de que ambos trabajaran en el diario La Nación y fueran cómplices de un mundo del arte exclusionario y elitista fue una oportunidad demasiado tentadora para mí (como proyecto crítico-estético) y mis preguntas incómodas generaron de ellos lo que he venido recibiendo desde esos sectores siempre: un intento de invisibilización, silenciamiento y censura en nombre de ‘las buenas costumbres’. Recuerdo a García y Zacharías con una actitud entre condescendiente y sorprendida tras no haberse detenido a pensar qué detrás del rótulo de ‘loquito’ que esa comunidad artistica que yo venía criticando intentaba ponerme, había algo más. Lo interesante del caso es que García estaba escribiendo un libro precisamente sobre la contracultura y los modos de evitar ser silenciado. A diferencia de censoras y canceladoras como Giunta o Malosetti Costa quienes dijeron (y todo esto lo que tengo bien guardadito) que ‘nunca leerían un libro escrito por ese tipo’, yo evito esos totalitarismos leyendo con cariño y detenimiento lo publicado por aquellos que quieren silenciarme. A pesar de la falta de cortesia y fair play en el juego de preguntas y respuestas de Fernando García cuando me invitó a su programa, considero que alguien que se toma el trabajo de escribir un libro sobre un tema que a uno lo convoca merece ser leído con atención. Es más, a sus insultos yo respondo con esta reseña que es brindar generosamente y constructivamente mi tiempo. No sólo eso, al incluir este libro en la bibliografía secundaria del curso que doy en la que este año es la mejor universidad de Reino Unido que ademas es la cuna histórica de los estudios culturales como disciplina, le doy la oportunidad a García de llegar a donde nunca se imaginó llegar. Esa es la diferencia entre él y yo, entre Giunta y yo.

‘Crimen y Vanguardia’ trata sobre un tema que, evidentemente, apasiona a García y eso hace que empiece con el pie derecho. El tipo de material que trata y se propone analizar es nuevo y no hay mucho escrito sobre el tema. Esto comparado con la obscena vagancia intelectual de María Paula Zacharías en libros publicados con dinero de los contribuyentes, hace de este libro algo que amerita análisis. El problema del libro es el de García como ‘proyecto de intelectual’ ya que por más conferencia que dice que dio en el MALBA (dondek, dicho sea de paso, trabajo como encargado de extensión cultural o algo así), su mirada y su alcance es el de un periodista y no digo esto despectivamente sino para marcar que a la hora de argumentar, García carece de categorías conceptuales que le permitan ordenar el argumento y hacer que su objeto de estudio hable por sí solo. En lugar de eso, García se empeña una y otra vez en establecer analogías y asociaciones con aspectos ajenos a su objeto tal vez porque no tiene confianza en la relevancia del mismo en sí mismo. En lugar de dejar que la hipotesis del libro emerja del tema el impone una hipotesis desde afuera y de manera violenta que es que la contracultura del Under equivale al asesinato de su precesor (que el ve como padre) en el Instituto Di Tella. En primer lugar, esa genealogía necesita explicaciones ya que no es tan obvia. En segundo lugar, entre el uno y el otro, pasaron cosas y ni el uno ni el otro son tan homogeneos como él cree como para poder condensar todo su planteo en una analogía de alto impacto como el parricidio de los Shocklender. De todos modos, concentrarnos en esto sería no hacer justicia con lo bueno que tiene el libro por lo que creo que, desde el titulo a la introducción, García se pega un innecesario tiro en el pie.

El libro tiene dos hipotesis centrales. La primera es la marketinera y como dije, es tan inconsistente que acaba anulando lo bueno del libro. Para García, primero la ‘Neo-Vanguardia’ del Di Tella (a la que ve como un bloque homogéneo) como, luego, el ‘Under’ son síntomas de los impulsos parricidas de la generación joven de la pre y post-dictadura, respectivamente. Para García: ‘Lo que el Under dirá, sin cortesía es que eso que está en el baúl (se refiere al cuerpo de los padres de los Shocklender), justamente, desfallece (…) El Under desplazó a la contracultura original (Di Tella) ya asimilada, para reformularla a partir de otras formas artísticas’. Esta analogia entre las contraculturas ‘parricidas’ y los Shocklender sería un giro marketinero sino tuviera el preocupante efecto de la higienización despolitizante que tanto gusta al diario en el que García escribe. En rigor de verdad, lo que desplazó a la contracultura original (el Di Tella) fue su banalidad fiestera en un contexto social de crisis economica, intervenciones ‘imperialistas’ (Vietnam) y arribo de una dictadura blanda (como la de Onganía). Lo que a García le resulta difícil es situarse respecto a su objeto y situar sus objetos en su momento histórico. Lo que se llevó puesto a la supuesta Neo-Vanguardia argentina fue el intentar imponer un festejo Pop desde arriba en tiempos de crisis politica y económica en los que la proscripción del peronismo ponia en peligro la estabilidad de las siguientes generaciones. Ni hablar de los treinta mil desaparecidos y la guerra de Malvinas que vinieron despues. La segunda hipótesis atraviesa todo el libro y constantemente vincula de manera innecesaria (casi como justificando las credenciales culturales, para él, supongo, insuficientes del Under) al rock nacional con las vanguardias artísticas históricas (Europeas de principio de siglo) y con la Neo-Vanguardia local. Esto es de historiador del arte frustrado que sobreactúa el impulso a creer que el único objeto susceptible de atención es el perteneciente al canon del arte modernista, postmodernista y contemporáneo. Lo esquizofrénico del caso es que esto ocurre mientras le dedica un libro a aquello que no considera suficientemente artístico o para mirarlo de manera un poco más favorable, esto ocurre mientras escribe un libro mediante el cual intenta elevar al under a rango artistico.

En el capitulo ‘El Marcianazo’ (refiriendose al aterrizaje de ‘Virus’ en la escena del rock), García analiza la disputa entre el Punk y el New Wave versus la vieja guardia del Rock Nacional usando al Festival de la Solidaridad Latinoamericana en la que Charly García y Spinetta fueron señalados como cómplices de la dictadura al ofrecer un recital para recaudar fondos para los soldados de Malvinas. A pesar de tener un libro dedicado a la psicodelia de Minujin y, como dije antes, manifestar una y otra vez su fascinación con el Di Tella, García no incluye (como sí lo hago yo en mi libro ‘Historia a Contrapelo del Arte Argentino’) el proyecto de esa artista de instalar una efigie de Margaret Thatcher de roast beef para ser fagocitada (luego quemada) en la Plaza de Mayo durante la guerra de Malvinas. No es eso ser complice de la dictadura, tambien? A no ser que los complices sean sólo aquellos que no tienen hijos trabajando en J.P.Morgan capaces de mover hilos mediáticos que, para decirlo en dos palabras, le pagan el sueldo a García.

El capitulo ‘Acuarela Homosexual’ avanza en la hipotesis de la relación entre Neo-Vanguardia y Rock Nacional; al punto que transforma cualquier citacionismo (es decir, tomar, a modo posmoderno, partes de diferentes géneros musicales como citas) en ‘ready mades’ Duchampianos o, incluso, en ‘Vivo Dito'(s) de Oscar Massotta. Este tipo de asociación es la gran debilidad del libro porque no es otra cosa que la inseguridad de periodista de rock queriendo hacerse pasar por historiador del arte (Para qué? Alguien le tiene que decir que la historia del arte como disciplina no va más!). Algo similar ocurre cuando se refiere al hippismo local (Spinetta, por ejemplo) quienes, en palabras de García: ‘optaron por definirse como ‘pacifistas’ frente a la coyuntura politica (…) aunque fueron estigmatizados de ‘maricones’ por la media social y la policía. Nada similar a la moda bisexual de los años setenta en Londres y Nueva York fue replicado en Buenos Aires’. Aqui tiene material para todo un capitulo e incluso un libro. Es más, mi próximo proyecto de investigación tendrá que ver, precisamente, con eso y ya no desde Argentina (si la cancelación me enseñó algo es no gastar ni mi energía ni talento en mi país) sino desde Brasil y Nueva York. Sin embargo, cuando García se queda con ‘el qué dirán’ de que ‘la media social los consideraba maricones’ se olvida de analizar realmente una pieza fundante del rock nacional como ‘Muchacha ojos de papel’ y pensar los terminos en los que esa canción da cuentas de la (no) ‘revolución sexual’ de la Argentina (de Onganía). Ademas, la homosexualidad de los setenta en el Lower East Side de Manhattan, por ejemplo, no era ‘una moda bisexual’ sino algo mucho más complicado. Lou Reed cantando Heroine: ‘When I am close to death, I just don’t know’, no está asumiendo una pose o una moda sino que está hablando de sus propias imposibilidades, entre ellas, la de salir del closet en un momento de cambio cultural y homofobia.

Pero es el modo derechoso en el que García usa el lenguaje lo que preocupa y posiblemente es precisamente esta la razón por la que este libro ganó el premio a mejor ensayo dado por el Senado de la Nación; un premio que, en lugar de promocionar en la tapa del libro, yo, personalmente, hubiera ocultado. En este capitulo sobre lo homosexual, García vuelve a referirse a la disputa entre Punk/New Wave (Under) y la vieja guardia del rock nacional con motivo del Festival de la Solidaridad Latinoamericana durante Malvinas y lo hace en los siguientes terminos: ‘En estos gritos de guerra del under subyace una idea de ‘limpieza’ entre justiciera y puritana. El orden anterior está podrido y necesita ser cortado de raíz’. Referirse con estos terminos mas propios de la metodologia de exterminio nazi o de desapariciones forzadas de la dictadura a la necesidad de los jovenes de la post-dictadura de encontrar alguna forma de canalizar la violencia internalizada que se habia ejercido contra ellos mandandolos como carne de cañon a Malvinas y reprimiendolos por el solo hecho de ser jóvenes; levanta la ceja y tal vez por eso a la primera oportunidad que encuentra, García justifica el valor artistico del punk a traves de la institución avalada por la derecha del Di Tella.

El capitulo ‘Artaud y Perón, un solo corazón’ es el mejor ejemplo de los limites metodologicos de García en tanto, periodista. La unión entre Neo-Vanguardia (en este caso Oscar Bony) y rock nacional (Spinetta) se hace literal en el album Artaud de este último. Bony se ganaba la vida como fotografo profesional lo que es transformado por García en una colaboración artistica entre el Di Tella y el rock nacional para llegar a afirmar sin pelos en la lengua que: ‘Bony fijó en nuestra mirada una manera de ver el rock’ por las fotos que sacó para las tapas de Los Gatos, Almendra y Manal. Sin embargo, nada se dice de esa mirada. Sólo se cierra en la afirmación de que la tapa hecha por alguien que perteneció a la Neo-Vanguardia vincula a la Neo-Vanguardia con el rock nacional en un ‘modo de ver’. Pero qué es ‘un modo de ver’ la música? El diseño de una tapa realmente modela el modo de ver la música. Asimismo, García va a documentos originales como, por ejemplo, la revista Rolanroc en donde encuentra ‘un aviso que anuncia la salida de la, tambien efímera, revista Contracultura, con textos de Allen Ginsbertg, Artaud, Peron, Noel McInnis, Internacional Situacionista’. Pero qué significa esta relacion entre Perón y Artaud? Cómo se vincula con las juventudes de izquierda partidaria y cómo la exclusión, por ejemplo, del movimiento por los derechos homosexuales (tratado en el anterior capitulo)? A García, lo único que parece interesarle es que algún ‘artista visual del sistema del arte mainstream’ reconozca al rock y la contracultura como arte. Así, menciona que en su ‘paintant’ sobre la masacre de Ezeiza, el artista Fabian Marcaccio, a quien define como ’emergente tardío de los pintores underground de los ochenta’ (????) trabajó con fotografías, avisos publicitarios y notas gráficas de 1973 que presentó como ‘una especie de mapa semiótico-iconográfico de las tensiones alrededor del picnic fatal’. A esta altura uno tiene la sospecha de que el material supera a García quien se lanzó a nadar en aguas demasiado profundas. Una pregunta clave es quiénes son los ‘pintores underground’? Marcia? Underground? Se puede ser Under y pintor? Segunda pregunta, qué aporta lo de Marcaccio sino un poco de validación a algo que García cree no lo tiene.

El mejor capítulo, según mi criterio, es Pop Arlt en donde presenta aquello que separa a la Vanguardia del Parakultural de algo más profundo y magmático que toma el ethos del under y lo lleva a un lugar inesperado. Estas son mis palabras porque a esta conclusión García tampoco llega. Me refiero al fenómeno de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota. Su análisis de la tapa de la revista Pelo de diciembre de 1989 es excelente al ver la contraposición entre la pelada del Indio solari y la palabra Pelo y la yuxtaposición de su look Tibetano y su llamado a la violencia. Sin embargo, nuevamente García vuelve a comprometer la integridad de su texto buscando validación en el arte de elite y la Neo-Vanguardia. En esta ocasión es su interpretación de lo que identifica como el manifiesto fundacional de lo que será el proyecto estético-social del Indio Solari de 1978 (!!!). El mismo dice: ‘Por fin, por fin… sean bienvenidos Patricio Rey y sus Redonditos, nuestros camaradas en la desesperación por existir. Los niños del siglo escuchan tu música delirante que les sirve de inspiración para cometer actos cada vez más mortíferos. Estamos empeñados en el escándalo dadaísta, el incendio y el saqueo luego de los tempestuosos conciertos de rock’n roll’. Honestamente, creo que este manifiesto del 78 marca un antes y despues en la cultura contemporánea argentina y le agradezco a Garcia por traerlo a la superfice. El mismo es indudablemente un grito de vanguardia pero no en los terminos que lo plantea García quien va demasiado lejos al decir: ‘este pequeño manifiesto, distribuido de mano en mano y en un círculo muy cerrado de gente tenía detrás una memoria de los días en que la vanguardia política y la vanguardia artística estrecharon filas. Una especie de transmigración que podía localizarse tanto en la Zurich de 1916 como en el ambiente alternativo de La Plata de fines de los sesenta’. El análisis está completamente fuera de foco y acaba no viendo lo que es realmente importante ya que la referencia al ‘escandalo dadaísta’ por parte de Patricio Rey tiene que ver con el rechazo a la institución artística del arte burgués de élite y lo que esto representa. Para él, lo dadaista es el saqueo del orden burgués encarnado en la institucion cultural y ese llamado a las armas contra la cultura de elite es lo que lo hace vanguardista no una similitud entre los Redondos y el Café Voltaire de Hugo Ball. Sin embargo, lo que García ve es una alusión a la cultura de elite que, en tanto tal, constituye un grito de vanguardia cuando lo que ocurre es exactamente lo opuesto. Buen material original pero serios problemas de análisis y lectura. La gente pocas veces se equivoca, tal vez por eso en Goodreads, mi libro tiene cinco estrellas y el de García dos.

 

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA NO ES CON JORGE PORCEL JR. SINO QUE ANALIZA SU INTERVENCIÓN COMO UN SINTOMA DE LA CULTURA POSDICTATORIAL ARGENTINA