Es un momento inesperadamente doloroso para mí y, sin duda, para muchos. Nadie que ame el arte será indiferente a esta noticia… murió Jorge Gumier Maier. Hace aproximadamente un mes, mis fuentes me contaron que había sido internado. Durante ese tiempo pregunté una y otra vez sobre su estado de salud pero decidí no hacerlo público en LANP para evitar malentendidos. Esos malosentendidos o tal vez buenoestendidos habían llevado a que se generara una suerte de enemistad manifiesta entre el curador estrella de los 90s y el crítico estrella de los 2010. Esas diferentes posiciones en un país tan extremo, corporativo y violento como la Argentina, llevaron a que el legado de muchos como Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Martha Penhos, Gabriela Rangel, Ticio Escobar y otros quedara manchado de autoritarismo e intolerancia al hacer al progresismo y el discurso de las políticas de identidad funcional a otros discursos más terribles vinculados a la censura y el totalitarismo que acaban abriendo espacio para el desembarco del extractivismo de derechas de siempre. El increíble resultado fue que el Peter Marzio a la excelencia en investigación sobre arte latinoamericano me fuera retirado y confirmara la vigencia de mi proyecto de activismo cultural y decolonial. Durante esa infame campaña de difamación y cancelación, que unió a sectores de la derecha y la izquierda contra este blog, Jorge Gumier Maier tuvo un lugar extraño al enviarme mensajes racistas que por lo exagerados parecían venir de alguien que no estaba bien. Si bien los hice públicos en su momento porque debía defenderme, decidí parar ahí y no hablar más del tema. Algo no andaba bien Chez Gumier y sus declaraciones en Facebook y constantes inhabilitaciones de todas sus cuentas en redes sociales evidenciaban, al menos, problemas mentales, muy posiblemente provenientes de su alcoholismo de varias décadas. Esto que digo, desde ya, no es un chisme ni revelar algo íntimo ya que constituye el argumental de Black Out la novela de su amiga íntima María Moreno cuyo título lo dice todo. Pero la cancelación fue, a esa altura, una anécdota o síntoma de la enfermedad no sólo de Gumier (en tanto alegoría) sino del sistema exclusionario del arte argentino cuyos efectos marketineros terminaron favoreciendome con creces.

 

Pero lo cierto es que ese premio me había sido dado por un ensayo, precisamente, escrito sobre el rol de Jorge Gumier Maier en el arte argentino que ha sido fundamental y definitorio y lo coloca en el panteón de los grandes hombres y mujeres (blancos) del arte argentino. Pero Gumier partenecía a una minoría que compartimos: la homosexual. Mi ensayo ganador (que constituye el primer capítulo de mi cada vez más vigente próximo y primer libro en inglés) analiza, entre otras cosas, su rol en la conformación del canon del arte argentino de los noventa mediante una reformulación del conceptualismo político heredado de las décadas del sesenta y el setenta a partir de una fuga hacia los márgenes en la que el kitsch como estilo era usado como vehículo de disidencia queer. Rechazando el ‘buen’ gusto canónico por algo que venía desde abajo, Gumier proponía alegorías de revuelta contra el patriarcalismo mayoritario con el que, según él, no valía la pena sentarse a negociar. En lo personal creo que Gumier tiene mucha razón. Sin embargo, su obra como artista y sus acciones como curador y programador del Rojas no fueron consistentes con ese mandato político de repliegue a los márgenes de la política y esto no lo digo desde un lugar moralizante sino desde dentro del conceptualismo político que Gumier se propuso reformular. Pero antes de eso, Gumier había participado como actor en obras en el Parakultural y llevaba de primera mano y conociendo el paño, el legado del Under a la institución oficial en un momento en el que hacer eso era un acto visionario y generoso contra lo que su crítica constante, Marcía Schwarz que lo llamaba homofóbicamente ‘la salchichera’ pretenda decir.

Antes de eso, Gumier participó activamente en el Grupo de Acción Gay (G.A.G.) un desprendimiento del Frente de Liberación Homosexual de la decada del 70 en el que Nestor Perlongher había tenido un rol fundamental. Gumier traía lo aprendido con lecturas de Perlongher y a través de él, con cierto posestructuralismo francés, al debate homosexual de la década del 80 y la apertura democrática. Su posición ‘radical’ (en el sentido de trotska y no de Alfonsín) lo llevó a hacer una misa negra durante la visita del Papa Juan Pablo II a la Argentina y lo diferenció, en tiempos de democracia, a Jaureguy y la Comunidad Homosexual Argentina quienes entendían que la continuación de la represión policial contra los homosexuales tras la dictadura exigía vías de diálogo más con los pies en la tierra que grandes eventos performativos en los que lo que se escenificaba era la voluntad de no negociar. Es por eso que en términos ideológicos y desde este punto de vista, lo de Gumier en el Rojas fue una suerte de estetización nihilista con miras al mercado que, sin embargo, habilitó un momento de explosión creativa en el que su pareja Omar Schiliro y Feliciano Centurión ensayaron, realmente, nuevos modos del conceptualismo politico. Ese es mi interés en el Rojas y esto ha sido posible gracias a Gumier. Nada es blanco o negro sino que en los grises nos encontramos.

Creo que su ‘odio’ hacia mí así como el de cierto grupo joven de la comunidad artista ha estado fuertemente definido por la psicosis que genera el consumo de alcohol y drogas. Sin ir más lejos, el tono original de este blog mientras intervenía en la esfera de las políticas públicas estaba ciertamente influenciado por la abstención y algunas recaídas en el alcohol y las drogas. Con Gumier, la adicción, el profundo amor al arte y nuestro protagonismo en la escena cultural de nuestro país nos hermano y eso es lo que somos, hermanos queer.

Querido Jorge, andate con mucha paz porque tras vos el arte argentino y ser homosexual en la Argentina no ha sido lo mismo y te agradezco de todo corazón por eso.

 

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA NO ES CON JORGE PORCEL JR. SINO QUE ANALIZA SU INTERVENCIÓN COMO UN SINTOMA DE LA CULTURA POSDICTATORIAL ARGENTINA

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