Continúan las exequias de Gumier Maier. Ayer al mediodía se ofició una suerte de despedida de la comunidad artística al curador en jefe del Centro Rojas, quien falleciera más temprano esta semana. En mi obituario en este blog decidí poner el foco, desde mi mirada homosexual, al rol que tuvo, contra lo que él mismo proclamaba, en el acercamiento entre la estética y el activismo gay. Lo suyo fue de a momentos performático, como con su misa negra durante la visita del Papa o en la escenificación de una escena de ‘amigos’ en el Rojas. Personalmente, creo que la decisión de hacer algo tan improvisado con un cartelito hecho con cartulina y mal confeccionado, cerca del que pusieron velas, no está a la altura del nombre y el trabajo de Gumier. Cabe preguntarse, cómo lo hago en mi próximo libro, si los colegas en el momento de emergencia de un incipiente mercado del arte eran amigos o compañeros de trabajo y colegas haciéndose pasar como amigos como respuesta a las demandas de transformar todo en kitsch que venían, al menos, desde el Rojas desde arriba. Semejante ‘kitschización’ de las relaciones personales, como también lo digo en mi próximo libro en inglés, no resisten la enfermedad o la adicción. Esos ‘amigos’, sencillamente, te dejan sólo. Me pregunto cuando ocurrió mi cancelación y se generó el efecto Barbara Streisand según el cual lo que pretendía ser una lección a ese ‘desubicado’ que los había venido poniendo en evidencia, acabó transformandose en una ola mediática que colocó al debate de la crítica del arte en la tapa de los principales diarios y revistas del pais y Gumier me amenazó con epitetos e imágenes racistas, cuántos de los que hoy fueron a despedirlo se tomaron el trabajo de averiguar si estaba bien de la cabeza y si necesitaba ayuda. Por lo pronto, había que alejarlo, al menos, por lo que restaba de la vorágine mediática, de la computadora, el teléfono y el alcohol.

Pero en esta árida despedida, con esa cartulina más propia del recuerdo familiar de un muerto en un accidente de tránsito o, en el caso más específico del Río, de un suicidado; se distinguieron dos grupos. El primero puede dividirse por estado físico y cuidado de si. Por un lado, las parásitas del amor como Paola Vega quien no pudo atinar a decir palabra. Por el otro, los mejor mantenidos como Laura Batkis, Segbastián Gordín, Miguel Harte y Gustavo Bruzzone. Este último grupo constituye la vieja guardia que no necesita parasitar del muerto ya que fueron protagonistas con él de ese momento. Esto no implica que hayan permanecido amigos. Es más, uno tiene la impresión que a medida que el alcoholismo de Gumier avanzó, este se fue apoyando más y más fuertemente en el grupo parasitario de las hormigas del amor. Un adicto necesita relaciones co-dependientes si no tiene verdaderos y maduros amigos que lo orienten en dirección de un tratamiento o mejor cuidado de sí mismo. Este parece no haber sido el caso y la evidencia lo demuestra. Es por eso que en los aspectos performativos de la ceremonia, estos dos grupos actúan de manera claramente diferente. Laura Batkis fue, sorprendentemente, la maestra de ceremonias. Cuando nadie sabía qué decir o hacer, ella, con mat de yoga al hombre, mantuvo la vela de la pasión encendida y pidió más cánticos y más aplausos. Ella era consciente de la cámara de Bruzzone y esta vez decidió no escaparle sino aprovecharla como registro. Como protagonista de aquel momento, Laura sabe qué rol le toca y comienza a querer ocuparlo. Bruzzone no es el registro porque no tiene las categorias para analizarlo. Está demasiado absorbido en lo que esto significa para su propia identidad.

 

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA NO ES CON JORGE PORCEL JR. SINO QUE ANALIZA SU INTERVENCIÓN COMO UN SINTOMA DE LA CULTURA POSDICTATORIAL ARGENTINA

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