ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE LJO

México no tuvo dictadura y pasó exactamente lo mismo. Tomas a las vedettes de los 50 como Tongolele, Meche Barba, Ninon Sevilla, Rosa Carmina o María Antonieta Pons y son unas mujeres de belleza natural, finas, delicadas y educadas. Las de los 70: Lyn May, Olga Breeskin, Princesa Tamal, Wanda Seux (argentina) y Thelma Tixou (también argentina), Sasha Montenegro ya te empiezan a parecer vulgares con sus pelucas y sus pestañas postizas. Algunas eran buenas bailarinas, otras no y algunas como Sasha Montenegro (yugoslava emigrada a Argentina desde su infancia hasta su adultez) terminan en brazos de políticos. Ella fue la amante durante décadas de José López Portillo, presidente de México. Llegaron a tener hijos y a casarse en la ancianidad de él.

Llega el nuevo siglo, el género está casi muerto con algunas excepciones y aparece la cubana Niurka, gran bailarina, pero que no puede hablar sin decir groserías y se casa tres veces en menos de cinco años, siempre medio desnuda. Sabrina Sabrok un esperpento. Hasta las de los 70 empiezan a desbarrancar como Lyn May que es un meme andante.

Por supuesto que el fin de las dictaduras tienen un efecto liberador en la sexualidad y los modales cotidianos de la gente, que tiene un impacto directo sobre las expresiones artísticas. Lo ves en España con el cine de Almodóvar. En el Franquismo habría sido imposible. Pero acá y en México, donde no estaban en dictadura pero sí estaban siendo gobernados en ese momento por un ala conservadora del PRI, en los 70 se impulsó un tipo de cine que es precisamente el germen de esa pauperización del rol de la vedette. Una cosa era la vedette argentina del teatro, otra la que salía en el cine con Porcel y Olmedo. ¿Qué parecían las vedettes en ese tipo de cine que no fueran putas? En México, López Portillo precisamente, a través de su esposa que dirigía el IMCINE, le quitó el patrocinio estatal al cine, para desactivar lo que consideraban un germen revolucionario. Eso terminó generando el gran crecimiento del cine de ficheras, que comercialmente era un éxito. Acá eran Porcel y Olmedo, allá eran Alfonso Zayas y el Caballo Rojas. Pero era lo mismo: historias de pícara costumbrista, que pasaban en una vecindad, un burdel o un balneario, donde esos dos antihéroes feos, pobres y ordinarios se ganaban a las vedettes y putas más bonitas, después de enfrentarse a los malos de turno: niños ricos malcriados, políticos corruptos, mafiosos asesinos, empresarios malvados…

 

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA CUESTIONA LA DECISIÓN DE FRANCISCO LEMUS EN Ñ DE ATRIBUIRLE INICIATIVA (ARTÍSTICA?) A LA DECISIÓN DE UN ADICTO COMO JORGE GUMIER MAIER DE DEJARSE MORIR