La historia de Lou Reed, el joven de clase media de Long Island que sueña con ser una estrella de rock y que junto a John Cale, un violinista de conservatorio que hasta ese momento tocaba música clásica son invitados por Andy Warhol a The Factory y este les encaja a Nico, una modelo europea que había tenido un bolo en La Dolce Vita puede ser contada de varias maneras y ha habido un modo hegemónico de hacerlo que es el del sueño americano en donde la historia es una línea recta argumental que va de banda marginal a exitosa banda pop. Sin embargo, el director del documental ‘The Velvet Underground’, ahora en Apple TV+, deconstruye este modo canónico de narrar para avanzar en tres avenidas que se entrecruzan: la primera, es la de la compleja relación entre la Neo-Vanguardia, la incipiente emergencia de una escena Underground en el Lower East Side (que será tema de un curso que comenzaré a dar en dos semana) y los incompatibles requerimientos de la escena de la música pop comercial; la segunda tiene que ver con algo mucho más raro en este tipo de documental y es la bisexualidad y lo queer pero no como triunfo o moda (como erróneamente dice Fernando García en su libro sobre el Under argentino) sino, por supuesto y desde ya, como trauma. El modo en el que el closet es relacionado con la adicción en Lou Reed y la narrativa de Haynes es on point y me hizo identificar, como pocas veces, con Heroine que inmediatamente dí a mis alumnos en la universidad para analizar y muy pronto lo haremos aquellos que participan en mi curso de Neo-Vanguarfias y Under en el Lanpinstitute. La tercera línea argumental es la de los conflictos internos del grupo en clave de melodrama narrados a través de lo visual y lo sonoro. 

El modo en el que Haynes relee la historia cultural reciente es análogo al proyecto académico que vengo llevando a cabo y va a tener que ver más específicamente con mi próximo proyecto. La maravilla de Haynes es que no sólo no se conforma con no contar la historia como se supone que deber ser contada sino que encuentra revelaciones en aquellos lugares en las que no solemos encontrarlas. Haynes hace del lugar común una fuente de conocimiento real. Su capacidad de revelar lo que subyace debajo de lo obvio lo convierte ya no en un documentalista sino en un artista. 

A diferencia del mucho más conservador aunque necesario documental del Parakultural (de la querida Natalia Villegas) que está construido a partir de los testimonios de los participantes y testigos y no se anima a ir más allá e incluso, contradecirlos; Haynes da vuelta esa historia como una media y lo hace a traves no sólo de la materialidad de las condiciones de producción en la que los VU trabajaban sino que se propone (y esto es para aplaudir de pie) enseñarnos a través de la textura de la música y el uso de la estética la relación entre el sonido y el análisis que cualquier pueda llegar a hacer. Al ver este documental, uno no recibe cognitivamente la información que un grupo de expertos y testigos tienen para comunicar sino que logra sentir la experiencia del momento como fermento estético y sensorial. Un documental nunca debe achatar la experiencia como si quisiera hacerla encajar mediante resumenes y abreviaciones sino que debe lograr comunicar la materialidad de la experiencia a nivel casi afectivo. 

Esta conflación o mosaico de opiniones de participantes en la escena (los otros miembros de la banda y sus familiares, por ejemplo) deviene un collage kinético de imágenes armadas con actores que hacen de Lou Reed, Warhol, etc; footage original de The Factory y Max’s Kansas City, por ejemplo; e imágenes de los testigos y ‘expertos’. Esto que parece un simple recurso estético, logra un resultado visual en el que la música de los VU conecta el cine experimental del momento de Jack Smith, Jonas Mekas, etc . No tengo palabras para decir lo maravilloso que es el trabajo de Haynes y cuánto TODO el documentalismo argentino debería aprender de este documental. Desde ya para esto se necesita tener ya no un conocimiento sino un entendimiento y comprensión de la importancia del objeto de análisis y esto se logra con investigación, inteligencia y sobretodo, coraje para pararse frente a los protagonistas y decir: ‘no estoy tan de acuerdo con lo que dicen Ustedes’.

Si colocalmos al documental del Parakultural que creo que es el que mas se acerca a este, uno lo que ve en el caso argentino es cierto chupamedismo y fascinación avant la lettre por lo que los protagonistas de la escena tienen para decir. Nunca a los directores se les ocurriría poner en cuestión o en perspectiva en la distancia los dichos de las Gambas al Ajillo o los Melli a los que automáticamente se los considera ‘los nuevos genios’ que se agregan al panteón de la ‘Gran Historia Cultural Argentina’ de manera acrítica. No digo que no lo sean pero en el camino de su canonización uno debe hacer con ellos algo más que dejarlos hablar. Hay cierta esterilidad en ese chupamedismo y la lección de cómo no caer en ese tipo de errores la da, como pocos, Haynes. 

 

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA NO ES CON JORGE PORCEL JR. SINO QUE ANALIZA SU INTERVENCIÓN COMO UN SINTOMA DE LA CULTURA POSDICTATORIAL ARGENTINA