Mi generación es una generación muy particular pero las dos que le siguen lo son aún más. Tal vez sea por lo narcisista y melodramático de este blog en los orígenes pero, en cierto modo, he sido un imán de pre-milennials (en sus treinta a cuarenta) cuyo único interés es apuntalar su frágil sentido de sí mostrándole al mundo que hacen lo correcto. La evidencia demuestra que este no es algo aislado sino que algunas muy buenas novelas recientes se han interesado en este fenómeno de los ‘moralitos’ que van, sin tener la menos idea de lo que dicen o lo que hacen, enseñandole al mundo cómo se debe comportar. Hace una semana hice la reseña de Crossroads de Jonathan Franzen. Hoy, me voy a dedicar a una pequeña maravilla tanto por lo que es pero tambien por sus carencias jeque es Virtue de Hermione Hoby.

El protagonista de Virtue y su narrador es Luca Lewis quien comienza a hacerlo durante siete años desde hoy. Digo esto porque menciona que el mundo para entonces ya sufrió dos grandes pandemias y la verdad es que el 2028 de Lewis no es muy diferente al 2021. Virtue es una ‘educación sentimenta’ millennial contada de manera retrospectiva y va hacia adelante siete años para volver diez años atrás en la vida de Luca. Pero el presente del protagonista no parece ser particularmente feliz. Hay en él mucha vergüenza y mucho de lo que se lamenta. Me identifico mucho con Luca antes de conocer a mi terapeuta china pero no por lo que dice de él mismo sino por el modo en el que se transparenta, a pesar de él. Hay un momento en el que se proyecta más allá del 2028 imaginandose en su lecho de muerto recordando un momento del 2017 y diciendo: ‘entonces no sabía que pronto mi matrimonio desaparecería, dos bebés nacerían y se irían antes de que me diera cuenta, antes de conocerlos y seguiría enseñando en la misma secundaria de Philadelphia en lo que sentía sería para siempre pero que en términos de ganancia tanto personal como intelectual equivalía a un instante’. Luca se refiere a los buenos tiempos de manera melancólica: ‘esa era la época en la que todo era posible porque nada malo había pasado aún’. Lo que me atrajo de Luca en relación a las primeras épocas del blog es que Virtue tiene tono de ‘confesión’ al estilo de la sección ‘Mi Vida’ y arma su argumento para explicar cómo la cagó. Da cuentas de su falta de satisfacción consigo mismo por no haber sido un mejor hombre y cree que el único que tiene la culpa de eso es él. Bueno, la verdad es que no estoy tan seguro de eso.

La historia comienza en el 2016 y Luca no tiene idea de qué hacer con su vida. Tal vez, algo artístico. En todo caso, lo que le interesa es poder irse de su pequeña ciudad en Colorado donde creció como ‘hijo único, gordito de chico, de una enfermera dental llamada Kimberly quien, además, tenía un emprendimiento de muñequitos para tortas’. Este tipo de descripción, sin pretenciones, son la maravilla del libro porque oscilan entre lo patético y lo gracioso todo el tiempo. Luca dice: ‘La madre de mi mamá fue una avalancha de decepciones; la más importante de ellas fue la partida de mi padre una semanas después de haberme concebido osea diecinueve años antes de que yo también decidiera dejarla en Broomfield, abdicando toda responsabilidad futura sobre su tristeza’. Esa es la gran diferencia entre Luca y yo: el se siente responsable por algo que hizo y yo por algo que no hice pero de todos modos, a Luca, desde el vamos, se nota que hay que redimirlo.
A esa edad se va a Dartmouth (universidad prestigiosa) seguida por un año en Oxford, donde, desde el primer dia, se cambia el nombre Luke por Luca. La culpa que siente en abandonar a su madre y por el modo en el que la snobea, es, parcialmente mitigado por las preferencias políticas de la misma. Es una fiel espectadora de Fox News y Trump. En Oxford, Luca adquiere un acento posh y termina en Manhattan viviendo en una ratonera pero trabajando en una revista literaria. Es ahí donde conoce a la única negra del staff, Zara McKing de la que gusta y aunque ella quiere ser su amiga, Luca no logra conectar con ella de manera orgánica: ‘mi objetivo era que me atrajera su sentido de lo que está bien, no su belleza’. Cada vez que están juntos, él la describe como un ser superior.
Tras la asunción de Trump, Luca participa en una protesta (la primera de su vida) en Union Square y aunque esto le da, según sus palabras ‘cierto sentido de propósito en la vida’, algo que rápida se diluye en su habitual melancolía y siente que no encaja en el mundo del activismo para abandonarlo tan velozmente como lo adoptó. Su activismo es tan fake como su acento Británico, su nombre Italiano, etc: ‘Para gente como yo, el activismo es algo performativo y no una cuestión de vida y muerte como para Zara’. En tanto hombre americano blanco, Luca no puede sino sentirse un fraude y un impostor. Es precisamente ese el momento en el que tiene la oportunidad de dejarse educar por Zara para contribuir a una causa más abarcativa que su propio sentido de perdida pero cuando está por hacerlo una pareja capta su atención y toma un camino que lo aparta de esas incipientes convicciones.

Paula Summers and Jason Frank son una pareja de jovenes milennials blancos y altamente privilegiados. Paula es una artista que hizo algunos dibujos para la tapa de la revista literaria en la que él trabaja (ejem, Liniers!). Ambos están en la mitad de sus carreras y tienen el tipo de éxito que los lleva a ser entrevistado por Charlie Rose en su programa y que su obra aparezca reseñada, al menos brevemente, en el New York Times. Desde ya, esto tiene que ver con su privilegio y con el hecho de que Paula es rica. Esto me toca muy de cerca porque mi ex amiga Jenna Mack tenia un hermano con cierto pero limitado talento que hizo un libro de fotografías modernistas en México y tras publicarlo, fue entrevistado por Charlie Rose, quien había estado casado con su tía. En honor a la verdad, para Luca, lo mejor que le pasó en la marcha de Zara es haberse encontrado con Paula de quien se hace amiga y acaba siendo invitado a las fiestas que organiza con su marido los domingos a la noche en su casa en Cobble Hill, Brooklyn. Esta parte es diferente a Jenna y coloca a Paula, cinco escalones por debajo de mi ex. Sin embargo, el modo en el que describe esas fiestas es digno de la Edad de la Inocencia de Edith Wharton, versión millennial. Desde el vamos y a pesar de doblarlo en edad, queda claro que hay atracción sexual entre los tres. Once años despues, Luca se pregunta: ‘Quería yo cogerme a Jason? O quería cogerme a Jason para terminar con su mujer?’. Esta relación es increíble porque Hoby juega con el espectador que quiere que realmente pase algo pero nada pasa aún siendo invitado a pasar un verano entero con ellos en su casa en Maine. Pero es esa la ocasión que Luca tiene de mirar la vida de los ricos desde adentro, su egoismo, hipocresía, condescendencia, sentido de que el mundo les debe algo, su manipulación constante y su narcisismo. Cada día esto se hace más evidente y se encuentra en medio de una serie de peleas maritales que le parecen un poco demasiado. No voy a referirme a las similitudes entre esto y mi último verano.

Paula pasa de ser una ilustradora a una suerte de monstruo depresivo con aspiraciones de mega-artista que se encierra durante días en su estudio abandonando a su familia, incluso el cuidado de su hija de tres años. (ejemmmm!) Es ese el momento en el que Luca reivindica a su madre, diciendose a sí mismo: ‘Por lo menos mi mamá nunca hizo algo así. Aunque yo hubiera querido, ella nunca desapareció’. A pesar de esto, Luca sigue fascinando por la pareja -en particular por Paula cuya personalidad lo alucina: ‘Paula no hace arte sino que hace que las cosas ocurran: diversión, belleza, sentido de sí misma. Ella era el centro del mundo cuando se encendía’. A pesar de todo esto, algo nos dice que ni Paula ni Jason representan los valores elevados a los que una persona debiera aspirar. Por su parte, Zara que sigue amiga de Luca confiesa ‘no conocerlos’ y los juzga en base al tipo social que representan: ‘malos no son pero buenos tampoco’. Lo interesante del caso es que cree que la atención que Luca les presta es excesiva. Pero Luca no los admira por ricos sino por cultos. No son simples consumidores sino tambien productores de belleza. Jason es un padre estrella que ha dejado de lado su carrera como director de cortometrajes para dedicarse a ser papá (ejemmm). Luca no cree tener nada para ofrecer de sí mismo comparado con esto: ‘Yo crecí sin belleza alrededor y la verdad que veo en ellos me encandila y me deja frío. He decidido tener más belleza en mi vida. Quiero recuperar el tiempo perdido y esa belleza que creo que me pertenece y que no me fue dada’. En esto hay tantos problemas que no sabría por dónde empezar. En Maine, él cree que todo está hecho de poesía. Cuando está con ellos, Luca intenta olvidar todo y principalmente a su pobre y solitaria madre. Pero mientras tanto, avanza el racismo y el Trumpismo en Estados Unidos y para entonces Zara es un miembro pleno de Black Lives Matter mientras Luca sigue en la boludez. Es ahí cuando Zara publica un ensayo titulado ‘Abolir lo literario’ en el que deplora a revistas literarias como aquella en la que trabajaba con Luca diciendo que era ‘una atrocidad creer que la realidad puede ser tan compartimentalizada como para ignorar la política y más aún, el hecho de que los Estados Unidos se estaban volviendo una nación neo-esclavista’. Leer el ensayo de Zara lo hace sentir una mierda por el sufrimiento que evidencia haber experimentado mientras trabajaba en la revista pero todo esto es resuelto con un sentimiento de envidia porque el tema del ensayo, lo bien escrito que está y su visibilidad le van a garantizar a Zara un contrato con alguna editorial para publicar un libro. Pero algo terrible pasa que deja en evidencia la verdadera naturaleza de Paula y los distancia (ejemm). Para entonces, avanzamos mucho en el libro y Zara desapareció de gran parte de él. Esto es un problema porque Hobit le da demasiada atención a Paula y a Jason y no a la ‘perfecta’ de la novela que es Zara. Mientras Luca, Paula y Jason son personajes complejos y descritos al detalle, Zara es chata. Más que un individuo es un catálogo de méritos. Es como si Hobit hubiera querido hacer de Zara el centro de su historia dado el momento en el que el libro se escribe pero no pudo hacer de ella un ejemplo sin devenir en paragón? La constante hagiografía que hace Luca de Zara la reduce y la achata y su constante desilusión consigo mismo por no seguirla y aprender (‘le fallé todo el tiempo’) espejan esto.

Pero en medio del achatamiento caricaturesco de Zara en el ensalzamiento de sus virtudes, uno se pregunta si la culpa que siente Luca por todo lo que le hizo no es otro modo de achatar lo complejo de la responsabilidad que uno tiene de acciones que generalmente son provocadas por cosas que van en dos direcciones. En la narrativa de Hoby no hay margen para el perdón ni para el luto de la amistad sino que la culpa es exterminante. Es como si el precio que pagara por sus errores en la amistad fuera su juventud y sus sueños. Si se odia por no haber elegido el camino correcto en el pasado, por qué no transforma esa lección para dar vuelta la página y no repetir el mismo error? Uno de los privilegios de vivir en una sociedad de privilegio como la norteamericana es disponer de la libertad y sobre todo el margen de hacer lo correcto. Es por eso que decide hacer algo por el prójimo y comenzar a dar clases en una secundaria pero, como vimos antes, eso no lo experimenta como una redención sino como un castigo católico.

No me queda claro que quiere Hoby que pensemos de Luca aunque sospecho que muchos de nosotros acabemos creyendo que uno acaba teniendo lo que se merece. Sin embargo, para hacer eso con Luca, uno debe borrar de la mente todos los errores que uno comete a los veinte años, la vanidad, la hipocresía; esos momentos (en mi caso una decada y media, por lo menos) en los que uno se fascina con la fabulosidad de lo fabulosos y en el camino, deja de lado a amigos verdaderos. Todos tenemos un momento o varios en los que tomamos las decisiones equivocadas y cometemos errores estùpidos, a veces, por envidia o vanidad.

Lo que Hoby parece no darse cuenta es que gente tan diferente como Zara, Paula y Jason vieron en él algo especial y aunque a veces le parezca al lector, alguien vanidoso e insoportable, siempre logra ser interesante. Luca tiene un ojo Nobokoviano por la belleza y una pasión por el detalle que se traduce en un minucioso análisis (que siempre implica cariño) de sus amigos. Su vocación por sentirse ‘el peor de todos’, lo transforma (contra las intenciones de Hoby) en el personaje más autentico y querible de la novela. En mi opinión, es demasiado inteligente, sensible y vital como para pensar que su vida puede ser lo chata que él cree que es. Luca solo tiene treinta y cuatro. Muy joven. Seguramente aún alto, lindo y aunque, como dice que es, ‘su sex appeal y su panza son inversamente proporcionales’, cada vez que aparece, no hace otra cosa que divertirme.

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA NO ES CON JORGE PORCEL JR. SINO QUE ANALIZA SU INTERVENCIÓN COMO UN SINTOMA DE LA CULTURA POSDICTATORIAL ARGENTINA

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