Antes de ser un novelista, Kazuo Ishiguro fue un asistente social. Entre 1979 y 1982 trabajó para una ONG en Londres ayudando a los sin casa. Fue ahí cuando comenzó en su tiempo libre a estudiar escritura creativa y para tener algo para mostrar en esos talleres tenía que levantarse una hora y media antes de ir a trabajar y ponerse a escribir. Rapidamente, el resultado de esa escritura fue advertido por un editor quien le compró su primera novela que terminó siendo publicada en 1982. A Pale View of Hills fue un éxito inmediato que le valió el Winifred Holtby Memorial Prize y un lugar en la lista de Mejores Novelistas Britanicos confeccionada por Granta, cada año. A los veintiocho años de edad, Ishiguro dejaba su trabajo y se dedicaba a escribir full time. 

Si bien, el dijo en más de una ocasión que trabajar con los homeless influyó en su escritura, hasta ahora ha sido lo suficientemente elegante para no escribir directamente sobre el tema. No obstante esto, el trabajo social está implícito a lo largo de su obra. Desde su primera novela hasta la más reciente, Klara and the Sun, es evidente que a Ishiguro le interesa qué significa cuidar y preocuparse por otros y qué ocurre cuando esa atención es abusada, retirada o distorsionada. 

En The Remains of the Day (1989) y The Unconsoled (1995), la devoción de los sirvientes por sus amos eclipsa las relaciones de aquellos con sus amantes y sus afectos. En Never Let Me Go (2005), clones actúan como ‘acompañantes terapéuticos’ y donan órganos a los humanos en un raconto nihilista de lo que significa cuidar al otro. Puede decirse que sus novelas escenifican las contradicciones existentes entre la sociedad y el sujeto, el trabajo colectivo y los objetivos individuales, el afecto por el grupo y por uno mismo. En su literatura, las buenas intenciones son deconstruidas permanentemente. Algo parecido ocurre en Klara and the Sun, que es el primer libro que escribe tras recibir el Premio Nobel de Literatura en el 2017. Terminado antes de la pandemia, tiene lugar en un futuro distópico, con conflicto social en alza, creciente desempleo y con niños y jóvenes pasando demasiado tiempo en sus casas, tomando clases virtuales y aisladose Hay algo profético, en el desolador paisaje de confinamiento descripto. Klara, es la narradora, una robot cargada a energía solar y programada para ser la ‘Amiga Artificial’ de una niña (humana). 


Al comienzo de la novela, Klara todavia no ha sido comprada. Se la ve en el negocio, siendo obligada a interactuar con sus potenciales compradores. Pero de pronto, ella no quiere saber mas nada con nadie porque, según confiesa, está prometida a una tal Josie. El manager de la tienda tiene que aclararle que: ‘los chicos siempre prometen cosas y no cumplen; aún peor, a veces vuelven, se olvidan del robot en cuestión y se llevan otro’. Este comienzo marca una diferencia con novelas anteriores de Ishiguro donde el narrador carga con el trauma de la guerra o el fascismo.En el caso de Klara, es una página en blanco y todo está por escribirse en su psiquis. Estas son las primeras líneas de la novela, por ejemplo:

‘When we were new, Rosa and I were mid-store, on the magazines table side, and could see through more than half of the window. So we were able to watch the outside—the office workers hurrying by, the taxis, the runners, the tourists, Beggar Man and his dog, the lower part of the RPOBuilding’. 

El trabajo de Klara es basicamente el de amar (a su amiga humana) incondicionalmenbte y sin esperar reciprocidad. Klara tiene sentimientos y es ‘pura’. La posible falta de reciprocidad es algo que no logra internalizar y, como resultado de ello, ella se entrega. Esto no es normal sino producto de un error de programación que hace que sea empática y se preocupe, realmente, por el otro. Klara no es como el resto de los robots pero los representa. Así, las semanas pasan sin que Josie vuelva a recogerla pero, cuando todo parece perdido, esta aparece para advertirle que no todo será color de rosa en la vida de ambas: “some days I’m not so well.

La acción tiene lugar en un pueblo del Midwest. Ishiguro dice haberse inspirado en una pintura precisionista de 1920; perteneciente a la era pre-industrial norteamericana. Sin embargo, Klara vive en epocas definitivamente postindustriales; en una zona rural recluída con su madre y aislada de la clase baja urbana que siempre aparece como en los bordes de la mirada. Pero Josie está enferma y su enfermedad es el resultado de la alteración genética que quisieron hacerle para que fuera academicamente más competitiva. 

Ishiguro comenzó este libro con la intención de que fuera para chicos pero su hija Naomi lo convenció de que había partes que los traumatizaría. Es una historia de educaciones interrumpidas; el retrato de la robot cuya auto-educación en la tienda es interrumpida por la niña que la compra de quien tiene que hacerse amiga. En la casa de Josie, Klara se da cuenta de que su educación deberá incluir adoptar aspectos de la identidad de su dueña. Esto implicará aislarse del resto del mundo: “I found strange for a while not only the lack of traffic and passers-by, but also the absence of other AFs,” dice Klara cuando llega a la casa de Josie. Y agrega: “I realized how much I’d grown used to making observations and estimates in relation to those of other AFs around me.” Pero lo único que Klara conoce antes de llegar allí es la tienda lo que hace su vida domestica de difícil adaptación.  Josie, como lo había anunciado, ‘no está bien’ y muchas veces, está postrada en la cama. El trabajo de Klara es el de hacerle compañía y mirarla mientras duerme. 

Ademas de Josie y la madre tenemos a Melania, una suerte de ama de llaves que constantemente le recuerda que ellas dos no son lo mismo Pero lo que Melania realmente marca son los límites del trabajo de Klara. Ese limite se hace tambien evidente cuando Josie le presenta a su amigo Rick como ‘su mejor amigo’. Esto confunde a Klara: “No. But…it’s now my duty to be Josie’s best friend.” “You’re my AF,” le dice Josie. Esto significa que cada amigo de Josie, de ser automaticamente amigo de Klara quien no dude en  acercarse a Rick. Los límites son poco claros, al punto que un día en la casa de Rick se pregunta cómo debe tratarla: como una persona o como una aspiradora. Cuando Rick visita a Josie, Klara se sienta en la habitación dandoles la espalda y cuando Josie y su madre toman un café, ella se coloca al lado de la heladera, algo así como una aliada muda.  

A Klara le cuesta adaptarse a los cambios y muchas veces eso se ve en su narración que no es simplemente tal sino una reflexión sobre la misma: “There must have been signals all along, because although what happened that Sunday morning made me feel sadness later, and reminded me again how much I had still to learn, it didn’t come as a true surprise.” Pero, dado que su atención debe estar puesta en los otros, hay un límite para la energía que puede poner en adaptarse a las nuevas situaciones. Ishiguro es parte de la generación previa a Thatcher; una generación aún optimista que tuvo acceso al espacio publico como tal para, de pronto, perderlo en un mar de performativismo. Esto transpira en sus personajes que no importa cuan hechos mierda estén ya que siempre tienen algo de esperanza. Este vinculo con su propia juventud en Gran Bretaña nos obliga a mirar el distópico campo del Mid-West norteamericano como en dialogo con el idílico pastoralismo Británico. Tanto la ciudad como el campo de su novela apuntan a un pasado que ya está fuera de alcance. 

Klara and the Sun es una novela sobre el exceso de población y la falta de recursos para desarrollarse. En ese mundo, los padres pueden decidir alterar la genetica de sus hijos para que tengan mayores probabilidades de éxito en la vida pero el riesgo es grande y si algo sale mal, esos chicos, como Josie, no llegarán a la vejez. Así, mientras Klara se encariña (y convengamos que Klara ama como un humano o, de manera más pura que un humano), Josie se debilita más y más; lo que desespera a Klara que la quiere salvar para concluir que su trabajo no es solo cuidarla sino devenir ella. Y esto no es algo que haga simplemente por empatía sino la usan para un procedimiento médico/informático mediante el cual ella puede pasar a una muñeca, la personalidad de Josie. La pregunta es si esa muñeca crecerá o permanecerá en la edad en la que murió. Todo esto es eticamente complejo pero para Klara transformarse en Josie le da algo que no pensaba era posible y cuando la madre de Josie la abraza dice:  “Her eyes were closed in just the way they were when she and Josie rocked gently during a long embrace, and I felt her kindness sweeping through me.” No obstante esto, Klara hace lo imposible para que Josie viva; ósea, hace su trabajo. El modo en el que Ishiguro trae el melodrama de la vida y la muerte al plano del deber del trabajo neoliberal es magistral. Los sentimientos son reales y duelen al punto de lo insoportable pero, al momento de la transacción, son achatados y cualquier otra consideración queda suspendida hasta que sea ‘apropiado’ volver a sentir. Desde ya, el problema de programar una máquina para sentir es que comience a tener sentimientos improductivos para los fines a los que fue creada. Las emociones de Klara evoluciones y constituyen una ‘tecnología de la interioridad’. La empatía de Klara se siente en la escritura de Ishiguro y constituye el dilema no solo de esta novela sino de la mayoría de las historias de Inteligencia Artificial; como, por ejemplo, Frankestein: la máquina buscará independizarse una vez que sepa lo que es bueno para ella. Sin embargo, este no es el caso de Klara y me atrevo a decir, de Ishiguro ya que en ninguna de sus novelas hay rebelión alguna sino recordemos el final de The Remains of the Day. En una entrevista en The New York Times, Ishiguro se refirió a la falta de resistencia en sus novelas como algo trágico, como una oportunidad perdida lo que en sí constituye un gesto estético que alegoriza precisamente a lo que se está refiriendo. 

Por eso Klara es algo mucho más terrible que Frankestein porque la esperanza de cambio y emancipación de este último es inexistente en ella quien solo sabe amar y servir. Klara aprende a amar y lo hace demasiado bien, al punto de la auto-inmolación. La auto-disciplina neoliberal versus los resabios románticos de un mundo en el que se podía pensar en un mañana pero ya no… Ni me refiero al final porque es lo más triste que leí en mucho tiempo. Excelente Ishiguro.

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA CUESTIONA LA DECISIÓN DE FRANCISCO LEMUS EN Ñ DE ATRIBUIRLE INICIATIVA (ARTÍSTICA?) A LA DECISIÓN DE UN ADICTO COMO JORGE GUMIER MAIER DE DEJARSE MORIR