Hoy fue el cumpleaños de una figura que ha marcado el ritmo del arte contemporáneo desde los 90s y, de alguna manera, lo sigue haciendo. Me refiero al Juez Gustavo Bruzzone y digo Juez porque esto es algo fundamental en el análisis. Dicho de otro modo, el hecho de que uno de los protagonistas de la vanguardia de los 90s no solo sea un empleado público sino alguien que hace uso de la ley para meter a gente presa, debe llamar la atención cuando se habla de un grupo artístico que levantó las banderas esquizoides de Perlongher. Esto, desde ya, se da de lleno con las ‘cartografías deseantes’, en su mayoría ilegales, que proponía el sociólogo y poeta argentino tras sus lecturas de Deleuze y Hocquenghem y que, en algun momento, Jorge Gumier Maier tambien apoyó. Sin embargo, el Rojas fue un momento de cambio progresivo (desde el punto de vista del burgués y anquilosado del mundo del arte) y definitivamente conservador, desde el punto de vista, del activismo gay ya que postulaba de manera alegórica cosas imposibles que, ni siquiera se animaba a enunciar, en un contexto de continuidad de la homofobia y represion de la dictadura. En cierto modo, el Rojas terminó mirando para otro lado en lo que respecta a estas cuestiones y que un Juez sea el encargado o uno de los encargados de cuidar su legado y contar su historia debe darnos mucho para pensar respecto del lugar de las contraculturas en la hiperconservadora Argentina. 

Pero la presencia de Bruzzone fue importante en tanto que ayudó a hacer lo que pocos ‘movimientos’ o ‘grupos’ artísticos lograron hacer en la Argentina que es documentar y archivar. El que estuviera en el paisaje social hizo que hubiera un halo de oficialidad sumado al hecho de que el Rojas se transformaba en la institucionalización con dinero publico de lo que había pasado en el Underground. La  relevancia de Bruzzone no radica en su colección que contiene algunas de las piezas fundamentales de la época sino en su intervención en la documentación y registro de esa escena. Cualquier estudioso del período encuentra en él una fuente solidaria de información y esto en la Argentina es invalorable. El problema con sus intervenciones es que vuelven siempre a la lectura hegemónica que es la sancionada por Gumier Maier y el grupo ‘oficial’ y esto redundó en una aniquilación de la critica no sólo para el Rojas sino para el resto del arte. La combinación de esto y desde el otro extremo ideológico, primero Lopez Anaya y despues  la Chorra Paqueta, o sea su versión degenerada, acabó con la crítica y llegamos a Fernando Iglesias como referente ‘académico’ de los medios argentinos. Así estamos… 

Hasta mi intervención en el Premio Peter Marzio en el que una charla con Bruzzone hizo que cambiara mi hipotesis para centrarme en las practicas de negación y amnesia selectiva del grupo, hubo sólo una mirada (que fue la de Gumier y…. Bruzzone). Si se quiere, la única disidencia (Jorge Macchi) fue censurada e invisibilizada, ni más ni menos que por Marcelo Pombo. No es para hacer autobombo pero este es parte del argumento reconocido por el Museo de Houston en la que fue la primer lectura crítica en la que que no intervine para desautorizar al grupo sino para marcar las diferencias internas ya que no todos son lo mismo. Ir al archivo de Bruzzone y toparse con él, casi siempre equivale a escuchar la opinión de Gumier que se presenta como ‘el modo de lectura’. El problema con esto no sólo se emite con opinión sino que se institucionaliza con fondos públicos a traves de publicaciones como, primero, Ramona y luego, muy posiblemente, Jennifer con Roberto Jacoby. Si no me equivoco, este año sale la antologia de Ramona escrita por el cumpleañero y Sid Kunlanchy. Desde ya, qué puede salir de eso sino la confirmación de un estado de las cosas que, convengamos, no es tan bueno que digamos. Finalmente, tengo que volver a mi premio porque cuando se me censuró y canceló, Bruzzone opinó y se sumó a la manada. Esto, desde ya, es cuestión de gustos. Lo que, viniendo de él, resulta incomprensible es que un paper de alto nivel iba a ser publicado por el Museo de Houston aportando a la visibilidad del grupo en el que él tanto participó. Pero, en lugar, de pensar en la necesidad de debate y de visibilidad del grupo, él fue otros de los que se sacaron el gusto del linchamiento (aunque él le reconoció a Gigena en Perfil que el único beneficiado por esto era yo) pero, al mismo tiempo, se tiraron un tiro en el pie ya que el resultado fue que hoy, al Rojas se lo conoce, en el exterior, menos que antes o, por lo menos, hay un paper menos internacionalmente reconocido como de interés (porque no vamos a creer que lo que escriben los Coniceteanos lo lee alguien) y eso es falta de inteligencia. 

Respecto de Ramona, su gran problema es su modo de existencia ya que funciona como un cooperativa de ‘criticos’ que se traduce en endogamia. Lo bueno de Ramona es lo obvio,  dejó registró de lo que de otra manera hubiera quedado olvidado. Sin embargo, lo que hizo tambien fue generar una socialidad que naturaliza el autodisciplinamiento de la crítica en los terminos de la mafia del amor.. Esto tiene que quedar claro porque no es que Bruzzone bajaba linea sino que la gente terminó adoptando la línea ‘oficial’ simplemente para ser ‘aceptada’. En Ramona lo único que hay es apologia e institucionalidad pero una institucionalidad heredada del Rojas, osea, ‘entre artístas’ lo que no siempre es bueno. 

Otro aspecto del Bruzzone ‘artístico’ es su relativismo que, de todos modos termina, con la imposición autoritativa de su cámara en su canal de Instagram en el que registra acríticamente la escena contemporanea. Es más el criterio de curación es social lo que aporta al elitismo. Hay algo Surrealista y muy ‘violento’ en tener un Juez de la Nación (garantista, gracias a Dios) poniendo la cámara en la cara de los invitados a un vernissage y opinando desde un lugar tan ‘autorizado’. Lo cierto es que Bruzzone ha estado en una posición que le hubiera permitido acceder a otros círculos y apoyar otras manifestaciones artísticas pero decidió hacerlo con el Rojas y eso es algo que siempre, para bien o para mal, le debemos agradecer. Feliz cumpleaños.

 

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