Estimada Mayra Zolezzi y a quien corresponda de la Fundación Proa, con sorpresa me entero que Ud., para deslindar responsabilidad, le dirigió un mail al responsable de mi colección, contándole que yo estaba “enfadado” el sábado cuando el personal patotero de seguridad y de la confitería no me dejaron circular libremente el día de la inauguración de una muestra en la que que estoy participando en forma directa con obras de mi colección en préstamo. Probablemente Ud. no lo sepa, porque la Fundación Proa nunca lo hace, pero otros lugares me suelen invitar a esa clase de eventos (incluso aunque no haya prestado obras) y, en general, los que organizan y participan de esas actividades se suelen poner contentos y hasta me agradecen que asista, porque desde hace algunos años las registro para difundirlas y, como memoria, las conservamos en mi archivo como material de estudio y análisis del futuro.

Y no se confunda: con lo que acabo de decir no pretendo ser incluido en ninguna lista de invitados a sus eventos, porque no pienso asistir por invitación de Uds. a nada.

No puedo ser tan categórico y decir que no iré nunca más a Proa, porque si algún artista o curador me lo pide tal vez lo haga, porque las propuestas curatoriales son muchas veces interesantes y buenas, pero la sensibilidad artística y empatía con los otros actores de la escena del arte que practica la institución, no es de recibo y prefiero no tener ninguna relación con Uds.

En esta oportunidad, como suele ocurrir con Proa, no me invitaron a la muestra “Arte en juego”, curada por Rodrigo Alonso, para la que presté diez (10) obras de mi colección de arte contemporáneo argentino y echarle la culpa a Roberto Macchiavelli, que es el encargado de mi colección, porque él no me avisó de la invitación que le cursaron a él recién el día anterior a la inauguración, no hace más que confirmar la incompetencia y mala educación, también y una vez más, de algunos de los que trabajan con Adriana Rosenberg, directora histórica de ese lugar y legendaria por el acoso laboral y maltrato generalizado al que somete a cualquier persona con la que interactúa, especialmente los asistentes, empleados y artistas que la deben padecer por la posición de poder que todavía conserva.

De las autoridades y de cierta parte del personal de la Fundación Proa desde 1996 -donde estuve registrando en video la muestra inaugural de Rufino Tamayo- sólo he recibido a lo largo de estos años destrato y falta de consideración, pese haber colaborado, apoyado y difundido las diversas actividades que allí se realizaron a lo largo de todos estos años, como coleccionista y, muy especialmente, cuando fui editor de la revista ramona. Ese malestar se acrecentó, incluso, cuando fui invitado en 2013 a mostrar mi colección, junto con las de los colegas Ikonicoff y Tedesco, porque la Sra. Rosenberg y la encargada de la muestra Cintia Mezza, tomaron decisiones muy equivocadas y en contra de mi parecer acerca de las obras que se debían exhibir y cómo. Producto de la ignorancia e improvisación de las autoridades de Proa que llevaron adelante ese proyecto no lo puedo recordar con placer, sino como un momento de malestar para mí y para Macchiavelli, a quien Rosenberg le gritó y maltrato en el momento del montaje.

A diferencia de Ud., que descarga la responsabilidad de la institución en otro, Rodrigo Alonso se comunicó conmigo el sábado a la tarde para pedirme disculpas, lo que le reconocí aunque él no es el responsable. No obstante, debo decir que algunos de los artistas invitados en esta oportunidad estaban sorprendidos porque sus obras no estaban bien montadas o finalizadas para el momento de la apertura. Muy probablemente nadie diga nada, porque nunca lo hacen frente a la posición de poder económico de la institución y el autoritarismo de su directora, que es paradigmática de lo que representa la microfísica del poder que se maneja y administra abusivamente en la escena del arte de nuestro país, como se puede detectar también con otras instituciones, pero que en el caso de la Fundación Proa es histórico y sintomático. Por eso lamento mucho que Ud pretenda encubrir un grosero error de protocolo haciendo responsable a Macchiavelli por no haberme avisado.

Por último quiero hacerle saber, para dejar constancia, que pese a esta nueva situación de malestar personal, las obras de mi colección y todo el material del archivo seguirán estando disponibles para quien las solicite y quiera exhibirlas, eventualmente, en alguna actividad en la Fundación Proa, o donde sea, como vengo haciéndolo desde que comencé a coleccionar con todas las instituciones y curadores que las han solicitado.

por Gustavo Bruzzone, 20 de Diciembre de 2021

 

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