Desde hace un tiempo, decidí no prestar más demasiada atención a la escena del arte argentino porque es precisamente allí donde el arte (al menos, el vernáculo) no está. Por eso, mis nuevas Pastelas mirán en otras direcciones y reflexionan a partir de otras preguntas. Sin embargo, la carta que envió Gustavo Bruzzone a Proa amerita una reflexión. En principio, lo que preocupa es que venga de un juez cuyo entrenamiento en leyes debería estructural la expresión de su pensamiento de manera metódica y estructurada, por lo menos, al momento de la argumentación. Pero la carta de libro de quejas que envió a Proa y sorprendentemente, decidió publicar no es otra cosa que un nudo bulímico de reproches, quejas y, como diría Lemebel, maricursilerías; una suerte de pase de facturas a una mujer como la Rosemberg cuyo lugar en el mundo ha sido forjado a traves de maltrato a los de abajo y el halago desmedido a los de arriba. Una vida así no amerita detenerse ni a considerarla. Parasitismo selectivo.

De la carta de Bruzzone, se desprenden dos temas. Por un lado, la típica lucha de poder entre vernissageros (y, tengamos en cuenta que esta gente viene haciendo esto, practicamente, todos los dias de la semana desde hace décadas). Esa lucha es como un duelo medieval en el que en lugar de lanzas y caballos se tiene la mirada que autoriza o no al otro a aproximarse. Un clásico es que cuando uno va a acercasrse, el otro lo mira (con mirada de Miranda Priestley, de arriba a abajo) y le retira la mirada. Ese es el momento de la derrota total. El otro es el retiro de la invitación que es lo que le acaba de pasar a Bruzzone. Todo esto es una técnica habitual en un sistema tribal con estructuras y jerarquías marcadas, literalmente, por quién consigue el esponsoreo del vino. En otras palabras, el que gana ahí es el que tiene la chequera para mandar o ‘retirar’ las invitaciones en el siguiente evento. En esto, la madama es Proa. Este es el primer tema. El segundo es el darse cuenta de que ya nada de esto tiene sentido y la carta de Bruzzone tiene mas tono de estar dirigida a él mismo, como diciendose, por qué me sigo sometiendo a esto que a otra cosa. El problema es que ya que tiene demasiado invertido tanto en lo personal como en lo profesional. Recordemos que Bruzzone llega desde los 90s surfeando la ola del excepcionalismo argentino que psicóticamente supone que un canon (como el del 90) será seguido por otro y luego por otro y que lo tendrá a él como protagonista. El de hoy es un mundo del arte vaciado en donde la escena que parecía pujante y en constante consolidación de un próximo canon se da cuenta de que no hay nada para consolidar.

Pero vamos a los hechos, Bruzzone pone el grito en el cielo porque no le mandaron una invitación. En mi humilde opinión considero, realmente, increible que un adulto pueda escribir semejante carta sin que se le caiga la cara de verguenza. Papu, si no te invitan, no vayas más pero no lo anuncies. Sin embargo, al hacerlo Bruzzone muestra los dientes, poniendo en evidencia su capacidad de fuego que, a la larga, no es otra que llevar la camarita y registrar absolutamente todo. Personalmente, yo dejé de mirar esos registros hace un año. Una cosa era la documentación del backstage de la genesis de un canon como el del Rojas en el que él, sin dudas, tuvo un lugar fundamental y otra, muy diferente, es abrir la camara como si fuera Gran Hermano para ver toda pelotudez que pasa frente a él como si se estuviera haciendo Trainspotting y viendo a los trenes pasar tras un shot de heroína. Parte de la capacidad de fuego de Bruzzone esta en su irregular colección que, dicho sea de paso, se consolidó institucionalmente gracias a la inclusión de la misma en aquella muestra conjunta con las colecciones de Tedesco y la Ikonikoff precisamente en Proa. Respecto a su disconformidad con el modo en el que fue curada por dicha institución (que dicho sea de paso, según él, es una bosta), el tiene todo el derecho a retirar la obra o aceptar los criterios de curaduria de la institucion a la que la prestó. A esta altura uno comienza a preguntarse quién se cree que es, este bueno homnbre? .

Esto nos lleva a la cuestión de su supuesta connoisseurship en arte lo que es un gran malentendido. Ir a ferias, coleccionar y estar en aperturas no te hace saber de arte. Lo que Bruzzone tiene es un corpus de lecturas fragmentarias y desordenas; siempre filtradas a traves de un prisma que es el del Rojas que, como la teoría posestructuralista, ofrece una solución para cada problema. En algún momento que creo que es cuando se asocia con Roberto Jacoby en Ramona, al juez federal se le suben los humos y no sólo pretender ser el referente sino ungir a aquellos autorizados para emitir opinión. Luego, el decide quién sabe (Lemus, por ejemplo) y lo unge como oráculo en un santuario inexistente y esto, señoras y señores, quedó presente en el patetismo de las exequias de Jorge Gumier Maier en donde nadie, absolutamente nadie, pudo decir algo que aportara a la relación entre contraculturas y mundo del arte para dar cuentas del lugar de Gumier en él. Pero lo que viene de sentir Bruzzone, que recordemos es un juez federal, es exclusión. Fue, lisa y llanamente, ninguneado y ese ninguneo pone en evidencia la fragilidad de una corte sin Rey.

Hace unos meses, yo dije que los patéticos tiempos del mundo del arte argentino estaban marcados por dos figuras: Gustavo Bruzzone y Feda Baeza. La segunda implosionó rapidamente cuando se puso en evidencia no solamente lo banales de las politicas de identidad esgrimidas como politica cultural sino su peligroso fascismo (que viví en carne propia). Bruzzone acaba de hacer lo propio ; y lo hace no por haber perdido sus cabales sino porque su lugar en la escena cultural desaparece ya que no hay nada relevante para registrar. Qué hace Bruzzone si no tiene un canon para construir sino activar, mediante su Alfred (su asistente Machiavelli) un repligue melancólico hacia algo que ya no está y que quiere que se repita en el presente. Qué otra razón puede darsele a su participación en la Galería Grasa con una obrita de mierda. De Rosenberg, qué se puede decir. Ella sí sabe cómo jugar el juego en el que los hombres o bien se sienten emasculados o le tiran por encima una fundación para que juegue a la todopoderosa.

El ultimo tema de la carta es el del maltrato y este tema no debe ser tomado a la ligera. Si un coleccionista es maltratado, no quiero ni imaginarme los padecimientos de un simple pasante o de un empleado junior. En la Argentina y más especificamente en el mundo del arte, hja venido teniendo lugar un incremental uso del maltrato como moneda corriente. Como sabemos, el maltrato tiene origen en la ignorancia y la inseguridad del propio lugar en el mundo y este es, sin dudas, el caso de Rosenberg y no nos equivoquemos porque Bruzzone tambien maltrata pero lo hace con esa onda campechana que adopto como versión civil del kitsch del Rojas.

 

 

HABEMUS NUEVO CAÑECHAT Y ES CON Oscar Contardo CON QUIEN CHARLAMOS SOBRE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DE CHILE, LA INFANCIA DE Pedro Lemebel, LA RAZÓN QUE TENÍA ROBERTO BOLAÑO AL DESCRIBIR A CHILE COMO UN ‘NOCTURNO’, ENTRE OTRAS COSAS

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MI ‘HISTORIA A CONTRAPELO DEL ARTE ARGENTINO’ (PENGUIN/RANDOM HOUSE, 2021) EN LA CAMA DE ESME MITRE

 

 

 

 

 

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