Mis crónicas de la crisis de los cincuenta tienen, en principio que ver con cómo uno decide navegar el momento simbólico en el que se pasa de la insoportablemente extendida juventud a la injustamente prolongada vejez. No necesito referirme a Preciado para decir que vivimos en un mundo signado sexualmente por la pornografía y culturalmente por los fármacos. El COVID fue la confirmación de eso. Entre ambas y a medida que la crisis economica global hace que profesiones poco estables, sin sueldo fijo, que antes daban libertad, alta visibilidad, etc.; hoy quedan a la buena de Dios y comienzan a recurirr a medidas desesperadas. El problema es que si bien la farmacologia es el tipo de asistencia adecuada para los que envejecemos, la pornografía, difícilmente lo es.

Desde ya, el mercado acompaña naturalizando el mandato y naturalizando su internalización como decisión autónoma. El ejemplo más obvio de esto es la publicidad que no hace otra cosa que crear necesidad donde antes no la había. Pero vivimos en un presente mucho más sofisticado que eso y los modos de penetración no son subliminales sino en tu cara y de manera personal.  Durante la última decada se forjó una idea de las libertades a traves de la politicas de identidad que pronto (y me consta en carne propia, degeneraron en medidas de censura fachista) se metamorfosearon en un autodisciplinamiento de precisamente aquellos que dentro del sistema tienen como obligación el desacuerdo informado. Me refiero, obviamente, a mí generacion y los milennials, antes nuestro.  Ambos, aunque no exclusivamente, han venido combinando un nivel de confort dado por el estado de bienestar del que habían venido gozando sus padres (y que les aseguró una mediana herencia, en el mejor de los casos) que les dio el margen suficiente para creerse con mayores derechos a los que les correspoden para asumir, casi como un derecho natural, que el mundo les debe algo. Si algo ha caracterizado al siglo XX fue el descubrimiento del inconsciente pero el siglo XXI fue mucho más a fondo y transformó al narcisismo en una necesidad pero no en cualquier necesidad, sino en la justificación de los propios padecimientos. Hoy uno puede convincentemente plantear que está pasando hambre no porque el sistema capitalista hambree sino porque, en algunas profesiones, comer menos es sinónimo de progresión laboral y social.  Pero esto para la gente que avanza en años es incluso impensable lo que no solo se ve en el sector servicios sino, y aquí es donde es de interes para este blog, en el mundo del arte y en el de la cultura en el sentido más amplio. Y esto se hace en nombre de los derechos adquiridos muchas veces relacionados con la libertad individual y el derecho a la identidad. Así, prostituirse pasó de ser la evidencia de las fallas de una sociedad hipócrita e injusta por lo polarización de la riqueza  a una muy cool y dedicada forma de expresión feminista. Sólo así puede entenderse como el paso de Florencia Peña al soft porn pre-geriátrico fuera visto como una divertida y oportuna movida de carrera. En la edición de ayer, la plataforma digital argentina Teleshow anunciaba el ingreso de Silvina Luna a esa categoria de porno en los siguientes terminos: ‘Hoy quiero volver a conectar con la sensualidad, el erotismo y romper límites, porque así soy’. La dependencia transformada, al menos retóricamente, en libertad.

 

Esto que voy a contar ahora debe incorporarse a mis crónicas de la crisis de los cincuenta que ha comenzado con una suerte de exploración sexual sin límites previstos que, desde un punto de vista psicologico, tiene que ver, supongo inconscientemente, con el hipotético convencimiento de que uno ya no tendrá tantas oportundidades como antes y debe gastar esos cartuchos (de sexo juvenil) antes de que se vuelva imposible. Esto ocurre, precisamente, en el momento que me encuentro más informado de cuestiones de género y todo lo que refiere a la relación entre homosexualidad y psicología así como estudios queer. Salir a ‘la calle’ con ese bagaje es por demas interesante porque es mucho lo que se puede leer. Pero no vayamos todavia a eso, sino a un momento hace un par de fines de semana cuando fui a Londres a encontrarme con un ex fuck buddy (‘amigo’ para tener sexo aunque más sexo que ser realmente amigos) de hace como una decada y media. En ese momento, él era una especie de celebrity en la escena gay londinense del, so called, sexo fetichista (que, aclaro, no es lo mío ni creo debería serlo viniendo de un país en donde se torturaron y mataron recientemente a más de 30 mil personas) en principio por haber escrito un libro sobre ese tema. Su nombre es Jonathan Kemp y escribió cuatro novelas, ganó un premio menor y tuvo relativo éxito de mercado lo que le permitió comprarse una casa en el East End. En la epoca en la que loveartnotpeople era en inglés allá en su comienzo el participaba en twitter de los debates, por ejemplo. Jonathan encarna los valores de la generación de los YBA o Young British Artists; donde lo único que importa es el shock mediático (más o menos prolijo) y el éxito de mercado. A pesar de ser un pedante, lo que hizo que, realmente, en su momento, yo decidiera no aceptar más sus invitaciones por armar grupos (sexuales) sin avisar, el blog en sus inicios hizo que siguiéramos en contacto. Lo de los grupos era algo que me molestaba particularmente porque ya estando ahí uno está caliente (o puesto, que a la larga es lo mismo) y termina quedandose y saliendo con menos de lo que entró. Pero yo sexualmente realmente creo (y en estas cosas no hay esencias sino fluideces) funciono en el uno a uno y la genitalidad es una parte muy relativa para mí.Los grupos pronto se transforman en un espectaculo que, noblesse oblige, calienta algunos pero todo acaba siendo muy escopofílico, al menos para mí. En esos grupos, el sentido que prevalece es el de la vista y para mí lo más importante en materia sexual es el tacto. A pesar de esto, algunos, como el especialista en estudios queer Tim Dean dicen que esos grupos habilitan espacios, si bien no de creación de comunidad, al menos, de establecimiento de relaciones selectivas. Sin embargo lo de Kemp se vuelve más simpático cuando su personalidad queda adherida y depende de categorías fetichizantes como que la de él es una ‘cock XL’.

Desde que decidimos encontrarnos y, como contrapartida, él vendría a visitarme a mi casa en la cosa lo que me hizo suponer que habría sexo en el algún momento pero no que sería la razòn o única actividad de ambas visitas. Esto me quedó claro apenas entré a su casa y me dió la buena nueva de que no eramos los únicos de la partida sino que había un tercero, en camino. Las veces que nos habíamos encontrado con Jonathan en el pasado había sido fuera de su casa (es decir, de esa casa a la que estaba entrando en ese momento) porque estaba en pareja. Pero al entrar a la casa, sentí que la conocía y yo había estado en una visita sexual hace por lo menos una década en la que tuve sexo con su pareja que, visiblemente, ya no era su pareja, aunque aún viven juntos y en el reparto a Jonathan le tocó una suerte de habitación de servicio ampliada pero definitivamente ya no el master bedroom.  No mencioné nada de esto pero no tarde en plantearle cierta incomodidad en el encuentro sexual que él daba por descontado íbamos a tener (y mi sorpresa por mi mismo y mi reacción crecía a medida que salían las palabras de mi boca) para luego aclararle que su medida de pene era L y no XL y esto lo digo con una profundo conocimiento del campo y, a esta altura, como el experto en culturas visuales que soy. Pero, como verán esto no tiene nada que ver con la transformacion de la necesidad en virtud a la que me refería al comienzo y en sentido estricto constituye un desvío inaceptable del argumento que sostiene a este post.

Pero volvamos al eje de la cuestión. De pronto llegó un joven lindo, muy mi tipo de hombre pero mas joven de lo que me gustaría. Venezolano y con actitud de camisa polo. Lo que en su versión Cubana sería un ‘gusano’. Y la primer miradas que me dió fue negativa supongo que por ser argentino. Lo saludé cortesmente y me fuí al living a sentarme lejos de la ‘acción’ para llamar y esperar un Uber pero no podia pensar demasiado porque a cada diez minutos aparecía un joven que entraba y salía de la casa con algo que parecía un bolso. Desde ya y fiel a su estilo, la sesión con el venezolano en la que, obviamente, Jonathan hizo de activo y, de acuerdo a lo esperado, duró menos que mi espera del Uber para que el antipático sudamericano finalmente decidiera que yo no era un obstáculo en su proyecto de quedarse con el ‘rico’ inglés (lo que, en definitiva, tomé como un halago) y que yo no era su competencia para, algún día (que sea yo!) quedarse con la casa sino una oportunidad de diversión. A esa altura él me miraba como rogando con ojos de cachorrito abandonado con ese tipo de deseo incontenible que el sexo no da (salvo en las películas) sino las drogas. Le dije que no que, yo en esa casa no me sacaba la ropa desde, por lo menos, el 2010 y de alguna manera estaba bien que la situación siguieraasí. Pero al otro día no pude evitar llamar a Jonathan y preguntarle quién era este tipo que entraba y salía a altas horas de la mañana de su casa. Me dijo: ‘”Ah, no te conté, soy drug dealer’. Son tiempos, claramente, desesperados. El galardonado escritor devenido en drug dealer para poder mantener las goteras de la casa de un millón de libras que, en realidad, pertenece a su marido, el infiel.

LA NUEVA TEMPORADA DE LA PASTELA COMIENZA CON LA FOTOGRAFIA DE LA MEMORIA AFECTIVA DE ROMINA RESSIA

HABEMUS NUEVO CAÑECHAT Y ES CON Oscar Contardo CON QUIEN CHARLAMOS SOBRE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DE CHILE, LA INFANCIA DE Pedro Lemebel, LA RAZÓN QUE TENÍA ROBERTO BOLAÑO AL DESCRIBIR A CHILE COMO UN ‘NOCTURNO’, ENTRE OTRAS COSAS

Y SI LO QUERÉS ESCUCHAR COMO PODCAST, ESTE ES EL LANPODCAST BORICIANO DE ESTA SEMANA

MI ‘HISTORIA A CONTRAPELO DEL ARTE ARGENTINO’ (PENGUIN/RANDOM HOUSE, 2021) EN MANOS DE MI SOBRINA DILECTA, FLOR UCHIUMI EN EL GLORIOSO ATENEO

 

 

 

 

 

 

 

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