La reseña de Rob Doyle de Mona, la tercera novela de Pola Olaixarac me sorprendió por varias razones. Leí su primera novela o, mejor dicho, no pude terminarla precisamente por las razones que Doyle atribuye a esta tercer novela. Sus personajes son chatos, carecen de profundidad y son puestos a interactuar en base a un cinismo que cuando logra convertirse en afecto genera verguenza ajena. Pola Olaixarac sólo puede crear mundos neoliberales en donde lo único relevante es la eficacia incluso en la perdida. No hay dudas de que ese mundo es el que ella se creó como artista. El problema con jugar al carrierismo a nivel de The Guardian es los peligros de que el tiro salga por la culata. Pero no cualquiera llega a tener este nivel de visibilidad y si lo tiene es porque sus amigos de la derecha liberal estan pagando por servicios prestados ya que un diario como The Guardian nunca llega a tener que emitir una opinión en la que la psicología del autor mismo es puesta en juego. Dicho de otro modo, la reseña de Doyle es presentada y titulada muy suavemente pero contiene un misil que inhabilita de por vida a Olaixarac a creer que es una artista de primer nivel y lo cierto es que no lo es pero, evidentemente, o nadie se lo dijo o vive en estado de negación impulsado por una eficacia en el networking que la lleva a lugares desmedidos. Esto Doyle lo dice casi, casi elegantemente y lo hace cuestionando no solo su credibilidad como artista sino y esto es lo sorprendente, como persona. Para el crítico literario de The Guardian, Olaixarac es tan pretenciosa que proyecta en sus personajes, todos ellos insoportables, su propia falsedad. Transcribo el párrafo en inglés por su claridad aunque Doyle y lo que quiero plantear en esta reseña es que por no tener contexto suficiente y un crítico de un diario no tiene por qué tenerlo, hay ciertos elementos de su argentinidad que sólo este blog puede poner en blanco sobre negro para completar la muy buena critica del diario inglés:

‘Insofar as she sticks to such lit-world theorising and piss-taking, Oloixarac is on steady ground. Unfortunately, having set the narrative;’s wheels in motion, she has no viable plan to guide the vehicle home. The novel’s credibility collapses in the final third. A lazy appeal to Nordic mythology for unearned profundity rings jarringly false, while a gesture towards an exploration of male on female violence never follows through. Grasping for gravitas by appeal to secondhand signifiers and conscious symbolism, Oloixarac overburdens a novel that might more effectively have kept its focus on the egos and libidos of the literary set. In doing so, she falls face first into a condition with which she would be swift to diagnose her characters: pretentiousness’.

La historia de ‘Mona’ es la de una escritora morochita (osea, coya) que se topa con el éxito en el mundo literario y pretende avanzar aún más en su carrera por medio de la exaltación de su ‘racial’ latinoamericanismo y su condición de mujer. De entrada sabemos que Mona es una excusa para que Pola se despache contra las políticas de identidad. Mona coge pero coge como una adicta complaciendo pornográficamente a sus ‘víctimas’. De más está decir que usa su cuerpo para hacer networking y no como instrumento de emancipación como hubieran querido sus sororas. Esto es algo que Doyle no percibe. Lo que sí ve es que Mona es un vehículo para que Pola nos cuente sus impresiones del pretencioso mundo literario argentino al mejor estilo LANP. Pero en el achatamiento de este personaje en particular, Pola despliega un racismo muy argentino que no tiene otro objetivo que expresar su odio de clase para, obviamente, ilustrar la postura ideologica que le valieron los contactos en el mundo empresarial que facilitaron que una novela mediocre termine reseñada en uno de los dos diarios más importantes del Reino Unido.

Como en el caso de Oscar Contardo en ‘Siútico’, Pola se resiente con la ‘negrita’ por tener éxito. Esto es hecho a modo de posicionamiento de la autora en un contexto de guerras culturales por lo que no violenta a la ‘negrita’ una sino dos veces. Dicho de otro modo, la literatura de Pola no es arte sino una ilustración de un programa ideológico que anacrónicamente se aferra, para odiarlas, de variables marxistas. El problema es culpar a la ‘negrita’ por aprovechar de la única oportunidad que, como milagro, se presenta a alguien como ella que es no sólo pudiendo escribir a nivel de premio literario, algo que de ocurrir, ocurre porque todavía existe la universidad pública y gratuita sino que a partir de allí, la colla estudia inglés y gana una beca para estudiar, ni más ni menos que en Stanford. Este personaje no solo es de ficción sino surrealista ya que cómo hace una persona que pertenece a un grupo marginal e invisibilizado hasta no hace mucho para conseguir lo inconcebible y lo peor es, cómo hace Pola para no, por lo menos, explorar los orígenes sociales de su trauma. Pero en el mundo de Pola como en el del neoliberalismo, las adicciones y los traumas han sido privatizados. Ella no logra ver la responsabilidad de gente como ella en el daño de esas minorías en base de insultos que construyen un discurso que no hace otra cosa que naturalizar el odio.

De acuerdo a la reseña, en el libro, Mona se anestesia con Valium y alcohol y tambien con sexo lo que en lugar de ser explorado como profundidad es arrojado sobre la ‘negrita’ para achatarla como otro rasgo de oportunismo e impostura. La pregunta que yo le haría a Pola y sin haber leido el libro pero guiandome por lo que plantea Doyle es si podemos culpar a alguien con rasgos Aymaras que logra lo, literalmente, lo imposible. Ese logro para gente de su condición conlleva el trauma del éxito. Es la variable racial la que le falta a Doyla, una variable que traslada a Pola de la categoria del tilingo argentino que no le hace mal a nadie y cuenta chismes a la de alguien nacido en un Buenos Aires blanco de clase media que no puede ver los efectos de la ironía son mucho más que retóricos. `lo bueno del caso es que ayer le enseñaron algo a Pola y sería bueno que preste atención.

LA NUEVA TEMPORADA DE LA PASTELA COMIENZA CON LA FOTOGRAFIA DE LA MEMORIA AFECTIVA DE ROMINA RESSIA

HABEMUS NUEVO CAÑECHAT Y ES CON Oscar Contardo CON QUIEN CHARLAMOS SOBRE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DE CHILE, LA INFANCIA DE Pedro Lemebel, LA RAZÓN QUE TENÍA ROBERTO BOLAÑO AL DESCRIBIR A CHILE COMO UN ‘NOCTURNO’, ENTRE OTRAS COSAS

Y SI LO QUERÉS ESCUCHAR COMO PODCAST, ESTE ES EL LANPODCAST BORICIANO DE ESTA SEMANA

MI ‘HISTORIA A CONTRAPELO DEL ARTE ARGENTINO’ (PENGUIN/RANDOM HOUSE, 2021) EN MANOS DE MI SOBRINA DILECTA, FLOR UCHIUMI EN EL GLORIOSO ATENEO