Una de las cosas que me interesa hacer en esta nueva fase del blog es repostear aquellos comentarios que tienen la profundidad suficiente como para ser posteados pero no como verdades reveladas sino para abrir una discusión que, al mismo tiempo, pueda ayudar al lector brindando ciertas metodologías de pensamiento crítico y diferentes perspectivas. Además, una de los rasgos distintivos de la primera década del blog fue que algunos comentaristas se posicionaron como portadores de verdades reveladas y el problema es que yo no los cuestioné o enmarqué sus intervenciones, al punto de, en algunas mentes malintencionadas, ser percibidas como formuladas por mí.

En esta ocasión, mi comentario al comentario es una reacción a La Hora de la Pastela con Lucas Martí que puede ser vista haciendo click en el siguiente link. Este es el primer episodio de una fase en la que me hago una pregunta clave para aquellos preocupados por el arte y la cultura en nuestro país: si el arte no está en lugares en donde el acomodo y la falta de tolerancia por la real diferencia (no la de mentira) hicieron metástasis, el arte donde está? Para mí, la charla con Martí es un documento fundamental que creo será importante para aquellos que en el futuro necesiten referencias de nuestro momento cultural. En ella se cuestión precisamente la relación entre el arte y la noción de futuridad y ese cuestionamiento en La Pastela es hecho desde un lugar periférico pero central, al mismo tiempo y ambos somos críticos del sistema y transformamos esa critica en el eje de nuestro aporte artístico-performativo-político. Pero es esto último siquiera posible?

El comentarista El Sombrerero, sin embargo, cree que no y me dispongo a responder con mi opinión que no es ni mas valida ni menos válida pero si estas leyendo esto es porque para bien o para mal, te interesa:

El Sombrero comienza sentenciando
:
Terminada la pastela y luego de apuntar frases como:
– No hay quien tome la posta
– La batalla está perdida
– Quemar las naves

Me queda claro que Marti es un artista romántico en el sentido movimientista del término.
En su obra forma y contenido remiten a un pasado mejor que se pierde y al que los jóvenes le dan la espalda (o directamente ni se enteran).

Mi comentario:

La última afirmación es un delirio ya que en ningún momento Martí celebra al pasado sino que indica un cambio en la temporalidad del arte y en su relacion con el cambio social y la utopía. Vengo de tener una experiencia muy parecida en un programa de diálogo académico en la Universidad de Giessen en Alemania y el Profesor Emerito que maneja el programa tras leer un texto en el que se ponía énfasis en el no-future y en el luto como pauta integrada a la vida cotidiana, dijo que era demasiado pesimista y que la literatura y el arte tienen la fórmula para superarlo. Yo podría decirle quiero retruco a El Sombrero y acusarlo a él de posar como un melancólico ya no del romanticismo sino del modernismo y hasta del Neo-clasicismo. Yo creo que el comentarista se queda en la superficie de lo planteado por un prejuicio estético que no confiesa porque cuando trata de justificar su negatividad no puede ver el aporte en la cuestión de la temporalidad del objeto o evento artístico que plantea Martí. Es esa frase la que resume lo que me parece que genera oxígeno cultural en la Argentina en tanto obsesionada por ese modernismo frustrado en el que todo tiene que ser una construcción ‘por la salud de nuestros hijos’. Si el arte puede ser político hoy, puede serlo en estos términos. El aporte radica en generar modos visuales alternativos a los de la cultura dominante a través de una re-significación del presente como posibilidad sin futuro y esto hecho volviendo al pasado, obviamente.

Yo creo que El Sombrero se equivoca porque transforma a la acusación de romántico en el sentido histórico del término en un desvalor cuando en realidad, en este contexto, es uno de los pocos modos en los que uno puede soportar otro día en la tierra. Claro, va a estar el que diga que generaciones anteriores la tuvieron más difícil y a lo que yo les respondo que no estaría tan seguro de eso y que lo peor del caso es que el auto disciplinamiento en ese optimismo cruel que todavía gente como El Sombrerero consideran dogma no hacen más que generar el tipo de culpa artística que transforma en arte a aquel que reclame identidad de artista y que a cambio de ese permisivismo no dude en poner su ‘arte’ al servicio de la causa dominante. Si quieren ejemplos miren lo que pasó en el Fondo Nacional de las Artes con esa patética muestra.

El tiempo neutro y abstracto del reloj cuya función no es otra que parcelar el territorio del que se va a extraer riqueza, no es otro que la actualización de los dogmas judeocristianos en versión moderna. Esto quiere decir que acá el verdaderamente melancólico es El Sombrerero. El cuestionamiento de la deconstrucción del optimismo modernista no desde una postura de pastiche posmoderno sino desde una crítica concreta y haciéndose cargo, es precisamente lo que hace de Martí un artista.

El Sombrerero continúa diciendo:

Los 90s de su juventud aparecen dando un muy marcado Chachachaísmo a sus videos. El uso de actores no profesionales, la estética deliberadamente pobre/trash, la parodia.

Mi comentario: Perdón, pero no se te ocurrió pensar que detrás de la alusión irreflexiva y postmodernista al Chachaismo y a la estética no profesional de actores no profesionales, hay intencionalidad? No fue Chachacha y el uso de actores no profesionales por parte de Batato Barea, probablemente, el último momento realmente creativo en la Argentina. l

El Sombrero continúa

Nada mas final de los 90 que Britney, aunque sea la cordobesa.

Mi comentario:

Yo creo que en el uso que hace de la Britney cordobesa al que yo denominaría ‘manipulación’, abre todo un capítulo de su reflexión sobre la performance en la Argentina. Vos te quedas muy en la superficie en tu análisis y te ciega a algo estético que, al final del caso, en el arte contemporáneo es irrelevante. Si no tenemos que caer en los dibujitos que me mandaste el otro día por Instagram que es una concepción preciosista y ornamentalista del arte. Martí, tras que LANP la elevara a status artistico (esto contado por él) la saca del white cube y la pone a interactuar con sus opuestos para mostrar la heridas no solamente del kitsch, y este es su aporte estético sino también de la copia y la alusión como estrategias artísticas. Voy a escribir un post sobre lo que hace con la Britney porque creo que es brillante ya que de la monumentalización de la copia que hace en la Cañechat Diego de Aduriz pasamos a Martí y la transformación en un conejito Duracell perdido en Buenos Aires que solo reacciona cuando se le tira violencia que para colmo es un muy comentario sobre la verdadera Britney de su copia. Puesta en abismo.

El Sombrero continùa:

Las canciones y videos de Marti nos hablan a los que tenemos mas de 35 o 40 años (tal como lo hacen las series de Netflix). Las nuevas generaciones ignoran todas esas referencias e, incluso, nos ignoran a nosotros.

Si algo trajeron las nuevas plataformas es que los jóvenes miran a sus pares. El espectador y el youtuber tienen la misma edad. Ya no consumen obligados a rebeldes de 50 años como nosotros a los Pergolini de turno.

No hubo parricidio (donde al menos dandole muerte le reconocían entidad a la generación anterior) aquí hubo abandono en geriátrico.

MI comentario:

Esto es dicho como si fuera una crítica pero en ningún momento Lucas Martí dice lo contrario. Sin embargo, él logra acercarse lo más que puede (como lo hago yo) y desde ya, hay un límite y ese límite es el de no cometer el mismo error de nuestros padres y no clausurar la salida. Respecto de que no hubo parricidio sino abandono en el geriatrico, esto es demasiado genérico. Si bien entiendo lo que intenta decir es , no se puede decir asi, sobre todo en un comentario que empieza acusando al criticado de ser demasiado pesimista.

El Sombrero dice:

La ultima década del rock nacional (94-04) lo encontró liderando A-Tirador Láser y compartiendo con (a la sombra de) los Kuryaki. Hoy con ambas bandas disueltas, con Dante y Emmanuel con carreras solistas difusas, Marti sigue corriendo, transportando una antorcha que la generación post cromañón no está interesada en tomar. Por que en 2022 tomaría esa posta alguien de 18 años (nacido en 2004) si se la entregó envuelta en lenguaje de 1990? Por qué la tomarían viendo como terminó la Britney original?

Mi comentario:

Esto ya es mala leche. En primer lugar, el primero que dice lo de ‘a la sombra’ es él y lo analizamos en la Pastela. En algún momento, el Sombrerero se convenció de que el arte es aquel que pasa a la siguiente generación cierto conocimiento que vaya a saber cuál es, de manera eficaz. Digo eficaz porque tiene que plantearse en un tiempo igual al dominante que presupone el patriarcado como norma. En otras palabras, El Sombrero, es bien machirulo o homofóbico al creer que nuestro deber o el deber de todos, es trabajar por el bien de las próximas generaciones o si te llega a ocurrir que sos gay, ni se te ocurra no tener hijos. Esto no significa que uno viva sin responsabilidades pero no se puede plantear verticalmente como canon los valores del Neo Clasicismo y de las Vanguardias Históricas ni mucho menos del Judeocristianismo en nombre del arte contemporaneo en esos términos. Cómo puede alguien creer en el 2022 que hay que luchar por un futuro mejor porque el futuro (y muy contradictoriamente lo dice con el comentario del hogar de ancianos) ya es un lujo que ni siquiera nosotros nos podemos dar?

 

 

EL 22 DE MARZO COMIENZA EL CURSO QUE DA LAS LLAVES PARA ABRIR EL CORAZÓN DEL ARTE CONTEMPORÁNEO: ‘ARTE POSMODERNO, IMPERIO DE LA CRÍTICA Y ALTA TEORÍA DEL NORTE GLOBAL’

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