Este post va a un aspecto de la Pastela con Lucas Martí que me parece de fundamental importancia para el arte de performance en la Argentina. Tuve la oportunidad de charlar sobre estos temas con La Britney Cordobesa quien, según uno de los primeros practicantes de lo que podríamos llamar arte de performance en tanto tal y no happening en nuestro país, es una persona a tener en cuenta en el mundo del arte argentino. Cuando se habla del ‘mundo del arte argentino’, tiende a referirse a las instituciones oficiales y quasi-oficiales del arte que, más o menos, giran en torno de la noción de ‘whitecube’ tomado del MoMA: galerías comerciales, museos y espacios de exhibición. Pero permítanme poner esto en contexto para aquellos que recién se suman a la discusión. En la Cañechat que oportunamente tuviera como protagonista a Diego de Aduriz, quien para mí es un valioso artista, quedó claro, cierto giro conservador en su práctica al anunciar una muestra en la que expondría objetos a ser vendibles en el mercado del arte. Esto, viniendo de él, en cierto punto es contraintuitivo (si tenemos en cuenta que, desde la década del 70, la performance se ha venido imponiendo como medio privilegiado en el mundo del arte). Sin embargo, si uno es lo suficientemente cínico, queda claro que el pulso del arte en la Argentina no lo marcan las instituciones financiadas por el Estado que deberían generar el espacio necesario para que de Adurizx no se viera obligado a dar esa vuelta en U sino que hacen exactamente lo contrario, al ponerse al servicio de los intereses de las galerías. Ese giro de lo evanescente (la performance) a lo finalizado y eficaz (el objeto a colgar) que realiza de Aduriz no hace otra cosa que reflejar lo conservador del mercado de arte argentino aunque en esto no es una excepción.

La Britney Cordobesa cuyo Cañechat también, si no lo hicieron, pueden ver debajo de este post, hizo su desembarco en la soporífera ArteBa con una presentación en la que sobre un cubo que parecía mitad escenario mitad pedestal lo que en sí mismo es índice de la idea que se tiene de la performance en la Argentina como híbrido entre el teatro y la galería de arte. Sobre el pedestal/escenario presentó un medley de varios temas en donde sus movimientos emulaban a modo de karaoke ultra-ensayado de manera no profesional, los movimientos de la original que, si no me equivoco, tenia sus movimientos limitados por su propio padre al estar presa en su casa. Desde el punto de vista del entretenimiento, la Britney es divertidsa. Es carismática y tiene cierta conexión con el público que genera empatía por su cultivada imperfección y no posa como snob no snob sino que es auténtica. Desde un punto de vista artístico, su concepto apunta en dos direcciones o temas ya transitados en loop por el arte argentino de los últimos treinta años: el primero viene de la teoría del arte de los 1990s y es el kitsch mientras que el segundo emergió de los debates de los 1980s y es la cuestión de la copia como pérdida del original en la era de la reproducción de imágen por vía tecnológica. Este último tema es protagonista del curso que comienzo a dar hoy sobre arte y teoría posmoderna y entre ambas cuestiones podemos decir que casi la totalidad del arte ‘joven’ producido desde los 1990s en la Argentina puede justificarse desde la teoría. En eso el arte argentino, en general, es muy vago intelectualmente por la simple razón de que no hay una crítica a la altura para poner esto en jaque.

La diferencia entre la generación de 1990 y lo que vino despues es que el kitsch comienza siendo un modo de oponerse a una concepción del gusto ya no concebida como burguesa sino como heterosexual y mayoritariamente opresiva pero esto pronto es transformado en un vehículo de disfrute no mediado por las instituciones que obviamente insisten con la propagación del buen gusto. Esto hace que el arte en lugar de ser un instrumento político para cambiar el futuro se transforme a partir del 2000 en una parodia de ‘lo serio’ que, paradójicamente, puede ser consumido sin preparación ni educación en materia artistica. Deviene arte populista. El peligro con esta movida conceptual o con la parodia como estrategia ‘inteligente’ es su puesta en abismo inmediato al volverse ya no corrosiva del statu quo sino auto disolvente al punto de acabar afirmandolo. Este es, sin dudas, un callejón sin salida y es ahí donde se encuentra hoy el arte argentino despues de décadas de encumbramiento de artistas que por el solo hecho de parodiar el arte de los ‘incultos’ o los sectores sin acceso racial o de clase a su mundo, pasa a ser considerado como automáticamente culto. Del otro lado tenemos la cuestión de la copia que es el arte que pone en evidencia que ya no hay plagio ni original sino que todo es copia. Ejemplos de esto en el arte argentino hay muchos pero voy a dar solo dos: Gachi Hasper y Pablo Siquier que hacen de copiarse a sí mismos el corazón de su estrategia conceptual. En la Argentina la cuestión de la copia parece haber sido trasplantada sin demasiados aportes de los debates que estaban teniendo lugar en torno de la Revista October en New York y no hay mucho más para decir. En Chile, en cambio, el dúo de artistas de performances Las Yeguas del Apocalípsis usaron la cuestión de la copia de modo análogo al modo en el que en el Centro Rojas se usa el kitsch o sea como herramienta de disidencia y resistencia queer lo que no es otra cosa que como arte político. Sin embargo, este no parece ser el caso de la Britney que se encierra en el ámbito de la galería de arte o, al menos, sigue considerandola como ambito de consagración. Esto queda confirmado cuando en mi Cañechat con ella, ella no tiene tapujos en indicar el perfil tradicionalista de género de su produccion al confesar que su mejor amigo tuvo la idea y ella simplemente sigue sus dictados lo que aporta otra dimension al giro conservador de las generaciones post-90s en la que ella se inserta.

Pero tras ver esta Cañechat, a Lucas Martí se le ocurrió convocarla para su nuevo video y lo que rescata no es nada de lo habitual sino su automatismo fallado (hace no mucho explorado por Nicola Costantino) y hace algo aún menos habitual que es sacarla del ‘white cube’ para poner a prueba ese automatismo en el contexto de la realidad argentina donde no es tan anormal y falsa como podría pensarse desde el confort de la galería de arte. Su intervención terminar haciéndola dialogar con un afiche de heavy metal que rompe el automatismo y la transforma en un ser deseante lo que, obviamente, pone al deseo tal y como es concebido por mi generación y las que vinieron por delante que no es sino como un loop traumático herencia de la dictadura. Si tenemos en cuenta mi lectura de genero de la Britney como patriarcal, la operación de Martí no es inocente al exponer esa carga de genero sexualizandola pero de un modo retóricamente explotativo.

Con esto Martí usa el videoclip (musical) como índice de lo realmente anti-medio que es el medio de la performance ya que lo reclama para la música sin someterlo a un mero baile de backdancers y, a su vez, establece un diálogo con el ensimismamiento solipsista de festejados artistas de performance como Lolo y Lauti que en la desesperación por agradar a ese público de feria internacional o nacional de arte recurren a los mismos lugares comunes del Norte Global, al tiempo que se ven obligados a producir objetos para darle algo a la galería para vender.

Las conclusiones que pueden sacarse del giro conservador del arte de performance y de sus principales exponentes en la Argentina es que los que mandan en la definicion de lo que es arte o no son las galerias comerciales y no las instituciones oficiales lo que deja al arte de performance a merced de un grupo de interés que lo ve con desconfianza por no redituable. En segundo lugar, las redes sociales emergen como el lugar privilegiado para hacer conocer aquellas manifestaciones artísticas que en el mundo del arte, por las razones antes expuestas no encuentran espacio y, en tercer lugar, como la participacion de mujeres en el arte no siempre redunda en algo emancipatorio sino por el contrario acaba siendo, en la mayoría de los casos, ejemplo de lo internalizada que está la misoginia en la Argentina por más NiUnaMenos que haya dado a luz.

 

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