Tras (?) un Covid cuyo test siguió dando positivo un tanto demasiado después de que debería haberse ido, diferentes cosas pasaron. En mi caso, este nunca aparece vinculado a cuestiones respiratorias sino a dolores de cabeza y cansancio y la verdad es que, si bien los primeros tres días pasaron como si nada, en el cuarto quedé exhausto y me di cuenta de que algunas de las cosas que me agotan son también lo que más quiero. Tal vez las quiero porque me agotan, quién sabe. Las mujeres tienen un rol protagónico en mi vida. Están allí donde yo quiera mirar y son fuente de información pero más que eso, de sabiduría. A mi alrededor, son ellas las que completan el tejido social disgregado uniendo las partes. Pero los modos de interpelación femenina del ‘¿hiciste esto?’ o ‘por qué no hacés eso?’ cuando viene el Covid en mi versión agotadora no son una buena combinación por lo que decidí aislarme. Chicas, todo muy lindo, pero no las aguanto en este estado. Desde ya, todas entendieron. Hay de todo tipo, están las que usan este tipo de hambre por el conocimiento de recursos prácticos para la sobrevivencia en una justificación de sí mismas (más allá del rol de madres y esposas asignado por el patriarcado) y no hacen otra cosa que dar consejos y estan las otras que consideran un derecho intervenir transformando todo aquello con lo que se cruza en derecho bajo la excusa de que su preocupación, en si misma, es garantía suficiente de que ese derecho de intervención no es solo un derecho sino también una muy seriamente asumida responsabilidad.

 

 

Algo similar ocurre con el blog y ese lugar infantil y amoroso que supo tener en sus primeros cuatro o cinco años (2012-1016) y me refiero a la celebración del amor de pareja y del amor filial, en ese sentido, romántico alemán del término y hasta victoriano, donde no es otra cosa que la imposición de una estructura organizativa de producción en la que la mujer se encarga de la casa sin pago alguno a cambio de la satisfacción de estar haciendo las cosas ‘por amor’. Esta proyección del amor en el blog en sus comienzos hizo que hasta mucho tiempo despues, lectores y, en algunos casos, amigos (que, obviamente, me conocen mucho más) llegaran a deducir erroneamente que estaba o drogandome o, al borde del suicidio, por la simple razón de optar una noción del tiempo en relación con el blog algo menos extractivista (sobretodo si se tiene en cuenta que hay en él más costo que recompensa).  Mi visibilidad y más aún, mi visibilidad verborrágica era la condición mediante la cual yo debía, como si fuera un niño en edad escolar, no solamente portarme ‘bien’ sino además demostrarlo a través de determinados tipos de trabajo como, por ejemplo, escribir en el blog. Un trabajo destructivo y parte de una estética del odio para algunos pero para otros, productiva casi en su más básica acepción peronista.  Incluso los ‘haters’ me han insultado usando conceptos como ir por el ‘buen’ o ‘mal’ camino. Desde ya, en la Argentina, y como bien lo sabe el Suplemento Soy de Página 12, cualquier alternativa a lo bueno o lo malo tiene que venir con un certificado de alternativo. Así durante el K y post-Kirchernistmo Macri-Albertista el dolor por la pérdida, la reticencia a formar una familia convencional, ciertas enfermedades consideradas como el resultado de supuestos excesos auto-indulgentes cuya necesidad parece salir del vacío y no de condiciones sociales rales que generan trauma a esas minorías y hasta drogas ya de uso masivo que aun no  tienen tratamiento ni son investigadas como deberían  por que son consumidas por un grupo humano que no vale la pena llorar si se mueren: los gays que no aceptaron transformarse en payasos de una sociedad dominante posando como muñequitos de torta. Por eso, el tema de este post es el silencio o, mejor dicho, el uso del silencio como arma de supervivencia y también el resultado de la apoteosis de ese silencio como paradigma de todo lo serio y virtuoso en la forma de ‘una persona moderada y de centro’, a la que todos aspiraremos si cada dos por tres no quisiéramos salir a romper todo.

Este post va a acompañado de ciertas imágenes pintadas por Rembrandt a las que cuidadosamente elegí porque hacen precisamente algo que tiene que ver con el silencio como disfraz, como refugio, como estrategia y, en otras palabras, como modo de supervivencia de aquellos que tienen la fortuna de nacer en los márgenes. Voy a seguir hablando de esto pero mi decision de ilustrarlo con representaciones del vacío como expresiones de la inmanencia pero tambien de la trascendencia del ser hablan de cierto momento en el que la sabiduría del ser humano conecta ambas. Un caso que vale la pena considerar es el de Angela Merkel como elevación del ‘hombre gris’ (en este caso ‘la mujer gris’) a niveles de trascendencia.

Un personaje paradigmático del silencio productivo ha sido Angela Merkel, quien toma el poder, literalmente, dejando que los peces alrededor de ella, por la boca mueran. Ella y Vladimir Putin, tienen algo en común y es que en su treintena, ambos vieron desde dentro cómo implosionaba la Alemania Comunista. En Dresden, Putin era agente secreto de la KGB y estaba quemando archivos mientras veía por TV, a Helmut Kohl, el entonces Canciller Aleman entrar en lo que ya era la Nueva Alemania de la Nueva Europa.. A unas millas nada más, estaba Angela Merkel trabajando como química en un laboratorio y casi ignorando los acontecimientos que ocurrían en lo micro de su entorno en la vida cotidiana mientras caía el muro. Donde ella niega y él se trauma, es la verdadera diferencia entre Merkel y Putin. Mientras él vio ese momento como cataclísmico, ella ya parecía poder ver algo más: la significancia de un cambio en la historia en donde las ideas compiten hasta que una se impone. Para ambos, la caída del muro fue, no obstante cualquier otra consideración, la pérdida de la noción de hogar. Esta experiencia de cambiar países y culturas vino con una invocación de trans-Germanidad osea pasar de un estado de extranjeridad al de una única ciudadanía e identidad alemana. Esto tuvo sus efectos, según Merkel, en una oportunidad, al director de cine Volker Scholndorrf ya que, según ella, los Alemanes Occidentales nunca comprenderán a aquellos que nacieron tras la ‘cortina de hierro’ que tuvieron que aprender a ser diferentes a algo que se derrumbaba. Es por esto que la interioridad de un alemán oriental es, según Merkel, indescifrable. No porque sean particularmente inteligentes o misteriosos sino porque la autoridad de sus maestros se desvaneció durante su proceso de aprendizaje.

 

 

Los efectos de este trauma evidentemente persisten en Putin por el modo en el que suele reaccionar, y muestra de esto es su invasión a Ucrania, cuando la disolución de las certezas sobre las que las creencias políticas y geopolíticas de su generación desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la Guerra Fría, comenzaron a tambalear. En esta variedad de optimismos culturales que permitieron la construcción de pactos sociales abarcativos tras la Segunda Guerra Mundial tenemos, desde la perspectiva de Putin, el concepto de masculinidad y el imperio, como forma de consolidación de un estado en proceso de desmembramiento. El caso de Merkel parece ser el contrario. Ella tiene la certeza, muy germánica, por cierto, de que cualquier desestabilización tiene la capacidad de llevarnos hacia el apocalipsis.

Como vemos, la psicología de Merkel es mucho más rica que la de Putin y esto le permitió transformarse en un tipo de líder más complejo. A ella lo que la motiva es la posibilidad del cambio constante mientras que Putin solo apunta a la reivindicación de un tipo único inmutable y plurisecular de lo ruso. Sin embargo, cuando durante la crisis que derivara en el Brexit, Merkel acusó a países deudores como Grecia y España, a quienes no dudó en condenar publicamente por el incumplimiento de sus créditos, lo que, en realidad, estaba haciendo era despreciar a griegos y españoles por no ser lo suficientemente alemanes. Esta semejanza nos permite entender la fascinación por ella que esconden las chanzas que le hace una y otra vez Putin, cada vez que se encuentran. El encuentro durante los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi es un buen ejemplo ya que Putin, a sabiendas de la fobia a los perros de Merkel, se aseguró de que su labrador (enorme, por cierto) entrara a la sala, a sabiendas de que Merkel les tiene fobia. Sin embargo, ella percibió la admiración que él le tiene al permitirse pensarla como una persona de carne y hueso y apelar a su imaginación de agente de la KGB para demostrar al mundo que ella puede ser vulnerable bajo presión.

 

 

En la conferencia de prensa que dio a continuación, ella dijo que entendía sus motivaciones porque no es más que un hombre y los hombres sienten miedo y tienden a refugiarse en el ataque al, aparentemente, más débil. Y agregó: ‘porque, en definitiva, Rusia no tiene nada. No tiene política, no tienen economía. Todo lo que tiene es esto (refiriéndose a los Juegos de Sochi)’. Lo que Merkel luego le dijo a otros periodistas que a lo que verdaderamente teme Putin es a su propia debilidad.

Desde este punto de vista, la invasión a Ucrania y la introducción del perro en la reunion con la fóbica Merkel tiene algo en común con el desastre actual. Hasta podrían hacernos pensar que en lo significativo de la coincidencia de los comienzos de las hostilidades allí hace unos años y el anuncio del gradual retiro de Merkel. Visto desde la óptica milenarista mesiánica de Putin, su invasión marca un hito que es el final de la estabilidad de posguerra, representada por Merkel y la Unión Europea pre-Brexit. En esto, Putin vio clarísimo que Europa ya no será la misma, sin Merkel. El ascenso de Merkel al poder puede resumirse como el coming of age de una eficiente seguidora de los hombre mas poderosos de su partido pero sin el tipo de brillo que la transformara en una amenaza inmediata para ellos. Pero cuando sus mentores estuvieron en problemas, casi sin excepción, Merkel no se jugó por nadie ni levantó un dedo para ayudarlos.

En una entrevista glorificante que le hizo el Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung a fines de Octubre del año pasado, Merkel expresó su preocupación por estar viviendo un cambio de época. Lo hizo, muy a su estilo; modestamente y sin referirse a ella misma. Sin embargo dio a entender que la generación que llegaba la adultez cuando la de ella se retiraba es la que no vivió ciertos finales. Para ella, el problema no es el cambio de ep;oca per se sino un cambio en la idea de memoria colectiva. Y agregó: ‘A lo largo de la historia han habido épocas en las que la gente comienza a usar las estructuras políticas de manera irresponsable’. Su padre, Horst Kasner era un pastor luterano que se mudo de Alemania del Este a una ciudad cerca de Berlin antes de la construcción del muro, cuando Merkel tenia 7 años. Este dato es importante para entender su obsesión con mantener el derecho a la libre circulación de individuos. Aduanas y fronteras, han sido algo para ella prioritario en su vida y fue precisamente ella la que paralizó las negociaciones del Brexit entendiendo mas de lo que lo hacía Boris Johnson, lo que significaria un no acuerdo en la resolución del borde irlandes.

 

Lo cierto es que Merkel es uno de los pocos líderes de democracias centrales que haya crecido viendo a ese sistema ‘con la ñata contra el vidrio’. Su personalidad de Merkel es la de una sobreviviente en un estado totalitario: sigilosa, no confrontativa, y alerta. Su compromiso político personal fue el de equilibrar su lado Luterano con su lado de ‘científica’ y el secreto, o mejor dicho, el silencio fue la que se convertiría en su mejor arma política: saber callarse la boca. En una conferencia en Harvard en el 2009 hizo referencia a la relación entre política y vida interior en los siguientes términos: “La clave para mi es mantener cierto espacio interior a salvo del público’. Esto es lo que la salvó en épocas de la Alemania del Este de tener que transformarse en un agente de la Stasi haciéndoles creer que sufría una patología que la hacía hablar y no poder esconder nada. A lo largo de su vida, su movida de jaque en política fue dejar a los machos alfa que hablaran hasta acabar enredándose en sus propios dichos. Es por esto que ella nunca se percibió como una política sino como una científica y esa capacidad de transformar lo público en un cálculo es algo, tambien, muy luterano. Sin embargo ese equilibrio entre lo luterano y lo científico se percibió con suma brutalidad con la crisis de la eurozona que expuso las malas prácticas de endeudamiento interno en la Europa neoliberal. Allí, el argumento esgrimido por Merkel contra los países pobres de Europa, especialmente Grecia, fue una moralización de la responsabilidad de quienes tomaron los créditos y no estaban listos para tomar las medidas de pérdida de empleo necesarias para pagarlos. que Alemania y sus bancos consideraban necesarias. Pero uno podría preguntarle respecto de las responsabilidades de los bancos alemanes de dar créditos de manera irresponsable. En este punto es en donde el cientificismo político de Merkel da lugar a un aspecto más oscuro y ciertamente vinculado al pasado alemán que es el racismo moralizado. Sin embargo donde, realmente, realmente acertó y compensó su oscurantismo fue en proyectar su propia idea del silencio en el rol que Alemania debia adoptar en la era de los populismos del Primer Mundo. Es ese liderazgo el que me interesa particularmente, el liderazgo que ocurre porque la necesidad colectiva es la de no levantar demasiado la cabeza, siendo uno como es. Gritar cuando uno tiene que gritar, callar cuando uno tiene que callar y elegir cuándo pelear. El modelo del hombre o la mujer gris pero llevado a nivel de brillo por su propio autocontrol es la diferencia entre Merkel y un patético títere sin titiritero fijo como Alberto Fernandez.