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Alejandro Mamani, uno de los referentes del colectivo Identidad Marrón, es un abogado con dos posgrados. Luego de mucho esfuerzo pudo abrir su estudio -junto a una socia- en el Palacio Barolo, a pasos del Congreso. “Te apuesto que soy el primer apellido indígena que aparece como abogado patrocinante en la Corte Suprema. Aún así, si un policía me para a la noche voy a tener inconvenientes. Y sé que son las reglas del juego social en Argentina. Este es un sistema cruel”, dice.

Tiene bien enfocado hacia donde quiere dirigir su lucha, su militancia, su práctica y su saber: “A la clase popular no le importa que digas que le pagás en negro, le importa que le pagués los aportes y le des una obra social. En estos tiempos, el enunciado parece estar en el centro de la escena y la discusión pero eso no soluciona nada. El enunciado no le da de comer a la gente ni asegura el acceso a la salud ni le da garantías de derechos laborales. La corrección política lingüística no está en mi lista de prioridades, yo voy por los derechos legales de los marrones y que se cumplan.”

Con una amplia trayectoria en la militancia por distintas agrupaciones de derechos humanos, sobre todo acompañando a la comunidad LGTB+, Mamani representa el brazo legal de Identidad Marrón. Un colectivo que ya tiene 7 años de actividad y que durante la pandemia (en el binomio 2020-2021) logró una llegada importantísima (con casi 60 mil seguidores en IG y otros tanto en FB) para imponer la necesidad y la urgencia de hablar de racismo en Argentina y Latinoamérica pero alejándose totalmente de cómo se vive esta problemática en lugares como Estados Unidos y Europa.

Esta perspectiva situada hizo que Identidad Marrón identificara la presencia brutal del racismo con los marrones (introdujeron en la mesa de debate, además, el concepto de “fenotipo”, un término específico que excede el simple color de piel) como causante en nuestro país de pobrezas extremas, asesinatos por víctimas de gatillo fácil, mayorías en la población carcelaria, falta de igualdad en las oportunidades laborales en todos los ámbitos, no reconocimiento de bellezas autóctonas, entre otras.

Sus estrategias de posicionamiento les dieron resultado a Identidad Marrón: el tema del racismo se impuso y los llamaron de conversar y escucharlos de muchos lados. En el último tiempo articularon actividades artísticas de revalorización de un acervo cultural, exhibición de obras propias para concientizar, impartieron talleres de deconstrucción y educación antirracial y produjeron intervenciones públicas con el Palais de Glace, el Museo de Arte Moderno, La manzana de las luces, el Museo Casa de Ricardo Rojas, Centro cultural de España de Montevideo y diversas universidades, entre otros. Pero este camino recién empieza. Si hace unos años eran 15 personas que intentaban ocupar distintos espacios (desde las calles hasta las redes sociales) ahora ya son cerca de 50, sumados a las facciones de Jujuy, La Pampa, y de otras provincias, que trabajan en asamblea y votación conjunta y democrática para definir los próximos pasos a seguir. El movimiento antirracista está teniendo presencia nacional.  

La artista visual, docente y activista América López está a punto de irse a España unos meses para seguir estudiando y profundizar sus conocimientos. Ella es otra de las referentes de Identidad Marrón y su pasado está muy ligado a trabajos en las villas como militante dentro de La Garganta Poderosa. Cuenta vía MEET desde su casa en Villa Soldati: “Se da por sobreentendido que a esta altura ya se sabe qué es el racismo y cómo funciona. Pero a veces nos encontramos cuando articulamos con instituciones oficiales que todavía no tienen información sobre qué es racismo estructural en Argentina. Está buenísimo instaurar este debate pero nos da la sensación que hay información dando vueltas pero siempre termina circulando en los mismos lugares: universidades o sectores de poder adquisitivo consolidado. Que es un sector progresista. Y lo que hablamos en Identidad Marrón es que queremos que estas ideas puedan llegar también a las mayorías. Con esa perspectiva, que todas las personas lo puedan comprender y acceder a estos conceptos y nuestros marcos teóricos, armamos los guiones de la serie de Encuentro.”

Esta serie se llama Marrón, será de cuatro capítulos y se estrena en poco tiempo. Representa para el colectivo una nueva oportunidad para hacer llegar a un público masivo sus ideas y se comprenda de qué hablamos cuando hablamos de racismo en nuestro país. La serie está producida por Un puma y cuenta su director Ignacio Ceroi: “Identidad Marrón ya tenía una idea de lo que quería contar en cada capítulo que sería cubrir la problemática del racismo desde distintas aristas. Sobre vinculado al universo de lo artístico. Por otra parte, lo que queríamos evidenciar dentro del procedimiento de la serie es que nosotros somos una productora de gente blanca haciendo una serie sobre gente marrón. Hay algo ahí en tensión, del acceso a oportunidades de profesionalización, por ejemplo, que nos parecía que tenía que aparecer en la misma serie. La idea de la serie es mostrar una problemática racista en un país como Argentina que no se autopercibe como racista. Que se entienda que es un problema real y que existe.”

El racismo en Argentina comienza a expandirse como zona de interés y aprendizaje. Acaba de aparecer en la mesa de novedades el excelente libro Solo nosotros, una conversación estadounidense (Eterna cadencia) de Claudia Rankine. Ahí se lee en la página 271: “La blanquitud institucional ha estereotipado la negritud y ha utilizado esa imagen particular para asesinar. Dado ese proceso, si lo que se busca es un cambio sistemático, ”las herramientas del amo nunca desmantelarán la casa del amo“, como la poeta Audre Lorde se tomó el tiempo de decirnos.” Es muy atractivo que se refiera a una conversación que hay que dar, que hay que seguir dando porque el racismo es un tema que está lejos de solucionarse. Los números en Norteamérica hablan solos. Por ejemplo, el patrimonio promedio de una familia blanca es casi siete veces mayor que el de una familia negra. Ahora bien, ¿qué sucede, teniendo en cuenta todas las particularidades y diferencias posibles, con el racismo en Argentina desde el Estado?

Inclusive es la revista del INADI y en la tapa de su primer número lanza la siguiente pregunta: “¿No hay racismo en Argentina?”. Y propone una búsqueda: “vamos a descubrir las particularidades que adopta el racismo en Argentina, y lo que denominamos racismo estructural, para intentar explicar a la pobreza como un fenómeno profundamente racializado.” La escritora Cecilia Szperling forma parte del comité editorial de la revista y antes de partir a Chile explica: “El racismo en Argentina siempre existió y recién ahora se está visibilizando. Una de las cuestiones más fuertes es la invisibilización y el ninguneo de la problemática. Es decir, ni siquiera mencionarlo. Esta gestión del INADI tiene como uno de sus ejes fuertes puesto en el racismo. Pasa que a diferencia de lo que se suele decir, en nuestro país el racismo es un problema de las mayorías. Son distintos colectivos los que se ven discriminados y siempre las consecuencias son pobreza, explotación y vulneración de derechos.”  

Entonces: desde el una institución oficial se decidió que es tiempo de dar, también en nuestro país, esta conversación. Sin embargo, la cristalización y reconocimiento de un problema –el primer paso- viene empujada desde hace tiempo por una necesidad popular que estalló el último tiempo –incluso en plena pandemia. Pero, ¿cómo se instala un tema de diálogo en la sociedad? ¿De qué manera se gesta un trading topic duradero en épocas de fugacidad? ¿Qué acciones se llevan para filtrar y permear el ámbito cotidiano? En este sentido, el colectivo Identidad Marrón, que logró que la Legislatura Porteña declare de interés cultural a octubre como el Mes Marrón, van a publicar un libro subvencionado por la Universidad de Manchester y están a punto de estrenar su propia serie por canal Encuentro, tuvo mucho que ver.

La salida es colectiva

Sumados a Identidad Marrón, en la serie de Encuentro también aparece otro colectivo que es Escritores Villeres, quienes acaban de sacar su primera publicación: De Soldati al mundo. Dina Choquetarqui, que además integra el colectivo de performance y creación escénica Casa Marrona, es una de las integrantes. Es poeta, modelo, artista. En su pasado hay una adolescencia militante (hacía apoyo escolar primario) dentro de La Garganta Poderosa  y ahora este presente la encuentra escribiendo poesía como gesto político de empoderamiento y una potente identificación con su tierra: Villa Soldati. “Para mí es muy importante reconocerme como artista, es un montón. Como también es un montón poder leerle mis textos a la gente del barrio porque se sienten identificados con lo que escribimos. Y eso es importante porque permite que nos pensemos con otras posibilidades de exploración. Pasa que cuando te atraviesa el racismo tus sueños se ven limitados.”

Para Dina la posibilidad de formar parte de Escritores Villeres, con la identificación de Identidad Marrón, le dio herramientas para encontrar algo así como la libertad: “Siento que salí del closet. Quiero dar la discusión. Hace unos años ni siquiera podía decir que era boliviana de tanto racismo. O poder decir que vivo en una villa. Me siento más tranquila para discutir sin sentirme mal o desvalorizada. Y creo que puedo llevar la discusión a otros lugares. Eso me da tranquilidad. Incluso me dieron de conocer más sobre mi pasado, mis abuelas. Me puedo aceptar como soy.”

En estos días, Identidad Marrón, mientras palpita el estreno de su serie, saca un libro que fue financiado por la Universidad de Manchester (donde se presentará en unos meses) y la Universidad de San Martín: Marrones escriben, perspectivas de antirracismo desde América del Sur. La idea es materializar toda la teoría que fue produciendo el colectivo: son dos partes: una conceptual, otra con textos de referentes marrones de diversos ámbitos: la literatura, la historia, el arte, y demás. Y un anexo con actividades para el aula con perspectiva antirracista. Concluye América López: “Con Identidad Marrón pudimos sanar muchas cosas de nuestro pasado y a la vez encontrar pares que nos comprendieran y ayuden a comprender que lo que sucede era colectivo. Y por eso mismo, la salida también es colectiva.”

 

 

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