Creo que una consigna que debería plantearse el gobierno para el próximo año es decidir què hacer con el pabellón argentino. No lo digo por la artista que eligieron sino por lo que se busca del pabellón ya que por, alguna razón, los últimos seis años (lo que, de por si, es mucho tiempo) han sido de puestas teatricalizadas a oscuras. Personalmente, creo que el inconsciente los esta traicionando. Por ejemplo, cuando Cristina compró el pabellón lo hizo como señal de que le interesaba la cultura, algo que no convenció a nadie. Sin embargo, su real razón era ideológica y tenia que ver con la valorización de los estados nacionales en un contexto de globalización financiera. Pero tras ese primer momento con Villar Rojas y luego Juan Carlos Distefano se apagò la luz….literalmente y todas las veces que lo visité me encontré con un rincón oscuro. Es como si no se le permitiera  luz natural y todo debiera ser visto mediado por un velo de opacidad. Una muy interesante alegoría.

Ahora bien, si de eso pasamos al traje del ‘no sé qué cargo tiene Cafiero’, la actitud de salame y el lo que la artista decidió usar incluido el corte de pelo…en Italia!, lo unico que se puede concluir es que esta gente se autoboicotea. Ni hablar del modo en el que Barro y Costantini armaron un teatro de la compra fogoneado por la Nación de Macri y el gobierno argentino quedó como un pelotudo.

 

 

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