Antes de sacar algunas conclusiones finales que creo son muy necesaria para completar algunas cuestiones ya planteadas en mi libro Historia a Contrapelo del Arte Argentino  de lo que realmente quedó en evidencia estos dos últimos dias de noticia y bombo generado desde un cluster de medios y empresarios extractivistas que usan al arte como lavado o redención de las muchas cuestiones éticas que lo convierten en una figura muy cuestionable tanto en materia de identidad de genero como de protección del medio ambiente.  

Pero la artificialidad, en apariencia inocente de Chaile (y creo que él lo es) en tanto neutralización desde la institución artística de la materialidad del daño y exclusión sufrido por millones de argentinos, empezando por pueblos originarios y esclavos africanos mandados al sacrificio en la Guerra del Paraguayo. Por neutralización me refiero al cultivo de un reflejo muy Argentino que niega su propio racismo y al hacerlo concibe a la causa marrón como un invento del peronismo a partir de una serie de problemas de exclusión social que, supuestamente, nunca existieron.

Gabriel Chaile es un nuevo capitulo, en versión arte de lo que pasó con Flor de la V y su raza. Mi hipótesis es que son informales nativos o cipayos que el violento sistema de organizacion de la propiedad según razas que comenzó en el siglo XVI instalò una idea de derecho adquirido que desactivó como ‘una pavada’ cualquier intento de alguien marrón de reivindicar sus derechos y un caso clarísimo en el que se espectaculariza la  naturalización de la convicción de que no haya nada de qué quejarse en materia queer y el precio a pagar en materia etnica por ‘elegir’ pertenecer a dos minorías es la claudicación total y publica de todo aspecto que ponga en duda la validez de las credenciales patriarcales de la sociedad a través de valores como los de la familia y el consumo capitalista. Si el gay o el transexual, por serlo, se niega a colaborar en la reproducción de la sociedad dandole hijos propios, lo menos que puede hacer es imitar las pautas de conducta de los heterosexuales y hacer un homenaje siempre patético (para que se note de la diferencia) a su institución de base que es el matrimonio. Sin embargo, el matrimonio igualitario es algo que se das como derecho y garantiza la adscripción a valores patriarcales por parte de la pareja que, como sabemos, no lo garantiza porque los gays, por alguna razón u otra, no están diseñados para ese tipo de dedicación familiar y esto tiene que ver tambien con los modos en los que la noción del ‘amor’ fue grabada a fuego en la educación y el consumo cultural femenino. Es por eso que una de las precondiciones de ser mujer es, por lo menos, haber recibido la instrucción y el mandato de que su destino es el de parir hijos, cuidarlos, cuidar y aguantar al marido, y todo esto debe hacerlo gratis en nombre del ‘Amor’.

Flor de la V es, de cierta manera, la contracara argentina de lo que paso con la militancia gay radicalizada y en la vanguardia del arte Chilena en donde tanto Pedro Lemebel como Victor Hugo Robles, el CHE de los gays luchaban por el derecho a la salud de los transexuales marginales mestizos y mapuches. Esto en época pico de la crisis del SIDA mientras la sociedad trataba con indiferencia (y principalmente, la militancia homosexual) la problemática de esos grupos y al hacerlo los condenaba a la muerte segura. Mientras esta lucha ocurría del otro lado de la coordillera, en Argentina, Gerardo Sofovich inventaba a Flor de la V como un Frankenstein en el que los mas progresivo y lo más recalcitrante de la cultura argentina se unían.

Esto me lleva a pensar que es posible que el verdadero material con el que se hace arte en la argentina no sea el arte objetual sino el cuerpo en su devenir temporal , Puede que el material con el que se hace performance en la Argentina no sea el arte sino el cuerpo en el tiempo y la pregunta del millón es la de cómo fue posible no solo que exista sino que triunfe, un morocho, con poronga, vestido de mujer en un país hiperracista que criminalizó a la homosexualidad hasta 1998 y que tras el NiUnaMenos solo la aceptó en condiciones muy específicas de autonegación.

Florencia de la V es la espectacularizacion de la feroz homofobia de los argentinos y se la hizo famosa, de la mano, ni mas ni menos que de ese ideólogo del Neo-conservadurismo cultural menemista que Gerardo y tambien Hugo Sofovich. Lo que se hizo durante los 1990s y 2000s con Flor de la V es transformarla en una plataforma no para ella como ser humano sino para ella como ejemplo claro y visible de los modos en los que ciertas conductas tienen que disciplinarse en el nuevo escenario biopolitico, en el sentido mas contrarreformista del Concilio de Trento. Durante ese proceso, tanto en Chile como en la Argentina se importó de Estados Unidos un modelo de gay que, como dije antes, podía redimirse demostrando sus esfuerzos por ajustarse a las pautas del mercado.

Es precisamente por esta razón que yo no siento respeto por alguien como Mariano Lopez Seoane desde el punto de vista ideológico queer y es también por eso que el Che de los Gays es, para mí, como un hermano. La alegría de tener un hermano chileno que si uno lo piensa tiene todo el sentido. Lopez Seoane, en cambio, es miembro de esa clase de mierda y reaccionaria argentina -media/media-alta que puede tener acceso rentistico a cierta educación inclusive en el exterior. En su caso se fue a USA para volver formado con un doctorado de NYU que le da las armas intelectuales y criticas para, al menos, colaborar no comportándose como una mala copia de Sex and the City y comprometerse con la empinada tarea de luchar contra un modelo neutralizante que hace todo lo que dije antes. Pero en lugar de importar lo que aprendió, lo que acabó importando fue él mismo como personificación de aquello que un queer argentino, con conciencia critica y formado al mas alto nivel no debería ser. Su decisión de no identificarse con la increíblemente productiva tradición de intelectualidad radical gay que va desde Puig, Perlongher, Barea, Urdapilleta y en la que yo mismo me inserto, fue su decisión. Pero como en la Argentina ese tipo de cosas se premian, Daniel Link quien encarna el modelo del intelectual de centro á la mode pero mafioso del amor hasta la medula, en lugar de buscar alguien que encarne los valores que un programa en el que se estudia lo queer y reproduzca tipos pensantes de manera realmente critica demandaría, terminó  dándoselo endogamicament, es decir, usando la lógica de la herencia patriarcal y no la del mejoramiento del colectivo, a otro de su grupo (todos de la cátedra de Panessi de la que ya hablaré porque es un componente importante del problema cultural argentino). Si en el cenáculo de la critica progresista gay, Cecilia Palmiero (amiga de Lopez Seoane) ha hecho una carrera académica excelente sistematizando los argumentos y teorizaciones de Perlongher y lo queer radical,  desde la institución, esto acabó, por la lógica misma prebendada y capitalista de la academia, haciendo que establezca relaciones fluidas con esos queer que  representan los valores opuestos. Por ejemplo, yo nunca hable con ella ni ella se me acerco pero le dedica a Lopez Seoane todo lo que escribe como si estuvieran casados. Hay mucha confusión en el progresismo queer. 

A diferencia de Lopez Seoane y Link, Flor de la V es uno de esos cuerpos que, en la Argentina, nacen sin agenciamiento o capacidad de elección. El costo que paga gente como ella si se quiere correr del lugar de hibridez funcional que le asignó la revolución peronista y luego los gordos de la CGT custodiaron con mano de hierro es de no comer y perder la cobertura de salud de toda su familia. Por eso, a Flor de la V se la hizo elegir entre orgullos: o gay o negro, pero los dos…no!  En otras palabras, se la dejó ser porque se puso un vestido de los que no usan los transexuales pobres que se tienen que prostituir para pagar la droga con la calman el dolor psíquico del trauma de haber sido abusadas de chicos. En lugar de eso, se draggeó, en su acepción más norteamericana de Ru Paul, como un maniquí de tienda de ropa top. Flor de la V seria un robot que muestra ropa, al tiempo que recuerda que la condición de salir vestida así es dar de baja su negritud negando a su historia y a su familia mediante la construcción de una nueva en la que la piel se vea escalonadamente blanca como si la foto familiar fuera una pintura de castas. Como un monito, Flor de la V decidió no reflexionar sobre su situación, posiblemente porque no tiene las categorías conceptuales para hacerlo, a diferencia de Lopez Seoane, por ejemplo.  Es más, su ascenso al estrellato y transformacion en un ejemplo de familia argentina llegando al punto de posar frente a un altar haciendo explícito con imagen y palabra su homenaje no a un linaje de resistencia radical gay o incluso a los muertos en manos del SIDA sino a la familia tradicional y cristiana encarnada en la institución eclesiástica que durante la crisis del SIDA negó y militó en contra de que se encontrara una cura (esto en la Argentina ya que en el caso Chileno es distinto).. Sus hijos, blancos al punto de parecer diseñados en un laboratorio nazi ya no son característicos de su decisión de blanquear a su familia sino que se ha transformado en el modo en el que la cultura mainstream del entretenimiento en la Argentina piensa a los niños cuando los compra en laboratorio. Desde ya, el criterio es que les va a ir mucho mejor en la vida si sos mas rubios que Boris Becker. 

En este post me interesó armar un marco real y material de intelección de las posibilidades reales de un morocho mestizo indigena de tener una voz que argumenta, señala los problemas y sugiere alternativas de acción política. Chaile, ‘Flor de la V’, y yo tenemos en común que pertenecemos a ese escalón inferior en la pintura de castas de Luis de Mena.  La diferencia entre ellos y yo es que mi marronidad está escondida bajo un velo que es mi confianza para hablar de estos problemas, mi educación, mi sentido del gusto y mi lugar de residencia. Esa parte a lo Ruben Darío de mi persona es lo que es insoportable para una elite racista que no dudó en atacar al homosexual critico por homófobo lo que, obviamente, definen como ‘no ajustandose a los parámetros establecidos de conducta de gente de su color entre los que se espera que si tiene algo de qué quedarse vaya a un blanco amigo para que él lo articule y lo eleve a quien corresponda para ver si se le da bola o no y, donde la homosexualidad es entendida como un grupo de amigos sororos y sororas, todos blancos y abrazados a la Oxenford’. En ese momento, mi nombre ya quedaba grabado en la historia y el legado que no te garantiza un hijo, yo me lo aseguraba por default. Pero no alcanzó y fueron por más y la directora del Suplemento Queer de Pagina 12 que emplea al marido de Daniel Link como fotógrafo (quien creo es el peor fotógrafo de su generación) y de mi amigo Alejandro Modarelli, un tipo inteligente pero blanco de clase media dependiente del Estado, en un contexto homosexual vernáculo muy pelotudizado por todo lo antedicho. El que Modarelli no haya salido a aclarar los puntos (como sí lo hizo el Che de los Gays) cuando se me acusó específicamente de transfobo y homófobo habla de su incapacidad dirigencial porque es él uno de los pocos que encarna en su cuerpo el legado Perlongheriano de homosexualidad radical y no Cecilia Palmiro o Lopez Seoane que lo leyeron y lo traen acá en versión candy shop. Modarelli es mi amigo y como amigo eso hay que decirlo. Lo suyo no fue una traición sino un renunciamiento a sus compromisos y responsabilidades históricas. No estuvo a la altura y eso la historia te lo cobra. Otros, como Marcelo Pombo, a su modo y con los recursos que le quedan, sí estuvo a la altura. Me consta. 

No estoy hablando de mí pour la gallerie sino en relación a Flor de la V ya que somos dos extremos en el que a mí no se me perdona no aceptar los términos en los que en la Argentina alguien con piel marrón evita la marginalidad y adopta una voz disidente; mientras ella se transforma en un Frankenstein que encarna todos los valores grabados en la educación de la mujer para convencerla de que es feliz porque se mata gratis por un grupo de gente (su familia) que le van a hacer o la vida imposible o abandonar lo que nos llevaría a reflexionar sobre el mito de la familia.

En mi caso, generé una de la performances activistas de red social mas efectivas al estilo de las que estudia Marcela Fuentes en el NiUnaMenos pero mientras para ella, el artivismo debe hacerse de manera formalista mediante el hackeo; para mi, la efectividad de mi acción fue la generación de una suerte de escultura viva cuyo material era el odio no mío sino de los que consideraban que decirle gorda a Paola Vega es mayor delito que chuparle el culo a la heredera de Fortabat cuyo dinero esta construido del extractivismo y especulación pagada por generaciones de argentinos, obviamente, marrones. Mientras Vega y el mundo del arte no pueden mas que ver todo como un melodrama de amiguitos que se llevan bien o mal; acá vemos las cosas de acuerdo a sus implicancias reales por lo que el silencio de los intelectuales de estudios culturales como Silvia Delfino, Beatriz Sarlo, Daniel Link, Jorge Panessi sobre todos estos temas habla del fetichismo intelectualista de una sociedad racista a la que solo les importa la clase media y su carreras burocráticas.  Haste el premio y el libro de Sudamericana, yo era un loquito desequilibrado al que se leia en secreto. Desde la cancelacion, yo soy reconocido como miembro de esa categoria que es, en honor de la verdad, el principio de todos los problemas: la categoria del intelectual publico casi por default ya que los intelectuales decidieron retirarse para hablar de política en los términos mismo del melodrama de la telenovela de la tarde.