Este es un momento de gran importancia para el blog porque la evidencia, nuevamente, da la razón a uno de los preceptos enunciados y advertidos desde hace ya una década. Allá en el 2013 yo decía que la crítica argentina ya no era consciente de sus incapacidades, y no sabía lo que no sabía. Pero el tipo de arte que se hacía era conceptualmente tan simple (la generación Villa Crespo) que aquel par de textos que solo algunos habían leído pero lo aplicaron al punto de naturalizarlos en su lectura de los artistas quienes a su vez ya habían achatado su sentido. Me refiero a Hal Foster (texto del arte como signo) y Rosalind Krauss (el del arte como copia). Esto aun daba a Siquier cierto marco teórico que incluso permitía justificar ese loop repetitivo en el que se constituyó su carrera. Si el arte debe ser, com dice Rosalind Krauss, una problematización de la inevitabilidad de la copia como rasgo humano asi Warburgiano que ve Krauss en los artistas del siglo XX, el bodrio del eterno retorno a lo mismo de Siquier podría considerarse como una alegoría y hasta, parodia de la dinámica del artista en el siglo XX, según Krauss.  Esto no lo hace inteligente sino que convierte a su pintura en una ilustración de una teoría que ni siquiera nos interpela como sociedad. La conclusión de la canonización del incipiente mercado argentino y el vapor de la pudenda de la cleptomana amante de Escribano que escribió las loas de este esfuerzo de construcción de cultura mediante el trasplante, irreflexivo, de la teoría posmodernista (que De Arteaga, al día de hoy, no entiende ni nadie de la Nación) a nuestro contexto de dictaduras, desapariciones y exclusiones habla más de la voluntad de nuestra elite de olvidar instalando un arte que aísla de la realidad. Esa noción del arte era la de un marco tanto social, arquitectónico que ha funcionado como un muralla electrificada de barrio cerrado. La violencia de la electrificación de ese perímetro era de clase y en la Argentina, la clase viene de la mano de la raza. Debe tenerse en cuenta que mientras en otros lugares del mundo, los movimientos de reivindicación de la diferencia ocurrieron por lo menos en dos olas que fueron la década del 60 y el 2018. La liberación sexual y su alcance en la Argentina puede observarse con la letra de ‘Muchacha ojos de papel’ de Almendra que, mientras en Francia Brigitte Bardot redefinía la relación entre sexualidad y estética mas tradicional como ‘estilo cool frances’, por ejemplo; en nuestro país, ese filo-hippismo cantaba un erotismo basado en Spinetta dando órdenes sin sentido a su noviecita (la de los ojos) para calentarse y no llegar a nada y, (esta es la clave) haciendo de la canción una oda al muy patriarcal y cristiano amor cortes que pone a la mujer en un lugar de inocencia y belleza tan inalcanzable que hace a la experiencia del amor algo dematerializado. Tras la dictadura militar, varios años después, la cultura se pensó como percepticida o compuesta de una serie de performances del terror mediante las que la elite anestesió y asī disciplinó a la sociedad. La violencia era tanta que como con el ruido, la gente se había quedado sorda y no podía verla, aún cuando esta ocurría frente a ella. Esta es la Argentina del ‘bueno, no importa…. Si total…que mas da.’

Pero a la par, como digo en mi libro Historia a Contrapelo del Arte Argentino, el arte se cerraba a una elite crecientemente inculta, la crítica posible salía de la Universidad pública con algunos polos de talento como, por ejemplo, la cátedra de Jorge Panessi (con Silvia Delfino, Leonora Djament -directora de Eterna Cadencia, esa maravilla de editorial independiente argentina, Alejandra Uslenghi -además de mi mejor amiga y encargada de mi archivo como Perseo cultural post-80s es Profesora en la Universidad Northwestern de Estados Unidos, Paola Cortes Rocca – una de las excepciones a la regla que volvió y está asegurándose que el nivel académico de la UBA en materia de estudios culturales y literarios se mantenga, etc) o en la de Beatriz Sarlo (con Alan Pauls, por ejemplo). El primero representando una mirada Deleuziana y Sarlo, su tradicional modernismo y hegelianismo melancolico. Esta es la gente y otra afín a ellos, que hoy, desde diferentes centros universitarios extranjeros mantienen el componente critico de la cultura argentina en un estado mas o menos saludable. Entre ellos Natalia Milanesio y su libro Destape!, Jordana Blejmar y su trabajo sobre el vínculo entre estética y memoria y Cecilia Sosa y un libro que para mi debería tener un lugar de honor en la cultura argentina como es ‘Actos de Luto’ estudiando el biologicismo entre Abuelas y Madres de Plaza Mayo. Tras dedicarme a LANP, me sumo a ese grupo preguntándome si se puede hacer arte en condiciones de elitismo racista y clasismo; cuando el que hace algo que parece mas arte que lo que la institución artistica anuncia como arte, ni siquiera se puede comprar el boleto para ir a sacar provecho de la tan mentada universidad pública y gratuita que termina siendo una oportunidad de la elite de clase media para ahorrar e irse de vacaciones a Miami. Yo tengo mi medio que le da cierto alcance a mi voz y el resto de los intelectuales en la diáspora están explotados por el muy neoliberal sistema academico del Norte Global por lo que tienen poco tiempo para dedicarse a un mundo del arte que puede llegar a tamaña ingratitud de usar mis críticas para sacarme un premio y no poder darse cuenta de que la verdadera victima fue el texto no publicado debatiendo al Centro Rojas y devolverle la vigencia que hoy nadie de los que quedan le puede dar. Salvo no fui yo que no importa el psi lo que que verdaderamente importaba era que se publicará y promoviera, aunque sea por debate, al arte argentino. Luego están las que manejan el grifo de legitimación del sistema que derivan del tipo de critica biografizante a lo Simon Schama argentino. Me refiero al mononeuronal sistema de periodistas culturales cuya pendiente y decadencia ya era advertida con Cristina Mucchi y Horacio Quiroga que hacían gala de un manierismo lírico en el manejo de la palabra informado de una concepción del arte derivada directamente del Idealismo Alemán para el que el arte es un atajo a ciertas verdades esenciales.

La generación de Silvia Hopenhaym como critica literaria y de curadoras ‘de avanzada’ como Ines Katzenstein y Victoria Noorthoorn fue una generación caracterizada por el acomodo y la gula del grupo social que las habia ungido, por alguna razon que me escapa, en las personas con las credenciales adecuadas que supongo son las que hacen a los líderes de esa generacion estructuralmente incapaces: su infertilidad e real incapacidad. Ambas representan a la niña aplicada del colegio que se saca siempre 9 pero cuyos padres las ven como tamaña promesa que les consiguen un trabajo demasiado pronto y no les permite desarrollar su verdadero potencial. Esa fue la falta real de inteligencia no de estas dos que son limitadas en tanto aplicadas pero sin la capacidad de sinapsis que las hizo ideales para no constituir una amenaza que trajera el cambio, convirtiendose en la cara joven conservadora de un orden conservador. Esta pelea fue una que yo di desde adentro, me tiene de protagonista y la di bien pero no tenia ni el conocimiento ni los apoyos para poder hacer ese cambio cultural necesario. Hubo un momento en el que mi proyecto de politica cultural era el de ser una especie de Sergio Massa cultural de un grupo que, por las caracteristicas propias de su clase como vimos con las Alzaga y demas, son brutos y les interesa una noción del mecenazgo mas propia del siglo XIX que proyectar el arte argentino y su patrimonio de una manera integrada que permitiera una politica coordinada a lo Malraux. Para esto tenian que pasar varias cosas. Lo primero era que en materia de museos, solo se reconociera a las asociaciones de amigos (tengamos en cuenta que esto era epocas de Nelly Arrieta en el Bellas Artes ) y a sus miembros en relacion directa a su aporte. La realidad del sistema de mecenazgo argentino es que se maneja con criterio de manada y no se profesionaliza porque no les interesa que se vea que no ponen demasiado. La exageraxcion de esto siempre fue el Museo de Arte Moderno que en epocas de Laura Buccelato como directora quien accedio al cargo al mismo tiempo que yo era Subsidrector de Museos. Laura entendía el arte como pocos y tenía una excentricidad entre abusadora e inteligente. Siempre me cayó bien. Sus mejores amigas eran: Adriana Rosemberg, a quien me presentó y quien me miraba con ojos de quien usa su posicion para calentarse. Entre la perversion, el sadismo y sus obvias limitaciones, me pareció una persona sin mayor interés que su llegada a un señor que conoce intimamente en Techint. A decir verdad, bien por ella que lo convenció de hacer eso. Pero volvamos a Buccelato porque la segunda mejor amiga era Marion Helft, quien habia sido cambiada por su marido por un modelo más joven de mujer y su reacción fue de una agriedad que hizo de su rostro a una de las Furias. Me consta que ponía muy poco pero su influencia sobre Buccelato estaba basada en que su casa y alucinantre coleccion de vanguardias y sobretodo ese Pop que solo se podian comprar apenas el artista los produce, habia lista de espera, ya eran inalcanzables en ese momento y los Helft tuvieron un ojo de coleccionista prodigioso. Su residencia en San Telmo le servia a Laura para compensar por el desastre edilicio y de mantenimiento de la Municipalidad de Buenos Aires que todavia se manejaba con los criterios esteticos del proceso. Para subir el nivel y atraer el tipo de empresario que vino (y se fue) con el Menemismo, se necesitaba un poco de glamour. Ese era el aporte de Helft. Ahora, como contrapartida, ella decidía muchas de las políticas del museo y esto era lo que a mí me preocupaba y era que ese criterio estuviera determinado por los acontecimiento de su vida personal que le causaban un gran resentimiento. En ese contexto, Laura y yo tuvimos varias charlas y en una de ellas, ella me dijo con una certeza que de tan firme era violenta, allá por 1997: ‘La directora va a ser Victoria Noorthoorn’. Como sabemos, tuvo que esperar al 2013 para ser directora, o sea, 16 años! Nada muestra con más claridad lo feroz y violento del conservadurismo argentino que constituye la elite del mundo de las artes visuales en la Argentino. Digo esto porque en 16 años pasa de todo y un acuerdo de ese tipo no se puede sostener porque hasta la gente cambia y se achancha. Pero, por el otro lado, esa designación o, mejor digo, promesa de designación que, recién, se efectivizó 13 años después, es del tipo que parece que hace un favor en un contexto cortoplacista argentino (pero, chicos, 13 años!) pero a la larga le hace un profundo daño a la carrera. Así, con un Master de Bard, Noorthoorn lo último que leyó fueron textos de ese tipo y las reverberaciones que se multiplicaron en forma de papers, una verdadera institución posmoderna argenta justificada como gesto, comentario o notas a para lograr el próximo subsidio.

Pero ahora quiero quedarme en Noorthoorn y Katzenstein como curadoras informadas por una posición crítica que media en la lectura de la obra y da sentido tanto a espectadores como a los mismisimos artistas. El problema es la carga horaria de la gestión y lo que fue, a todas luces, un honor dado por la elite a estas señoritas recien llegadas de su coqueto pero irrelevante Master en el Bard College que acabo siendo la sepultura de su capacidad de hacer las sinapsis y síntesis suficientes como para dar un marco al arte argentino que las lleve a otro lugar. En ingles existe la diferencia entre ‘being clever’ and ‘being intelligent’. Lo primero tiene que ver con la viveza o con la capacidad de navegar la coyuntura mientras que lo segundo tiene que ver con poder ver el escenario para desde la visión que da la abstracción llevar la cuestión al siguiente nivel. De lo ultimo, no hay nadie en la Argentina desde hace, por lo menos, tres decadas, al menos, en materia cultural. Los que habia se fueron o han sido tan hostigados por las ‘gestoras’ que se dedicaron a otra cosa. Sin embargo, el peor mal se lo hicieron ellas mismas. Estar a cargo del Museo de Arte Moderno es un honor pero tambien un peso que te impide desarrollarte intelectualmente ni te da la chapa internacional suficiente como para ir a ningun lado relevante. Haber aceptado ese cargo, da la pauta de la inseguridad de Noorthoorn respecto del alcance y rango de su propia carrera.

 

El caso de Katzsentein es muy similar. Llego al MoMa como curadora de arte latinoameicano y los medios argentinos la consagraron como la respuesta a todas nuestras plegarias desde San Martin y el resultado cual fue?  No hizo absolutamente nada salvo la muestra de arte abstracto de la coleccion de Cisneros que era un paso de plumero y nada mas. Pero la culpa no es de Cisneros sino de la falta de vision y negociación en donde ya no puede contar con el apoyo ex ante de una elite que decidio que es una de las referentes. Esto, en una de las instituciones claves,  en un pais en el que para entrar de ayudante de catedra tenes que ser PhD, la encuentra a ella con un Master, sin la formacion suficiente y lo que es peor, sin haber desarrollado esa inteligencia que hace que te eleves del puterio y entiendas realmente como podes transformar alquimicamente tu funcion en algo superior.  En lugar de eso, compitieron para curar bienales, la paparruchada del Di Tella que, sin dudas, esta en el combo del entongue entre Macri, Costantini con Chaile. Lamento decirles que Alemani devolvió un favor a Macri al poner ahi a un pollo del Di Tella macerado por Art Basel Buenos Aires. En otras palabras, un hijo de todos los entongues del macrismo en politica cultura desde su nacimiento cuando sabemos que esa politica cultural brillo por su ausencia.

Pero en el modo en el que los principales medios se refirieron a este supuesto fenomeno Chaile en el mercado internacional que, en realidad y como sabemos, no lo es porque muestra la anatomia de la corrupcion que involucra los millonarios pagos a Alemani y la gente de Basel por esa semana en Buenos Aires donde la condicion del lado argentino debe haber sido y esta es una hipotesis, que ella los ayudara en el futuro y cuando le llega lo de Venecia seleccionó a Chaile y mató dos pajaros de un tiro. La fuente de valorar artistico de Chaile entonces no está en los padres morochos sino en los entongues teledirigidos que hacen de él un peón del ajedrez patético con el que nuestros ‘líderes’ perpetuan la decadencia del arte argentino. Entre ese momento y hoy, Macri compró La Nación y esto ocurre cuando, por todas las razones indicadas, se llega al momento en el que los periodisticas culturales, criticos y curadores en la Argentina no tienen ni la formacion en los debates teoricos actuales suficiente para poder dar sentido a una critica mas o menos a nivel de estudiante universitario de la obra de Chaile ni los marcos conceptuales como para poder generar una opinion  en la que ya no se tienen categorías para entender los términos en los que la información debe ordenarse. Esto quedó en evidencia, como pocas veces antes, cuando la Brutita Zacarias o el periodista de la entrevista de Perfil achataron, a niveles insoportables, la evidente complejidad de Chaile como persona queriendo hacer de él, un maestro Zen y en el que su extracción social de clase trabajadora pasa a ser racializada al punto que podemos hablar de racismo de la critica para con Chaile y de Chaile para consigo mismo, en dos niveles. Desde el punto de vista de la crítica, haciendo de Chaile un sinonimo de lo simple, experiencial y honrado. Suponemos que esto tiene como contraparte, a la corrupcion de la ciudad y su abstraccion e… inteligencia. Este es el momento en el que el halago se vuelve insulto racista.

Lo que el periodismo cultural y la critica vinculada con los medios demostraron en los modos de comunicación, respecto del supuesto éxito de Chaile es que ya carece de categorías que le permitan discutir en qué sentido una obra de arte que es reconocida como tal por un grupo social (de avanzada) son los terminos en los la desinformación y violencia parroquial de esa elite y, desde ya no me refiero al artista sino al comprador y su actitud para con el pabellón argentino, y el modo en el que los medios salieron rápidamente a confirmar un tipo de dinamica a lo American Idol para el arte en donde el exito es instantaneo por unción del capitalista.

Yo creo que ya dije lo que tenia que decir de Chaile y se resume en lo siguiente: es un oportunista que se paso los ultimos años chupando las medias y produciendo eso que vemos; por lo que no hay nada detras. Va a ser esto hasta que le de nafta. Con suerte y digo con suerte porque el contexto es otro y con suerte podremos afirmar que acaba de nacer un nuevo Pablo Siquier. La diferencia entre Siquier y Chaile va al corazon de lo que quiero plantear. Al repetirse Siquier no se salia de un muy simplificado esquema conceptual que sostenia toda su obra y podia encontrarse, oh sorpresa!, tambien en un texto de Rosalind Krauss sobre la cuadricula como algo que todo artista repite y que evidencia la necesidad de romper con ese arte reflejo haciendolo consciente mediante un arte que ponga en evidencia la copia como modo de estar en el arte contemporaneo. Asi, eleva a la apoteosis a Sherry Levine quien tras eso tuvo una carrera muy poco interesante y algo parecido paso con Siquier pero porque el mercado instaló a sus objetos como simbolos de status. Ya Siquier no tenia una infraestructrura critica que lo acompañase porque lo unico que habia que hacer era leer ese articulo y ponerle un poco de experiencia de la vida cotidiana estilo Puan y chau pichi. Desde ese momento se escribieron pocos libros de arte contemporaneo argentino.

Digo que este es un momento importante para el blog porque con el boom implosivo y solo oido en la Argentina paso algo que yo vengo anunciando hace tiempo: la crítica no pudo salir de la circularidad de algo que se refiere a si mismo lo que significa que ya no tiene categorias ni intelectuales ni de otro tipo que les permitan extraer significado en un contexto de debates artisticos de cambios culturales globales. El resultado es que ni saben qué es lo que tiene la obra de Chaile que hace que puede invisibilizar a un grupo humano invisibilizado históricamente al que, por las dudas, ni el artista ni los críticos se animan a definir porque ni siquiera puede sostener ese discurso. Y esto genera una sinergia en donde lo que se dice, se dice con tanto miedo que termina afirmando y dejando en evidencia los verdaderos valores que sostienen tanto a Chaile, a los periodistas, a los críticos y al mercado. El tema es que lo que se ve no es para nada bueno: patriarcalismo, racismo y menosprecio del interior. Más de lo mismo.

La pregunta que nadie se anima a hacerle o hacerse dentro de la elite cultural es si los monumentos al pan de Chaile visibilizan lo antes invisibilizado, como planteo la brutita Maria Paula Zacharias, entonces, puede alguien aclarar qué entendemos por ese ‘lo’ al que nisiquiera nombra y por lo tanto, sigue invisibilizando? El problema con esta pregunta no es de erudición sino de sentido común y político en el sentido más amplio y también más restringido del términos. Por sentido común quiero decir, Chaile a quien está visibilizando. Para una respuesta, hay que leer varias entrevistas y de pronto, aparece una respuesta: es un mestizo mezclado con arabe y algo más. Chaile es, literalmente, menos indio que yo. Perfecto. Segunda pregunta. ¿Cuáles son los valores que definen a ese grupo que está visibiiizando? Eso viene más rápido en sus respuestas porque está ligado al melodrama que construye en torno de su madre, la religión, el pan y el Estado. La respuesta es sobre los valores: el del trabajo articulado como albanileria y horno de pan. Padre albañil y madre, vendiendo pan al barrio. Ok. Lamento decirle que eso en la Argentina es la clase media y que yo sepa no está invisibilizada sino que se autoexcluyó por medio de sus líderes de cualquier tipo de representación que no sea la que ellos, los K, les proveen. Pero aca hay un desplazamiento de un discurso de la hibridez no como disidente sino como totalmente funcional y avasalladora de las especificidades culturales y de paso, en un contexto en el que nadie puede leer entre lineas, Costantini hace papelones ayudado por Macri para consagrar la memoria popular del peronismo fetichizado por el Kirchnerismo.

which would wrongly translated in English as By Night in Chile per advice of his publishers who thought the US readers would not catch the subtlety of the reference to the soporific seduction of the classical genre popularised by Romantics such as Frédéric Chopin. The title he had originally chosen was Tormenta de mierda (Shit Storm) which his publishers immediately rejected and advised him to change. The Romulo Gallegos Award came after, in 1998, he won the Herralde Prize which is considered as even more prestigious than the Gallego. among the most important in Spain. At that point, he was considered as one of the best writers of his generation and the fact he followed the advice of his publishers shows his determination to become the spearhead of a new Latin American boom. Through a complex interviewing of allusion and convoluted allegories, Nocturno de Chile would pay homage to Magic Realism while at the same time, put the Chilean literary elite in his place whom he believed resented his success.