Vengo leyendo sobre el código de ética internacional de los coleccionistas de arte que fue presentado hace un par de semanas en la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat. La iniciativa es una especie de charter de buenas intenciones por las cuales el coleccionista se compromete frente a sí mismo lo que, en otras palabras, es un oxímoron, a respetar a los artistas. Dicho de otro modo, no existe tal cosa como un imperativo voluntario. A pesar de esto, el diario Clarín, en la persona de Mercedes Perez Bergliaffa usa un género que está entre el literalismo y el naturalismo para, lisa y llanamente, transcribir algo que le pasaron o que vió sin omitir opinión alguna. Pero por qué no comenzamos por casa. Si no me equivoco Ama Amoedo se mudó de país para desplazar su fortuna y, literalmente, evadir o, mejor dicho, esquivar sus obligaciones tributarias. Cómo se compatibiliza esto con el que la sociedad o sus pares (que se yo) tenga que confiar en su declaración de voluntad. 

Es la coleccionista Benedicta Nordenstahl quien con apoyo de Meridiano (!!!), Palais de Glace (!!!) y la Fundación Fortabat motorizó la iniciativa en la escena local. Es interesante que las galerías argentinas están apoyando este pacto cuando en realidad, los abusos de los coleccionistas ocurren solamente porque los permiten las galerías. El código este, desde ya, no es iniciativa local sino que viene de Europa y, obviamente, por eso les fascina. Es una oportunidad de socialidad con prensa para verse como relevantes cuando no les importan a nadie sobre todo porque en la Argentina compran mal y en negro. En tanto charter de buena conducta no plantea ningún tipo de penalidad por lo que lo que ocurrió en el Fortabat es un grupo de atrevidos que reclaman el derecho a ser confiados cuando prácticamente todos son una manga de facinerosos. Y si me enojo voy uno por uno porque esta ha sido la razón de ser de este blog. Por eso cuando la Benedicta dice: ‘Sin dudas, uno debe cuestionar y verificar conductas propias. Ojalá en algunos años ciertas prácticas del coleccionismo hoy normalizadas sean inaceptables’. 

A esto yo quiero responder lo siguiente: hacer un mea culpa difuso no cambia conductas y sin penalizaciones, los que se creen que tienen la vaca atada no van a ser éticos y lo seran sólo para la foto. La otra cosa que me parece poco inteligente de esta iniciativa es el lugar de fragilidad naturalizada en la que pone a los artistas. Asume una asimetría total entre artistas y coleccionistas. Este puede ser el caso en un mercado inexistente como el Argentino pero en un mercado como el Aleman, Frances o Ingles, olvidate. Además, el artista contemporáneo nació en un sistema que lo hace ser un terrible hijo de puta con muy y digo muy pocas excepciones. Sin embargo, lo mas gracioso es cómo usan esta oportunidad, o como diría la Bergafflia, ‘el escenario del Código’ para construir su propia identidad como gente ‘culta’. Dice un coleccionista llamado Kerenidis lo siguiente: ‘Por qué hay un punto ciego entre este grupo bien educado, con buenos recursos y presumiblemente bien intencionado’. Bien educados, Ama, Costantini y Oxenford. Un MBA no te educa, te embrutece. Hay que ser salame primero para hacerlo y segundo para creer que alguien puede llegar a creer que del mercado internacional de arte puede salir algo remotamente culto. Si algo caracteriza al coleccionista contemporaneo es que su avidez por el dinero hace que dedique toda su vida al Neg Otium, en lugar de dedicarse a lo que verdaderamente importa que es el cultivo de uno mismo, osea, el Otium.

ESTA SEMANA TENEMOS UNA CAÑECHAT Y UNA PASTELA DE LUJO: MARIA BELEN CORREA, CREADORA DEL ARCHIVO TRANS Y SABATEZ, QUIEN HACE UN ARTE QUE CREA COMUNIDAD